María Félix

María Félix. ¿Alguien puede dar más?

Aquí va nuestro homenaje a los 20 años de su muerte. Cada día de los vivos la celebramos los latinoamericanos, como en México, su natal nación, lo hacen también en el Día de Muertos con canciones y flores.

Ciudad de México, 25 de abril (MaremotoM).- La retadora, altiva y bella artista mexicana, construyó el personaje más importante de su carrera, el de sí misma.

La casa Christie’s, la más prestigiosa de subastas del mundo –con el permiso de su rival Sotheby’s– estaba lista para despachar una fortuna genuina. Hasta aquí había llegado parte del patrimonio de la famosa actriz mexicana María Félix, que incluía una notable colección de arte, joyas, propiedades y demás bienes, por la suma de varios millones de dólares.

El secreto de la herencia, develado el 15 de abril de 2002, le fue dada a su chofer y asistente personal, Luis Martínez de Anda. El joven de 28 años, al cual María Félix le tenía mucho cariño y al que incluso consideraba como un hijo, la acompañó en los últimos años de su vida.

María Félix había redactado seis testamentos, tres de los cuales se modificaron después del fallecimiento de su único hijo Enrique Álvarez Félix. El documento secreto, confirmado y validado ante el Archivo General de Notarías, desataría la tempestad que rodeó a La Doña: nada para su familia.

A pesar de ello, lacónicamente el albacea dijo, “todos sabían que era una mujer no convencional, que tomaba sus decisiones propias y que se encargó de que éstas se respetaran”.

Para quienes creyeron su imaginario doble nacimiento: “María Félix nació dos veces. Una, cuando su madre la echó al mundo y otra cuando ella se inventó”, resultó pálida la aseveración del célebre escritor Octavio Paz. Lo cierto es que semanas antes de morir, La Doña presumió que el Sol la había besado en la boca.

Provocativa y sensual, murió como vivió, sonreída de su triunfo, con las mañanitas del día de su cumpleaños. Sucedió el 8 de abril de 2002, a los 88 años, en el quizá único apacible escenario de su vida, el sueño. No sin maldecir después, a quienes la exhumaron, por no creer que la muerte se hace natural, incluso para las leyendas exclusivas como ella.

Con esa poesía hecha vida, a la medida de su breve cintura e incalculable inteligencia, estaba por renacer, cuando apasionadamente las ofertas comenzaron a registrarse en la sala de subastas, por vía telefónica e internet.

Tengo alma de Museo

“El heredero, había tocado muchas puertas a ver si depositaba en “alguien” todo esto que le había caído encima como un jarro de agua. Él es un hombre que realmente no tenía toda la cultura para valorar las pinturas y todo el arte decorativo que ella le dejó”, reflexionó Gonzalo Rodríguez, titular de La Fundación María Félix, quien concedió, en su momento, la entrevista en Monterrey frente a la colección de vestidos de 47 películas en las que participó la Diva de México.

Cuando esa exposición llega a algún país latinoamericano, acuden los interesados en conocer por dónde comenzó la devoción por esa agudeza y carácter, más allá de la exuberante belleza de la artista. Esa admiración que desde hace tanto tiempo, los cinéfilos del mundo manifiestan por María Félix. Ante la valiosa muestra museográfica, sólo por Monterrey pasaron más de 100.000 personas.

Las pequeñas pantallas digitales que complementaron el mensaje, fueron definidas con un marco antiguo como parte de la evocación. y ubicadas en las salas que abarcaron unos mil metros de longitud, en plena atmósfera cinematográfica. También lo fue la música y los audífonos disponibles para escuchar su voz. El montaje museográfico, permitió que las personas descubrieran todos los detalles con elementos sorpresivos.

Desde su primera película hasta la última. Al espectador no se le pasaría nada por alto, porque hubo toda una intensión de resaltar los colores del vestuario, con los cortinajes afines a las salas de teatro y cine.

