Manuscritos de la ciudad reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Los empleos humanos que siempre serán necesarios (siquiera mientras haya humanos)

De la tríada: producción, distribución y consumo, en una sociedad altamente industrializada e informatizada, en la que las máquinas se encargarían de las labores de extracción y producción, la mayoría de la población terminaría  enfocada en los roles de la distribución y del consumo (en términos rasos: vendedores y compradores).

Ciudad de México, 3 de junio (MaremotoM).- Las necesidades básicas de cualquier ser demandan satisfacerse de manera imperativa, instintivamente, por supervivencia. En el caso de especies como el humano, conforme su organización grupal crece y las sociedades adquieren complejidad, los individuos son susceptibles de gestionar necesidades derivadas, las cuales, a pesar de estar fundamentadas en una común naturaleza humana, desarrollan una serie de pautas –configuradas a partir de creencias y actitudes– que proyectan productos, servicios, industrias, instituciones y manifestaciones diversas. Tal panorama, es claro, deriva en una indispensable división del trabajo.

A pesar de la versatilidad de adaptación de la especie humana, que sugiere que cada cultura puede crear y administrar un universo, se ha identificado un cúmulo de “universales de cultura”, que antropólogos han categorizado y clasificado en sistemas de indexación etnográfica, los cuales enumeran los diferentes tipos de actividades humanas: comportamiento, vida social, costumbres, cultura material, entornos humano-ecológicos, interfaces, etcétera. Entre estos sistemas de indexación destaca el Outline of Cultural Materials, cuyo desarrollo comenzó en los años 40 del siglo pasado por iniciativa del antropólogo estadounidense G. P. Murdock (de allí su apelativo de “Catálogo de Murdock”). Aquí adjunto un enlace para consultar el listado que, no obstante el igualmente diverso abanico de manifestaciones, corresponde a las actividades que tienen en común las culturas humanas (de ahí lo de “universales de cultura”): https://hraf.yale.edu/resources/reference/outline-of-cultural-materials/#list-of-ocm-subjects-with-descriptions

En dicho Outline of Cultural Materials, por cierto, se van “descatalogando” –o marcándose como en desuso– las actividades humanas que no se presentan más en cultura viva alguna (sin que ello impida que puedan rastrearse en manifestaciones históricas, surgir de nuevo en un futuro en el que sean requeridas, o incluso “mutar” en condiciones novedosas).

En sociedades como la nuestra, que suele ser etiquetada como de “libre mercado” –el cual supone una compleja división del trabajo, fruto de la “libertad de expresión”, si bien bajo la presión de mantener activo el flujo económico incluso en perjuicio del metabolismo de los propios seres– hay algunos empleos que, a no ser que las máquinas puedan sustituirlos de algún modo o en alguna instancia, resultan apremiantes para que dicho sistema –no necesariamente el ecosistema– se mantenga a flote.

Recientemente, con la pandemia por el coronavirus, pudimos advertir (o constatar) cuáles pueden ser considerados como trabajos esenciales; por ejemplo: la producción de alimentos, los transportes para el abasto, la generación de agua potable, la disposición de residuos (incluyendo los funerarios), los servicios de salud y productos de limpieza, la seguridad pública, la mensajería, las telecomunicaciones, los medios de información y otros pocos más. Además, por su importancia para el funcionamiento de una sociedad como la nuestra, no obstante que no satisfagan apremiantemente las necesidades básicas, se han considerado entre los trabajos esenciales a: los servicios financieros, la recaudación tributaria, la industria de la construcción, la explotación minera y la industria del entretenimiento.

Ahora bien: de dichos trabajos esenciales, ¿cuáles exigen, todavía o por siempre, del desempeño humano para ser llevados a cabo?

Manuscritos de la ciudad reptil
Manuscritos de la ciudad reptil. Foto: Alejandro Márquez

¿El trabajo de usted lo puede hacer una máquina?

En caso que así sea, en una sociedad tecnificada hay dos opciones: que su empleador compre la máquina que lo sustituya a usted, o bien que usted mismo compre tal máquina y la ponga a trabajar con o en lugar de usted (para gestionar servicios externos o desarrollando un programa automatizado tipo startup). Si el trabajo además requiere de una solución creativa que implique un estilo especial de producto, usted entonces podría enfocarse en personalizar el uso de la interfaz para la obtención de resultados originales (como en el caso de los artistas, diseñadores, arquitectos o generadores de contenido que usan, adaptan o que incluso desarrollan un software a modo).

En cuanto a cómo deba usted asumir tales destinos en el seno de una sociedad tecnificada –y dependiendo de qué tanto las mecánicas lo pudieran enajenar o involucrar como persona–, podría usted optar por maldecir a las máquinas o bien, desde otra perspectiva, aprovechar que éstas hayan automatizado la parte de talacha o rutina laboral para permitirle a usted proyectar nuevas soluciones en su ámbito, o incluso simplemente valerse de ellas como relevo para alternar su tiempo con otros menesteres.

