Maria (Masha) Alyokhina

Maria Alyokhina, de Pussy Riot: “No separo el feminismo de la política”

Pussy Riot es, básicamente, un colectivo artístico radical de Rusia conformado por activistas que hacen punk rock y puestas en escena teatrales.

Escrito por vishalmanve y traducido por Romina Navarro

Ciudad de México, 20 de mayo (MaremotoM).- Pussy Riot es, básicamente, un colectivo artístico radical de Rusia conformado por activistas que hacen punk rock y puestas en escena teatrales.

Dos de sus integrantes, Nadezhda Tolokonnikova y Maria (Masha) Alyokhina, alcanzaron fama internacional en 2012 cuando tres miembros de la banda de punk femenina fueron arrestadas durante una presentación frente a la catedral de la Iglesia ortodoxa rusa. Una de ellas, Katerina Samutsevich, llegó a un acuerdo y fue liberada, pero las otras dos, Tolokonnikova y Alyokhina, fueron condenadas a dos años de prisión y amnistiadas tras haber cumplido 22 meses de la sentencia.

Vishal Manve de Global Voices conversó con Masha Alyokhina durante la Semana Internacional de la sociedad Civil (ICSW) que tuvo lugar en Belgrado, Serbia.

–¿Cómo fueron los inicios de Pussy Riot?

–Pussy Riot se formó a fines de 2011. Fue una iniciativa espontánea de distintas personas —activistas, artistas, cineastas y músicos— para protestar contra el Gobierno de Vladimir Putin. Había protestas en todo el país y los rusos dejaron claro que no querían la presidencia indefinida que Putin anunció que mantendría. Hicimos un concierto en la Plaza Roja de Moscú con una canción que se llamaba “Putin has Pissed himself” His Pants [‘Putín se mojó los pantalones’]. Fue algo importante, porque creemos que, en los momentos de elección, no podemos quedarnos calladas. Por eso, cuando la Iglesia ortodoxa rusa respaldó a Putin como el líder más importante del país, decidimos ir a la Catedral de Cristo Salvador y cantar un tema llamado “Mother Mary, drive Putin away” [‘Madre María, llévate a Putin’]. Llegamos a cantar la primera estrofa de la canción y, de inmediato nos arrestaron e iniciaron una causa en contra de nosotros bajo el cargo de “incitar al odio religioso”.

Nadezhda Tolokonnikova y yo estuvimos presas dos años por esa canción. Apenas salimos, retomamos nuestro activismo. Como convictas recientes, teníamos prohibido salir de Rusia. Legalmente, no puedo salir del país, ni por aire ni por tierra, pero es importante para mí expresarme. Así que deserté. En lo que respecta a nuestro activismo, hacemos muchas actividades sobre la reforma penitenciaria y la lucha por los derechos de los reclusos. Entre otras cosas, hemos creado un sitio de noticias llamado MediaZona. En 2014, era un pequeño grupo de periodistas independientes, en su mayoría despedidos de otras publicaciones por negarse a escribir sobre [la incorporación de] Crimea desde un punto de vista favorable al gobierno de Putin. Hoy es uno de los medios digitales más populares de Rusia.

–¿Estás cansada de que te persiga el Gobierno ruso?

– No hay problema. No es lo peor que te puede pasar y hasta es un poco divertido ver a todos esos grandes funcionarios uniformados corriendo detrás de una muchachita como yo. No me cansa ni me asusta.

–¿Qué papel juega el activismo artístico para cambiar el mundo?

–Creo que el arte cambia al mundo en general y a cada país en particular, porque es el único que plantea preguntas incómodas sin dar una respuesta inmediata o una línea general de pensamiento, como hace la política. El arte refleja nuestra realidad y por eso tiene tanto poder.

–¿Cuáles son los motivos por los que apuntan a tu activismo?

–Me preocupa especialmente la libertad de expresión. Lo que hace Putin no tiene nada que ver con restaurar la grandeza de Rusia. Reprime a la gente. Mata a miembros de la oposición. Encarcela a la gente por publicaciones en Facebook, por un retuit o por criticar el régimen de Putin. Eso está pasando en Rusia. Al cineasta ucraniano Oleg Sentsov lo trataron aún peor que a nosotras por su activismo en Crimea. Sin haber hecho nada, lo arrestaron en Crimea, lo trasladaron a Rusia, lo torturaron para sacarle una confesión y lo condenaron a pasar 20 años en un campo de prisioneros del este de Siberia.

Maria (Masha) Alyokhina
Maria Alyokhina (izquierda) y Nadezhda Tolokonnikova, integrantes de Pussy Riot, durante una visita a Washington DC en 2014, poco después de salir de prisión en Rusia. Foto de Senate Democrats, CC 2.0.

–¿Cómo responden los países de la Unión Europea a las presentaciones de Pussy Riot?

–Sabemos que tenemos aceptación en Europa del Este y en varios países de la Unión Europea. Me parece importante entender que, cuando te vas, esa gente queda atrás, y la única forma de mantener el contacto es a través de las redes sociales. Por eso hoy somos muy activas en los medios sociales, porque aún en Rusia, siguen siendo la forma más eficaz de influenciar y unir a las personas.

