Manuscritos de la Ciudad Reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Sobre mi versión en mujer (sin necesidad de APP)

¿Qué rasgos –sobre todo de personalidad– no relacionados ahora con mi testosterona masculina y mis determinaciones corporales se mantendrían íntegros al ser traspasados a un género diferente u “opuesto”? ¿Qué tanto sería tan opuesto? ¿Y qué asuntos cambiarían exclusivamente por la diferencia hormonal y en la ausencia de aquel cromosoma Y?

Ciudad de México, 24 de julio (MaremotoM).- Durante la contingencia sanitaria por el Covid-19, en las redes sociales algunas personas han aprovechado para entretenerse con apps que modifican su imagen fotográfica de diversas maneras: se “hacen viejos”, se “cambian de género”, se “vuelven caricaturas” para sus avatares y otras puntadas por el estilo.

Así, una de aquellas semanas comenzaron a brotar en diversos perfiles de Facebook los resultados de la “transexualidad de imagen” de algunos de mis contactos, seguramente debido al relativo ocio y a la ola de popularidad de una de dichas apps (FaceApp), que al parecer manipula algorítmicamente el aspecto de un retrato en imagen visual fija (tan común y abundante en nuestra cultura mediática), aunque la metamorfosis obtenida se relacione con ciertas cualidades estadísticas sobre el sexo biológico más que con una identidad de género. Si acaso fuera más allá de eso, se limita a evidenciar una estandarización de los códigos de reconocimiento de hombres y mujeres en la sociedad globalizada.

Sabemos que la app es un mero divertimento, pero funciona para reflexionar sobre cómo, de querer visualizar nuestro aspecto si fuéramos efectívamente del sexo opuesto, ¿bastaría la transformación programada en la app? ¿Es suficiente verse con cabello largo, boca contoneada, pestañas, rasgos más suaves y cuello delgado para que un hombre conozca su “versión en mujer”? El algoritmo de la app probablemente extrapole los rasgos personales del retratado y los modifique según ciertos patrones metabólicos y hormonales (índices de la testosterona en los hombres, por ejemplo) y desarrollos corporales relacionados con esa variante de cromosoma que define la posibilidad de que alguien haya nacido de uno u otro sexo biológico… ¿pero qué ocurre con todo lo demás que conforma la identidad de una persona, para efectos de un retrato fidedigno?

¿Podríamos conocer una “versión más completa” de cómo seríamos fácticamente de haber nacido en un género diferente? Si hubiera un “yo” más allá de una circunstancia, si nuestra psique, conciencia o espíritu –suponiendo que pudiera trasmigrar y que en sí mismo no tuviera una polaridad masculina o femenina– “aterrizara” o se desenvolviera en un cuerpo de hombre o en uno de mujer, habrían de considerarse las siguientes manifestaciones como parte de la conformación de su identidad y el aspecto correspondiente:

  1. a) Características biológicas (atributos relacionados con el sexo biológico)
  2. b) Imagen relacionada con identidad de género (hábitos, roles, conductas, expresiones, ubicaciones, temporalidades y varios signos y síntomas no verbales)
  3. c) Elementos relativos a códigos de reconocimiento (según contexto cultural; por ejemplo, para mujeres: cabello, peinado, vestuario, falda, bikini, hijab, burka, tacones o pies de loto (los últimos ya en desuso), collarines de aros en el cuello, pintura de cierta manera en el rostro o cuerpo, perforaciones, modos de moverse, etcétera)

(Aunque se refiera solamente a cuestiones estéticas, el siguiente video sobre cánones de belleza en la imagen de la mujer según diversos entornos socioculturales puede perfilar el ámbito sobre identidad y autoimagen):

Las personas, en ese sentido, podrían también ser “traducidas” o “interpretadas” por alguna otra app (hipotéticamente, pues tendría que ser una app muy compleja si quisiera ir más allá de un pastiche de clichés) a su equivalente en su mismo género pero en el contexto de otras culturas (sobre todo en relación a los atributos de los incisos b y c anteriormente mencionados). Algunos resultados serían muy curiosos, acaso más sorprendentes que los del mero cambio de “sexo” relacionados con las características biológicas. Podría darse el caso, por ejemplo, de que una refugiada muchacha siria, al ver en la app el resultado de su “versión francesa”, se decepcionara al no aparecer con boinita bohemia y aspecto de “musa de Godard”, sino más bien como una niña inmigrante vagabunda de mirada vidriosa y algo chimuela. Porque para configurar una identidad también habrían de considerarse los factores como etnia, tipo de familia, rol(es), religión, nivel socioeconómico, estudios, profesión, entre muchos otros.