María Félix
María Félix, la mujer más bella de México. Foto: Cortesía

Un total de 130 piezas, entre accesorios, pinturas y objetos personales, fueron recuperadas por el coleccionista de arte Gonzalo Rodríguez. “Vi que iban  a hacer una subasta y me interesé, porque realmente me dio mucha lástima que todo lo que ella coleccionó en 88 años, con un mazazo sobre el podio de una casa subastadora, se fuera al mejor postor. Entonces me interesé por una pintura con una imagen de ella. Realmente tenía “algo” del retrato de Dorian Gray en sus pinturas”.

La subasta fue programada para los días 17 y 18 de julio de 2017. La colección, calificada como un verdadero tesoro artístico, valuado inicialmente por la portavoz de Christie’s, Sara Fox, en un total de 4 millones de dólares, resultó trascendida. Según estimaciones publicadas por el diario La Vanguardia, se recaudaron 7.3 millones de dólares.

Constaba de 600 lotes, tasados entre 200 y 500.000 dólares. En total, incluyeron unas 60 pinturas, algunas de ellas, eran retratos de la diva realizados por consagrados artistas, como Leonora Carrington, Antoine Tzapoff, Diego Rivera, Leonor Fini  y Stanislao Lepri. Un primer carbón realizado por Diego Rivera en 1948, Estudio de María Félix (Madre) muestra a la actriz con un bebé en brazos, encargado para promocionar la película Río Escondido.

Hasta cuadros nunca exhibidos de la mexicana Leonora Carrington, como la Maja del Tarot, un doble retrato de María Félix bajo la forma de un naipe del tarot, estimado entre 500.000 y 700.000 dólares, y Sueño de sirenas, un tríptico que la presenta.

Gonzalo continuó elogiando el desenvolvimiento de una apasionada chica, que guiaba a los visitantes del Museo de Historia de Monterrey. La gente que pasaba, lo saludaba, y él le correspondía a cada uno con simpatía. Unas jóvenes se detuvieron a escuchar la entrevista, mientras el también director teatral y coleccionista de arte, les regaló unas postales icónicas de María Félix, con la firma del artista Iván José.

“Yo ‘descubrí’ a María Félix en el año 1991, en la presentación de su entrevista televisiva en La Movida, con Verónica Castro. Yo no podía creer lo que se me revelaba, en aquella señora que yo -por supuesto que toda la vida- había visto sus películas, sabía de la belleza de María Félix. Como actriz, ella nunca me pareció nada especial, es más, la consideraba demasiado sobreactuada. De pronto la escuché hablar de una manera tan lógica, tan sabia. Me pareció admirable”.

-Fue en la trasmisión en vivo que quedó prendado.

“Sí, me di cuenta de que era una mujer especial. Siempre mi rumbo hacia coleccionar, había sido Hollywood, el arte y las antigüedades. Tengo alma de Museo. Y entonces, cuando María muere en el 2002… recordé cómo teniendo tanta gente en la farándula, prorrogué mi deseo de tener un autógrafo de ella. De pronto se me muere y me quedé sin ello”.

“Comienza entonces la batalla por la herencia de María. Ella le dejó todo a un muchacho, que llega a su vida cuando él tiene 14 años, pero era la única persona que tenía a su alrededor, porque estaba peleada con su familia. Empiezan los problemas entre el heredero y la familia, que decían, por qué no nos dejó nada a nosotros”.

“Fueron dos días de subasta de Christie’s, -fundada en 1766 por James Christie en el Pall Mall londinense- , donde no pude comprar nada, porque los precios eran exorbitantes. Las piezas comenzaban en 2.000 dólares y se iban en 60 y 100.000 dólares. Entonces, el segundo día, se me dio. Pude comprar una pintura. Yo no lloro, ni cuando murió mi madre y es lo más grande en mi vida. Y era tanto el estado de nervios el día de esa subasta, que se me salieron las lágrimas cuando lo logré”.

– ¿De cuál pintura se trata?

