Margo Glantz: “Mis amigos ya se murieron todos: yo soy una sobreviviente”

Ahora soy un personaje legible, dice la escritora, autora entre otras cosas de El rastro, Yo también me acuerdo y el reciente Por breve herida. Acaba de recibir el Premio Alfonso Reyes, de Nuevo León y cuya entrega será este mes, en Monterrey, a cargo del gobernador de la entidad, Jaime Rodríguez Calderón.

Ciudad de México, 2 de abril (MaremotoM).- La ciudad es Coyoacán. En una esquina muy propia de ahí vive Margo Glantz. No es la primera vez que la entrevisto, aunque cada vez la confianza es mayor y creo que puedo preguntarle directamente cosas, como por ejemplo, ¿por qué no aceptó la dirección del Fondo de Cultura Económica? Ella contesta que vio allí cosas que no le gustaban y que en realidad le gusta viajar, como aquella vez que iba a Bolivia a recibir un homenaje y a ver qué cosas pasaban en ese país lejano y casi desconocido.

Está vestida de amarillo, hoy recibirá a algunos periodistas que quieren preguntarle cosas como qué se siente recibir otra vez el Premio Alfonso Reyes. Ella dirá que hay tres galardones llamados así y que le ha tocado dos, recordará al autor y las veces que lo vio: era erudito, seguía mucho a las mujeres, en su escritorio tenía una fotografía de Silvana Mangano, “tan de moda entonces”.

Habla mucho de los amigos que ya se fueron y que a ella el médico le dijo que tenía para unos 7 años más, así que está dispuesta a vivir todos esos momentos con mucha entrega, “tuiteando” y haciendo algunos libros que sus fans esperan.

El Salón México era un lugar donde se reunían todas las clases sociales, hasta las más bajas. Estaban las sirvientas y las patronas. Fotografía: FC, para MaremotoM

–Este es el segundo premio Alfonso Reyes, ¿verdad?

–Mira, hay tres Premios Alfonso Reyes. El que daba Capilla Alfonsina, el más importante; luego está el del Colegio de México que se creó hace muy poco y luego está este que se acaba de crear, en la propia sala donde nació Alfonso Reyes, me da un gran honor que el primer premio me lo den a mí y es un premio totalmente académico, universitario, porque son las universidades de Nuevo León y el Tecnológico de Nuevo León.

–¿Quién fue Alfonso Reyes?

–Alfonso Reyes es una figura fundamental en la historia de México, tanto en la cultura como en la política. Su padre fue don Bernardo Reyes, una figura esencial en el porfiriato, que murió en la Decena Trágica, de la cual Alfonso escribió La oración del 11 de febrero y también Ifigenia, que en realidad es un poema dedicado a su padre. En las memorias su padre ocupa un lugar muy importante. Cuando habla de su padre habla como si su padre significara la misma historia de México y en cierto modo él hereda esa misión.

–Por un lado era un gran intelectual, por el otro es una persona aficionada a la cultura popular. ¿Cómo lo recuerdas?

–Yo lo conocí cuando era muy jovencita, iba al Colegio de México, me llevó un amigo entrañable, que murió muy joven y que había pensando en algo que luego fue fundamental y lo escribió luego Miguel León Portilla en La visión de los vencidos. Sergio Morales, este amigo murió como a los 25 años. Me llevó al Colegio de México y hubo un momento donde había figuras muy importantes de la cultura nacional, tanto estudiando como acercándose al colegio. Alatorre, González Casanova, algunos peruanos muy importantes, Arreola estaba allí, Elena Poniatowska, Tito Monterroso iba mucho, Raimundo Lida, el argentino que fue una de las figuras más sólidas en cuando a enseñanza de Literatura en México. Yo los conocía a todos, un poco periféricamente porque yo era muy jovencita, una vez estuve en la oficina de Alfonso Reyes y me llamó la atención porque debajo de su escritorio tenía un gran vidrio, con muchas fotografías y estaba la imagen de Silvana Mangano, que era famosa porque en aquella época había filmado películas como Rosa amargo. Le gustaban mucho las mujeres, un hombre muy jovial, muy bon vivant, le gustaba mucho la comida y lo cuenta en sus memorias. Hay que ver los libros muchos de los cuales no son tan solemnes como El deslinde, la traducción de La Iliada, la propia Ifigenia, sino libros como Memoria de cocina y bodega, en las memorias mismas que son muy interesantes que revelan un costado muy interesante de don Alfonso, mucho menos estirado, un hombre más accesible en muchos sentido. Hay un magnífico cuento que se llama “La cena”, que es un ejemplo, sigue siendo muy vigente.

–¿Las ediciones cómo están?

–Bueno, son 30 volúmenes todo lo que ocupa su obra. Hay muchísimo material, don Alfonso era una gente con tanta consistencia, no dejaba de escribir un solo día y decía que escribir una página diaria lograba una obra importante.