Reflexiones sobre “cómo creo que sería yo” de haber nacido mujer

¿Qué rasgos –sobre todo de personalidad– no relacionados ahora con mi testosterona masculina y mis determinaciones corporales se mantendrían íntegros al ser traspasados a un género diferente u “opuesto”? ¿Qué tanto sería tan opuesto? ¿Y qué asuntos cambiarían exclusivamente por la diferencia hormonal y en la ausencia de aquel cromosoma Y?

De ser mujer, ¿estaría casada, soltera, divorciada, viuda? ¿Me atraerían los hombres o sería lesbiana o bisexual? ¿Sería capaz o me interesaría tener una pareja estable? ¿Sería psicológicamente madura para el amor? ¿Tendría hijos? De tenerlos, ¿sería buena madre? ¿Qué me llamaría la atención de las demás personas en cuestiones sexuales? ¿Me apetecería poco o mucho el sexo? ¿Me gustaría “enseñar carnita”? ¿Me gustaría que me tocaran los senos, las nalgas? ¿Me daría alguna vez curiosidad de sentir la piel suave de otra mujer? ¿A qué edad me hubiera bajado la menstruación? ¿A qué edad hubiera “perdido” la virginidad y en qué circunstancias hubiera sido? ¿Cómo me hubiera desempeñado académicamente en la escuela? ¿Sería multi-task, neutral, concentrada, medio autista? ¿Hubieran sido más ordenados o más caóticos mis cuadernos? ¿Me hubiera gustado el color rosa, el azul, el amarillo, el rojo, el gris? ¿Hubiera practicado otros deportes? ¿Me gustaría la misma música, disfrutaría de manera semejante las mismas películas? ¿Me maquillaría cotidianamente? ¿Preferiría tener el cabello largo o corto? ¿Me teñiría el cabello, pintaría mis canas? ¿Tendría mecanismos de mimetismo para socializar? ¿Tendría técnicas de adaptación y supervivencia que implicaran menor coerción corporal o menos uso de la fuerza física o sería una mujer violenta? ¿Cómo enfrentaría a los hombres heteros, a los gays, a las lesbianas, a las mujeres heteros? ¿Sería dulce, sería una arpía, sería bipolar? ¿Usaría la tecnología con habilidad o torpeza semejante a la de un hombre? ¿Enfrentaría de la misma manera a la autoridad? ¿Sería feminista o no? ¿De qué manera sería feminista?

Manuscritos de la Ciudad Reptil
¿Cómo ser mujer? Foto: Collage Alejandro Márquez

Obviamente, esto no funciona a la manera de los experimentos mentales de Einstein. Las predicciones nunca podrían comprobarse (ni siquiera consiguiendo transmigrar una psique; ¿además, para qué?). No sería suficiente pista observar cómo son mis hermanas en promedio para asumir que mi versión femenina se hubiera comportado de modo similar por la información genética y el entorno inicial que compartimos. Mis accidentes me llevarían a mis propias excentricidades (igual que ocurre al ser hombre, pues); no pienso que las hormonas y cromosomas tengan tanto peso a la hora de desarrollar un carácter y visión del mundo, ni siquiera por más identidad de género y códigos de reconocimiento que se convencionalicen en una sociedad.

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De todas maneras, tratando de proyectar una representación lo más fidedigna posible de mi personalidad al ser “traspasada” de mi ser como hombre a dicha entidad de género diferente –que no opuesto–, podría aventurar algunos aspectos a manera de “autoimagen proyectada”:

Conjeturo que “mi versión femenina” aprovecharía todas las cualidades biológicas, sociales e históricas de haber nacido en dicha circunstancia y trataría de transformar las aparentes “debilidades” o los condicionamientos que no me fueran provechosos // Me gustaría el arte, obvio, no sé si lo apreciaría de manera diferente pero pienso que, de haber sido mujer, dibujaría de una manera más detallada (esperaría que sin necesidad de sacrificar conceptual o expresivamente algo a cambio por tal disposición). Bailaría mejor, tendría mejor intuición corporal y “ecosistémica”, aunque intuyo que la música no sería procesada de la misma manera como experiencia auditiva (desconozco si ello sería malo o bueno y no importaría a fin de cuentas) // Tendría probablemente más facilidad para las relaciones públicas, especialmente en estos tiempos de empoderamiento femenino. Imagino que tendría diferente involucramiento con bebidas, sustancias o alimentos embriagantes, pues como mujer es más riesgoso traspasarse en lugares públicos // Tendría buen sentido del humor (incluso puede que fuera más ácido u oscuro, según mis contingencias) y, obviamente, evitaría la amargura y los círculos viciosos // Habría desarrollado cierta fortaleza y supongo que no me haría operaciones quirúrgicas estéticas. Quizás sí me pintaría el cabello y aprovecharía la inercia cultural del género para experimentar más con mis arreglos y atuendos, ya sea por pulsión natural o por expectativa social (podría parecer un poco “darketa” o “punk” si necesitara manifestar algún tipo de “barrera defensiva”, pero sin clavarme en tribus urbanas; tal vez me llegaría a poner un tatuaje o piercing para evidenciar cierto carácter y consigna, o quizás simplemente como un ornamento más) // Aunque me quisieran predisponer para ello socialmente –tanto hombres como, especialmente, otras mujeres– no sería chismosa ni ventajosa; trataría de ser franca aunque estuviera en desventaja dentro de algún círculo social // Obviamente, apoyaría el feminismo como equidad (si bien evitaría victimizarme, mi historia personal probablemente acabaría determinando qué tan radicalmente ejerciera dicha lid).