Lanzando una conjetura burda para visualizar la cuestión: supongamos que usted se desempeñara en la prostitución por voluntad propia, pero el desarrollo de los robots llegara a tal grado que un(a) autómata pudiera sustituirle en los servicios o satisfactores que usted provee. ¿Compraría uno(a) de dicho(a)s autómatas para personalizarlo con su propuesta de valor (su pericia o “especialidad de la casa”), aprovecharlo(a) para generar variantes nuevas y “regentearlo(a)”, o buscaría boicotear dicho tipo de tecnología para evitar el reemplazo de su cuerpo como proveedor humano de servicios sexuales? Por otro lado, habría de considerarse además el escenario en el que la popularización de la tecnología que permitiera a cualquiera satisfacer su necesidad sexual o de contacto humano podría hacer obsoleta la profesión especializada de prostitución o a los terapeutas de carne y hueso (si bien tal vez sólo unos cuantos artistas en el ámbito serían requeridos y, por lo mismo, estarían altamente cotizados; usted entonces sopesaría su talento, fortaleza o paciencia para incorporarse a este servicio de élite)

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Alquimistas o programadores

Con el desarrollo técnico de interfaces como mediadoras entre el entorno físico y la conciencia, en el futuro quizás haya dos categorías generales de actividad humana, en función del tipo de vínculo o manipulación que se haga respecto de la noción de “realidad”:

  • Las actividades de alquimia: las llevarían a cabo los que transformaran energía de manera “analógica” con respecto al mundo físico natural. Algunos ejemplos de profesiones alquímicas serían: curandero, chamán, panadero, agricultor, ecólogo, botánico, zoólogo, geólogo, biólogo, químico, plomero, terapeuta, instructor físico, médico familiar, médico preventivo, dentista, veterinario, artesano, mago, marinero, albañil, poeta, místico, hechicero…
  • Las actividades de programación: dichas labores se insertarían plenamente en el sector tecnológico para manipular, seguramente de manera digitalizada, un sucedáneo de la “realidad física”, el cuál, conforme se desarrollaran las interfaces, podría ser cada vez más indistinguible de aquélla. Si bien un programador podría ser considerado como un “alquimista” del código de la interfaz, dicho toque romántico siempre estaría limitado y no podría liberarse del sistema cerrado que supone una “Matrix”. Algunos ejemplos de profesiones de programador serían: ingeniero de software, operador o supervisor de sistemas, corredor de bolsa, banquero, militar de cabina, ingeniero genético, biólogo sintético, neuropsiquiatra, curador, ciber-sacerdote, community manager, hacker, trader, developer y tantas otras profesiones que suelen globalizarse en idioma inglés.

Cabe acotar que algunas artes, por otro lado, serían de los pocos ámbitos que podrían llegar a englobar de manera holística actividades de alquimia y de programación, aunque, hasta donde intuimos desde la perspectiva humana, siempre habría de vigilarse que la actividad alquímica no fuera enajenada y suplantada en su totalidad por algún código maquinal, ya que, de perderse dicho discernimiento, la especie podría quedar obsoleta y ser reemplazada, relegada o, peor aún, incorporada a otra entidad viviente como mera materia prima.

Pastiche, entretenimiento, guerrilla

De la tríada: producción, distribución y consumo, en una sociedad altamente industrializada e informatizada, en la que las máquinas se encargarían de las labores de extracción y producción, la mayoría de la población terminaría  enfocada en los roles de la distribución y del consumo (en términos rasos: vendedores y compradores).

Si es que los artistas “trascendieran” dichos roles al pertenecer a un sector productivo de tal virtuosismo o con atributos tales que una máquina no alcanzara a emular, el resto de aquellas personas con sensibilidad para dicho ámbito, pero relegados a los roles de distribución, estarían destinados a la transmisión de pastiches (memes, por ejemplo, o cualquier actividad que haga uso de un layout o plantilla para fines de difusión, propaganda u ornamento) y, en relación con cualquier otra actividad productiva, aquellos individuos cristalizados en roles de distribución ejercerían a manera de divulgadores o vendedores (por ejemplo: profesores, coachers, conferencistas, asesores, periodistas, políticos, abogados, policías, mafiosos, etc).

El ocio y el entretenimiento, por su parte, actividades muy demandadas en una sociedad de masas (ya sea por voluntad o como escape debido a algún tipo de des-empleo), calzan inequívocamente con el rol de consumo. La mayoría de los humanos en este tipo de sociedad –no se escapa la élite de productores ni aquellos encargados de la distribución– encarnan el rol de hiperbólicos consumidores. Algunos consumidores natos proactivos desarrollan la habilidad de hacer de sus hábitos de consumo una profesión; por ejemplo: críticos, reseñistas, gamers, influencers de estilo de vida, modelos, catadores, cobayas… incluso podrían generarse profesiones en función de algún tipo de concurso o, para cuestiones legales, haya quienes ofrezcan fungir como chivos expiatorios. En fin, hay que recordar que seguimos hablando de sociedades complejas, por más vigilados que podamos estar en un futuro posible.

¿Y hay, en toda esta colmena, espacio para la frustración o la disidencia? Cuando los individuos no están satisfechos con el rol que se les ha asignado, o con aquel que la narrativa imperante ha establecido para los de su tipo, es probable que se genere otra clase de actividad peculiar (y que, hasta donde la historia nos ha mostrado, parece recurrente en toda civilización que cumple un ciclo): la guerrilla.

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