–¿Cómo enfrentas los momentos difíciles? ¿Es importante el apoyo del público?

–En lo personal, es la solidaridad. Sin todos los que nos apoyan, estaríamos en problemas. A veces, cuando estás sola y aislada, no estás segura de tener la fuerza para seguir luchando. Pero cuando oyes palabras de aliento y recibes cartas de la gente, sientes que hacen una diferencia.

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–Habías advertido al mundo sobre Donald Trump. ¿Qué opinas de Estados Unidos y su papel en el orden mundial?

–¿Creo que Estados Unidos cambió desde la presidencia de Trump? Por supuesto. Es probable que empiece una nueva guerra fría y eso es muy triste. No hace mucho que terminó la última. Y es muy trágico y sorprendente ver cómo la historia se repite tan pronto.

–¿Qué pasa si el Tribunal Europeo o Naciones Unidas quedan fuera de los casos de derechos humanos en Rusia?

–Si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos pierde jurisdicción en el territorio ruso será una catástrofe para el pueblo de Rusia. Y es una amenaza real. Lamentablemente, Rusia va por ese camino.

–¿Qué tan difícil te resulta trabajar en Rusia?

–En Rusia no podemos actuar. Hace poco, cuando tratamos de organizar un concierto en un pequeño teatro de Moscú, gratuito y con espacio para solo unas cien personas, sin venta de entradas ni nada, las autoridades cerraron el lugar, y todavía no pudieron volvier a abrir. Muchas veces nos piden que hagamos un concierto en un lugar u otro, les enviamos el material, se entusiasman con invitarnos… y luego tienen que cancelar todo debido a algunas amenazas confusas del Estado. Puedo contar al menos 35 anécdotas como esa. A diario, los funcionarios gubernamentales llaman a los activistas de la oposición “enemigos del pueblo”. La maquinaria propagandística trabaja a diario contra los activistas y muchas veces, la gente cae en esa propaganda. Cuando vives en un vacío de información, es imposible no creerles.

–¿En qué situación ves los derechos de las mujeres en Rusia?

No separo el feminismo de la política. El feminismo no es algo aislado, sino que está muy arraigado en la política. En febrero de 2017, Rusia aprobó una nueva ley que despenalizaba la violencia doméstica. Ya no es delito. Hay una multa de 80 euros por golpear a las esposas o a los niños. Incluso tenemos un chiste sarcástico sobre la policía. Cuando las mujeres llaman para denunciar que fueron golpeadas, el policía les pide que vuelvan a llamar cuando las hayan matado. Antes era un chiste, ahora es real. Descubrimos varios casos donde la policía ignoraba las llamadas de mujeres que denunciaban violencia doméstica. Algunas quedaron inválidas como consecuencia de la violencia doméstica y las estamos ayudando a demandar a la policía por su falta de acción.

–¿Es fuerte el movimiento por los derechos de las mujeres en Rusia?

–Consiste principalmente en un movimiento local de Moscú, San Petersburgo y otras ciudades. Las rusas son políticamente activas, pero aún no sabemos qué tan fuerte es el movimiento porque no hay ningún colectivo que las reúna a todas ni una base de datos confiable. Hacemos conciertos solidarios y donamos la recaudación, a veces varios miles de euros, a centros de crisis para la mujer, que ofrecen ayuda y apoyo a las víctimas de violencia doméstica. No hay fondos del Gobierno para estos centros, solo vienen de las iglesias y los grupos feministas.

–¿Qué puedes decirme sobre el ataque de Rusia contra las plataformas de medios sociales mediante la desinformación y sobre el uso del movimiento #MeToo como catalizador en las redes sociales?

–Luego de que se formó el movimiento mundial de #MeToo, las rusas crearon etiquetas locales como “No tengo miedo de decirlo” (#НеБоюсьСказать). La gente empezó a escribir sobre el acoso y la violencia sexual en las redes sociales. Fue impresionante. Por suerte, Rusia no está tan aislada políticamente como China, pero la orientación política es muy parecida. Hace apenas unos meses, empezaron a debatir varias leyes que desconectarían a Rusia del resto del mundo, siguiendo al pie de la letra el manual chino. En Rusia pueden encerrarte hasta tres años por una publicación de Facebook.

–¿Qué opinas del movimiento por los derechos de la mujer en el Hemisferio Sur, incluido el sur de Asia?

–Mi sueño es dar un concierto en India. Me encanta Period. End of a Sentence, producida por Guneet Monga. Me puse muy feliz cuando me enteré de que había ganado el Oscar. Sé que la sociedad india es muy conservadora y que aún hay mucho por hacer. Pero si existen suficientes personas que crean y quieran desafiar el autoritarismo, van a avanzar. Cuando te involucras en el activismo, te das cuenta de que no estás sola. Cuando das tu primer concierto, a veces te sientes sola, pero luego recuerdas que hay miles de personas de diferentes países y en diferentes condiciones que luchan por los mismos valores.

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