Para terminar, enlistaré unos ámbitos sobre los que no podría conjeturar en la proyección de lo que ahora soy desde mi actual circunstancia masculina (pues pienso que las cualidades hormonales y la naturaleza femenina sí podrían inclinar la balanza en uno u otro sentido):

  • No sé si hubiera querido tener hijos de haber sido mujer (de hecho, intuyo que los hombres nunca pensamos si queremos hijos o no; las mujeres son siempre las de la decisión, tanto al inicio como al final). Aunque imagino que sería interesante experimentar la sensación de embarazo, no puedo imaginar como hombre los elementos que me hubieran hecho decidirlo de haber sido mujer. No concibo cómo se desarrollaría el instinto, si es que fuera tal. Tampoco puedo suponer, por otro lado, cómo sería tomar y enfrentar la decisión de abortar (aunque, de no querer tener un hijo, independientemente de los motivos –pues no son enchiladas–, seguramente no duraría en buscar la manera más segura de llevar a cabo la interrupción del embarazo). Como hombre, es imposible tener una idea certera de dicho tema (por lo mismo, mucho menos puede uno juzgarlo).
  • No puedo imaginar tampoco qué posiciones sexuales preferiría como mujer. Tendería a ser proactiva y algo dominante, creo suponer, ¿pero cómo resultaría en la práctica? ¿Sería de las que “donde ponen el ojo echan a andar la artillería pesada”? ¿Y qué concesiones tendría que o estaría dispuesta a hacer? Tampoco sé cómo repercutiría emotiva y cognitivamente el hecho de asumir dichas concesiones (es probable que se desarrolle un tipo de estoicismo para ello).
  • Me atraerían las personas inteligentes y creativas –eso no variaría en caso de seguir siendo yo– y seguramente la química sería indispensable para una relación, pero, fuera de eso, no imagino en mi caso qué podría ser lo que me dictaran las hormonas sexuales femeninas a la hora de fijarme o sentirme atraída hacia alguien. ¿Atendería las manos, nalgas, falo, altura, decisión y demás tópicos; y qué tanta importancia le daría a tales aspectos sobre otros menos tangibles?
  • A pesar de que tendería a ser selectiva con mis amistades, desconozco si sería de esas mujeres a las que no les agrada o no comulgan con el comportamiento social de las de su género –y que quizás por eso conviven más con los hombres (o con animales de otras especies) e incluso los admiran en mayor grado– o si me sentiría confortable “entre asuntos de chicas”. ¿Hay una sororidad espontánea casi hormonal o se construye como estrategia? ¿La sororidad se desarrolla como si se tratara de un valor especial entre compañeras de género (e “infortunio”)? ¿Cómo sería la camaradería con las demás mujeres (hermanas, amigas, compañeras, jefas, subordinadas, extranjeras o de otros estratos o circunstancias? ¿Me llevaría bien o mal, mejor o peor, con mi madre, de haber sido yo mujer? ¿Habría tenido una relación diferente con mi padre? Imposible saberlo.
  • Aunque pienso que, ya sea por cuestiones biológicas o culturales, teniendo la configuración hormonal y los cromosomas de mujer quizás hubiera sido un poco menos “autista” y más empática –me refiero a que tal vez hubiera comulgado más fácilmente ante dinámicas sociales–, creo que nunca podremos saber (ninguno de nosotros o nosotras) si la empatía, la condescendencia y la amabilidad sean realmente tan desiguales debido a cuestiones de sexo biológico o género. Tal vez habríamos de desarrollarla por igual y sin depender de lo que hagan los “otro(a)s”. Así, el hecho de que una app usada como divertimento nos lleva a proyectarnos en el otro(a) tan sólo en asuntos “cosméticos” podría ser un punto de partida para reflexionar en cómo hubiera sido no sólo nuestro aspecto sino nuestro destino en general de haber nacido en diferentes circunstancias (y de paso, no considerarlas como mejores ni peores, sino diferentes, interesantes e igualmente valiosas).

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