Era un país mucho más joven, no estaba demasiado alejada la Revolución, era un país al que venía una cantidad de gente importante del exterior. Fotografía: FC, para MaremotoM

–En esa época dice Elena Poniatowska que México era mejor, ¿piensas así tú?

–Era un país mucho más joven, no estaba demasiado alejada la Revolución, era un país al que venía una cantidad de gente importante del exterior. Yo me acuerdo ir a ver la Orquesta Sinfónica dirigida por Carlos Chávez, mi padre me llevaba todos los domingos. De vez en cuando llegaban invitados directores extranjeros de gran relevancia, grandes pianistas, Maria Callas cantó aquí “Tosca”, fue famosísima su presentación porque dio un sí bemol que nadie había dado antes y se hizo historia. La ciudad era mucho más navegable, en el Colegio de México había conferencias muy importantes que estaban repletas.

–¿Hoy dirías que la cultura pasa más por lo marginal que por lo oficial?

–Había cosas marginales en esa época, por ejemplo La familia Burrón, que la gente no tomaba demasiado en cuenta pero era legible todos los días. Luego con Monsiváis se volvió una figura fundamental. Yo me acuerdo que íbamos al Salón México, el danzón, en donde está el Claustro de Sor Juana había un cabaré famoso, el “Smirna”, con mi primer marido nos pasábamos recorriendo esos lugares, donde vi a José Alfredo Jiménez. El Salón México era un lugar donde se reunían todas las clases sociales, hasta las más bajas. Estaban las sirvientas y las patronas.

–¿En ese sentido siempre estuviste preocupada por las dos culturas?

–De una manera bastante inconsciente al principio. Viviéndola, no pensándola. Como todos los que éramos jóvenes entonces, el país estaba en ascenso total, en los ’60 parecía que entrábamos al Primer Mundo. No estaba muy lejos la figura de Cárdenas, aunque cuando yo iba al Colegio de México comenzaba a formarse Alemán, que fue el que comenzó a trasnacionalizar el país. El viaducto empezó con él.

–¿Ahora hoy quién eres, Margo?

–Me siento muy bien. El año que viene cumplo 90 años, no me siento como de 90, pero los tengo, la idea de la muerte me circunda, estoy todo el tiempo pensando que tengo que acabar un montón de cosas porque me voy a morir pronto, siempre tengo ese futuro, un futuro muy breve. Mi médico, el que me operó del corazón me dijo que yo iba a vivir unos siete años más, como darte una especie de pena de muerte. Empezamos en enero y ya estamos en abril, el tiempo se vuelve vertiginoso y siete años ya no son nada para mí.

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–Uno cuando ya empieza a tener 40 muchos amigos se empiezan a morir, la muerte está siempre cerca

–Bueno, cuando yo tenía 40 no se moría tantos amigos míos, pero ahora sí. Ya se murieron casi todos. Yo soy, junto con Elena, con Felgueres, con Rojo, De la Colina, Lizalde, una sobreviviente. Si cuento con los dedos, casi todos mis amigos se murieron ya.

Me doy cuenta de que mi tipo de literatura, cuando empecé a escribirla no parecía una literatura digna de publicarse. Fotografía: FC, para MaremotoM

–¿Cómo es la literatura hoy, para ti?

–Me doy cuenta de que mi tipo de literatura, cuando empecé a escribirla no parecía una literatura digna de publicarse. Publiqué dos textos a cuenta de autor y que luego me costó trabajo que las editoriales me publicaran, hasta Símbolos del naufragio, que me publicó Joaquín Díaz Canedo en la editorial Joaquín Mortiz. Ese libro ganó el Premio Villaurrutia. De todas maneras yo era leída marginalmente. Ahora soy más leída y lo que me parece mucho más interesante es que me leen muchos jóvenes. Ahora se publica un libro que se llama Neurosis, Mandíbula o Clavícula y yo había manejado ese tipo de las zonas del cuerpo hace unos 40 años. Ahora también empiezo a parecer como un personaje legible.

–También eres una académica muy importante

–Cuando empecé a escribir la gente decía, la académica Margo Glantz, la profesora Margo Glantz y muy poca gente decía que yo era escritora. Ahora prima la idea de que soy escritora y luego docente. Quizás lo único que sobrepasa mi fama como escritora son los zapatos que me interesan, aunque ya los odio, porque mucha gente me confunde con un zapato.

–La obra comienza a ser redescubierta. El último libro Por breve herida, es maravilloso

–A mí también me parece maravilloso, soy muy inmodesta también. Más que el tema del twitter es importante advertir cómo ha derivado el concepto de información en el mundo y cómo hemos perdido la capacidad de jerarquizar, lo cual ha originado la irrupción de los fascismos. Creo que justamente esa incapacidad de jerarquizar se evidencia por el twitter y por el Facebook, han permitido que cada vez nos invadan más gobiernos fascistas. Es muy significativo ese tipo de información que recojo en ese último libro.