-“Se llama “La Reina de las Aves”, de un italiano surrealista que se nombra Stanislao Lepri, que hizo un tríptico. Compramos el del centro, es el más bello. Es ella como un gran pájaro. Te comento lo que nos sucedió con el traje de novia de su boda con Jorge Negrete… pues lo vendieron por partes, y si yo no hubiera comprado los dos lotes, se separarían para siempre. Igual me sucedió con el tríptico. Sólo tengo uno. Las otras dos partes, una está en México y el tercero en Bulgaria”.

– ¿No se ofrecieron juntos?

-“Sí, pero los precios eran imposibles. Sabe Dios si un día se vuelvan a reunir. Ojalá, como diría Silvio.

– Hablando de la Fundación, cómo concibe la misma. ¿Una vez adquiere las piezas, crea algo de mayor magnitud?

-“En efecto, queríamos tener impacto social. Después de que comenzaron a llegar las piezas a nosotros, hacemos hincapié en que cada una, debía tener una fundamentación. Que estuvieran documentadas en películas, fotos o historias afines. No nos interesaban de otra forma, porque aunque sabemos que son de ella, porque le compramos directamente al heredero, establecimos esa premisa”.

“Entonces, cuando ya teníamos cierta cantidad de ropa, me dije, no tiene sentido: ‘ser el dueño de’. Mira, esto que hago contigo, al darte una entrevista, lo hacemos raras veces y por contrato, porque los Museos lo exigen para darle publicidad. A mí no me interesa que sepan mi nombre, ni un carajo, ni nunca está puesto en ningún lado”.

– De hecho, tuve que indagar acerca del origen de la exposición.

-“Yo lo sé. No tiene sentido tenerlo si no haces algún bien. Poseer la colección, es estrictamente para poderla compartir con el público. Yo creo que es una figura artística, que se debe al escenario, a la publicidad. Vivió toda su vida frente a un público y la muerte no es motivo para dejar se estarlo. No he contado todas las historias…”.

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– ¿Como cuáles?

-“A veces me parezco a María Félix en su arrogancia – ironiza, porque es todo lo contrario- por ejemplo, en Bellas Artes del DF, habían unas 25.000 personas; estaban como sardinas el día de la inauguración, frente a las 15 vitrinas. Fue conmovedor ver a las mujeres, viejitas y no tanto, venían y me besaban las manos; yo les rogaba, por favor… parecía que le tocaban las manos a Juan Diego”. S

“Ellas estaban dándome las gracias por traerles a ‘La Doñita’. Yo no estoy acostumbrado a eso. Ese huele… de los artistas no me interesa. Siempre hago mi trabajo que termina en el escenario, la farándula nunca”.

– Que efecto tan sui géneris, de cómo comenzó todo a la forma en que lo desbordó el interés de la gente, por la figura de María Félix.

-“Esto fue creciendo solo. No es una obsesión, no me gusta llamarlo así, porque no soy fanático. Pero existe si una obsesión, es la de enmendar lo que pienso, ha sido un error del Universo. Que ella ante la vulnerabilidad de su vejez, le dejó todo a una persona que no está capacitada para saber lo que tiene”.

“Por ejemplo, le dejó el mayor número de piezas de porcelana hechas por el fabricante francés Jacob Petit. Ese hombre no sabía lo que era el valor de una pieza que se compra en Londres. Sus Arieles, sus premios, sus libretos. Eso es patrimonio mexicano”.

– Al apreciar su honestidad y espontaneidad para hablar, no creo que sea tan así, porque tal vez está en las mejores manos, de quienes verdaderamente lo aprecian.

-“Todo el mundo lo dice. A ver, cómo te lo digo, sin sonar como María Félix. En manos de quienes lo van a defender mejor, no van a estar. Y cuando un mexicano viene y me dice, por qué tienes eso. Respondo, porque me interesé. Por qué no lo hizo usted”.

La muestra de más de 100 piezas, entre accesorios, pinturas y objetos personales, fue concebida por Sergio Rodríguez, un arquitecto mexicano con más de tres décadas de experiencia alrededor del teatro, la danza y las artes, quien deleitó al público con su delicado montaje.

La elegante muestra representó a la mayoría de las películas de La Doña y unos cuadros de Silvia Pardo, junto a dos piezas de sus vestuarios personales. “Ella reciclaba mucho en la vida y en el vestuario de cine, los grandes diseños incluso, los recombinaba en varias de sus películas. Eso fue posible, porque en su contrato estaba, que los vestidos serían de ella. La fundación consiguió estas pinturas, ya sin el biombo bellísimo que las enmarcaba”, precisó el arquitecto.

Los seis de los cuadros, originalmente conformaban un biombo de dos caras, tres óleos sobre tela por cara, suman un total de seis pinturas diferentes. Cada una mide 128 centímetros (cms) por 92 cms. Son retratos de María Félix, sumergida en un mundo surrealista.

El otro, es Nuestra Señora de la Apocalipsis. Mide 120 cms por 90 cms y la representa como una diosa mítica enfrentada a un dragón. Ésta fue una de sus pinturas favoritas, que mantuvo sobre la chimenea de su biblioteca personal. La autora, Silvia Pardo, fue una gran retratista mexicana y es considerada una de las mejores pintoras surrealistas, expresionistas, exponentes del realismo mágico.

“Por ejemplo a mí siempre me gusta que las personas aprecien las experiencias en todos los sentidos -continuó el museógrafo, mientras se escuchaba “María Bonita”- la música que sientes, por ejemplo. Aunque me faltó el olor, su perfume”. Resaltó el museógrafo.

– ¿Cuál era?

-El perfume de María Félix fue “Joy”, de Jean Patou. “Aquí incluimos toda la información necesaria sobre su carrera y su vida personal, es fabuloso ver la gente pasarse las horas leyendo. Así mismo, logramos que todos los vestidos estén representados con las imágenes donde los está usando la gran María Félix, a través de la fotografía y el cine”.

– ¿A usted como artista, que le significa María Félix?

-Es muy difícil de definir -continuó Sergio Rodríguez- ella es uno de los grandes personajes de mi país. Es la estrella. Es una satisfacción haber tenido esta responsabilidad de diseñar esta exposición, es la primera vez que se reúnen tantos elementos de su vida artística. Es una puesta en escena, sonido, luces, movimiento, y las “estrellas” son las piezas que le pertenecieron.

– Pequeñitos sus pies, ¿no le parece? Porque era una mujer alta.

-Medía 1,74. Alta para el estándar. Pues sí, estos zapatos de la primera película son pequeños. Hasta pregunté si le habían crecido los pies, porque luego son mayores, precisa el museógrafo.

– ¿Es realmente cierto que disminuyeron el torso de los maniquíes, para vestirlos con sus trajes?

-Sí, eso fue un grave problema. La mayoría de los vestidos tienen 53 centímetros de cintura. El Museo tiene una gran experiencia en textiles. Poseen muchas piezas del siglo XIX en sus colecciones, por lo que tienen maniquíes de hielo seco- tiende a reducir el grado de humedad en el ambiente, cuando se trata de conservar piezas museables y sensibles- era muy complicado montar los 49 vestidos.

Entonces, creamos un departamento de “liposucción” para los maniquíes- ríe espléndidamente, mientras narra sus peripecias- lijando la cintura, tallando las caderas, un poquito más allá o acá, porque los trajes no les “quedaban”. Hubo algunos tremendamente dificultosos para vestirlos.

Caminamos hacia un imponente traje negro, que lo es más porque está sobre un maniquí giratorio. El escenario elevado en tonos rojo vino y fondo negro, se completa con una lámpara de lágrimas de cristal, similar a la que está en el salón de la escena en ella que lo usa. La película es proyectada en una pantalla ancha, tras el vestido como un cuerpo presente.

– Es majestuoso- sólo acierto a decir, deslumbrada.