Creo que justamente esa incapacidad de jerarquizar se evidencia por el twitter y por el Facebook, han permitido que cada vez nos invadan más gobiernos fascistas. Fotografía: FC, para MaremotoM

–Tenemos en Sudamérica a Bolsonaro y a Macri, dos gobiernos fascistas

–Y también tenemos a Maduro, a Ortega, que son de izquierda pero que no lo parecen en absoluto. La izquierda y la derecha se tocan irremediablemente en este sistema donde la información es toda igual. Se vuelven como dictadura, del mercado, del neoliberalismo y la dictadura que pretende estar contra el neoliberalismo en un mundo donde se imponen los patrones neoliberales. Es muy difícil escaparse de esos patrones, porque globalmente somos neoliberales. Entramos en una economía mundial donde no podemos escamotear esa relación.

Yo también me acuerdo (Sexto Piso) es una tarea del presente, no tiene que ver con el pasado

–Tiene que ver con el análisis del pasado y con un ensayo de revisarme a mí misma como persona y como escritora. Un ensayo por realizar la realidad que he vivido. Tiene una condición autobiográfica impresionante, pero al mismo tiempo forma la radiografía de un mundo, que es el que vivimos. Yo encuentro ese mundo escribible.

–¿Qué libro le recomendarías a un joven que va a empezar a leerte?

–Yo creo que Yo también me acuerdo. Los jóvenes que me escriben en el twitter, los que han venido a entrevistarme cuando salió el libro, la gente sigue ciertos de mis textos. Las redes sociales, que son muy nefastas y muy nocivas, también tienen aspectos muy favorables. En mi caso ha sido muy importante la promoción de alguien que escribe.

–Ahora los jóvenes ¿pueden ver el machismo y el neoliberalismo que tú marcas?

–Creo que está difícil, fíjate. Pasa lo que me pasó a mí de jovencita, tú vivías las cosas, no las pensabas. Estabas inmersa en una realidad que era fascinante y no te detenías a reflexionar sobre ella.

Estabas inmersa en una realidad que era fascinante y no te detenías a reflexionar sobre ella. Fotografía: FC, para MaremotoM

–¿Planteas un nuevo libro con respecto a esto?

–Mira, estoy terminando un libro que voy a hacer para Argentina, con ensayos críticos que tengo muchísimos. Los estoy reestructurando, tengo que intervenir yo en esas lecturas y retomo textos viejos, añadiéndoles cosas, revisando muchos textos que he escrito; he tenido una actividad muy constante que se quedó desperdigada. Además, pronto comenzará a publicarse la Biblioteca Margo Glantz, algo muy extraordinario para mí, porque va a salir una versión ilustrada en Chile de Apariciones, que también la van a traer aquí. Dentro de un mes sale El rastro en Colombia, en una editorial que se llama Laguna. En Alfaguara saldrá una biblioteca de autor con los libros que tengo ahí. No soy una autora muy traducida, encuentro que para lo que he escrito debería haber más traducciones. Siento que toda mi trayectoria vital ha sido una trayectoria encaminada a la escritura, creo que la docencia ha sido fundamental para mí, el ensayo tiene tanta vigencia como la escritura de ficción. Primero me dediqué al ensayo y justamente ahora me están pidiendo ensayos desde todas partes.

–¿Tienes alguna historia para la ficción?

–Estoy escribiendo un cuento infantil, una amiga francesa muy querida que tiene una nieta que en lugar de llorar croa, estoy haciendo un cuento de una niña que se convierte en rana y que todavía no acabo de escribir.

–¿Por qué no aceptaste la dirección del Fondo de Cultura Económica?

–Al recibir este premio, la calificación que me han dado, el seguimiento en twitter y en Facebook, la calificación de mi persona, son muy halagadores. Conjunta varias de mis facetas, soy académica, viajera, escritora de ensayos y de ficción, soy una persona que tengo cierta relevancia cultural. He tenido un trabajo de gestión cultural importante y de ahí se derivó para que yo pudiera dirigir el FCE. Me lo ofrecieron, se lo agradecí mucho a Andrés Manuel López Obrador, pero cuando empecé a tratar de ocuparme del cargo me di cuenta de que era un trabajo excesivo para lo que yo quiero hacer ahora. Decidí que prefería yo seguir viviendo como lo estoy haciendo ahora que ser funcionaria otra vez.

–¿Cómo ves al gobierno?

–Prefiero tener más tiempo para juzgarlo. Hay muchas cosas que no me gustan y otras que me gustan mucho.

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