Bueno, este es como un guante. El mitón fino está pegado al tul de todo el cuerpo y lo único que prevalece es la botonadura en la espalda. Se consiguió un maniquí especial y le seguimos “rebanando” como a los otros y no creo que lo logramos. Fue la mayor dificultad en el proyecto.

Estoy viendo esta impactante figura, la que ustedes imaginan, como lo hago yo con el temperamento que se erguía dentro de cada traje.

– Es sólo el vestuario. No dejamos de admirar, cómo cobraba vida en cada traje. El carácter es ahora una conjetura dentro de sus vestidos.

Pues sí, te la imaginas y era una “cosa fuera de serie”. Es impresionante. Por ejemplo, aquí trae este detalle en el traje y a los diez años lo “recicla” en Café Colón, y le agrega la boa de plumas. Es importante saber que ella guardó sus vestidos y estaban catalogados. Yo no sé si en su más íntimo deseo quería un museo, pero los conservó y como sabes lo exigió en sus contratos. Ella se quedaba con esos trajes, sino, no los estuviéramos viendo.

A las fotos tipo póster, se les hizo el trabajo de diseño para que estuvieran en cada paso. Mira los catálogos de cada película. Quiero destacarte cómo va cambiando cronológicamente la moda, en el diseño. La vistieron los más importantes diseñadores del mundo. Precisó el arquitecto.

En México la engalanaron Beatriz Sánchez Tello, Armando Valdés Peza, Tao Itzo y Mitzy. En Europa, Christian Dior, Jean Desses, Valentino Coco Chanel. Yves Saint Lauren, Givenchy, Balenciaga. Le crearon sus sombreros, Irene Karinska y Marcel Escoffier, sus zapatos de Roger Vivier, entre muchos otros reconocidos modistas.

Cuentan que hacía ejercicios -consistentemente- y comía carnes blancas con vegetales, para conservar su reducida cintura de 53 cms, la cadera en 81 centímetros, y sus pequeños pechos de copa A. Todo eso no sería nada, sin la personalidad y el talento “descubierto” por Fernando Palacios, en 1939, cuando llega a ciudad México sin la menor intensión de actuar.

Fue Clasa Films quien la puso en el reparto de El peñón de las ánimas, de Miguel Zacarías (1943), protagonizado por Jorge Negrete. Terminó con: La Generala, de Juan Ibáñez (1971), con la que se despediría para siempre de su otro gran amante, el cine.

María bonita se casó cuatro veces y tuvo un solo hijo de su primer matrimonio, al que sobrevivió. María de los Ángeles Félix Güereña, quien nace en Sonora en 1914, muere a lo grande, el mismo día de haber llegado al mundo, el 8 de abril, de 2002, de un infarto. Cuando, cierta vez le preguntaron la edad, dijo a la reportera, “he estado muy ocupada viviendo mi vida y no he tenido tiempo de contarla”.

Tras un gran revuelo popular viaja a Cuba en 1949 y en 1955. Guardan sus recuerdos, el Hotel Nacional y el Comodoro.

“Todo es apenas una dulzona melcocha informativa frente al plato de subido condimento que con su presencia nos sirvió la felina hembra mexicana…”, dijo el poeta Nicolás Guillén, a lo que agregó: “María Félix ha sido toda una enseñanza para el desbordante temperamento de los criollos antillanos; un modelo de contención casi polar”.

“Cuando pase otra vez por La Habana seguramente encontrará los ánimos más templados, los aplausos menos propicios, las invitaciones más restringidas y hasta -¿por qué no?- las manos que se atrevieron a provocar un estremecimiento en su maravilloso cuerpo de mujer fatal, menos agresivas y exploradoras”.

A quien admiran entrañablemente en toda Latinoamérica, se le espera desde entonces o se le ve ocasionalmente. La retadora, altiva y bella artista mexicana, construyó el personaje más importante de su carrera, el de sí misma.

Reportaje de Telesur / Original aquí.

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