Florian

Me gustaría estar en México y me parece que así va a ser: Florián

Ciudad de México, 22 de diciembre (MaremotoM).- Florian tiene varios años de escenarios y estudios de grabación, pero dice que los que da ahora son sus primeros pasos en la música. Viene de haber sido guitarrista (y por un breve lapso también cantante) de Callate Mark y también parte de la última formación de Los Fabulosos Cadillacs, donde se dio el gusto de tocar junto a su padre, Vicentico. Sin embargo, Florian mira hacia adelante: acaba de publicar su primer álbum solista, X amor, va a presentarlo hoy viernes en el Anfiteatro del Parque Centenario, y se empeña en buscar una voz personal como artista.

“Recién ahora estoy empezando a hacer lo que me gusta y lo que quería”, afirma Florian. “Se ve que antes estaba medio en una búsqueda. No sé, quizás en diez años te diga que quiero hacer otra cosa, pero en este momento lo veo un poco así, como que todo ese recorrido como guitarrista fue hasta encontrar lo que realmente tenía ganas, que es esto”. “Esto” es un pop atravesado por el soul y los ritmos urbanos, con letras en las que el cantante revela su mundo interior de modo explícito y la mano de Mariano Otero como productor.

Me pasé muchos años de mi vida escribiendo canciones que no decían nada. En ese momento me parecía que sí, pero cuando empecé a cambiar esa manera de verlo me encontré con un mundo mucho más grande.

–¿En qué momento empezó ese cambio artístico?

–Fue un proceso largo, larguísimo, que incluye un montón de cosas. Por ejemplo, el segundo disco que hice con Callate Mark fue la primera vez que canté canciones mías. Yo componía pero nunca cantaba y Tuta Torres, el bajista de los Baba, que fue el productor, me dijo “Che, estos temas deberías cantarlos vos”, porque me había escuchado cantarlos. Fue la primera vez que hice eso y empezó a despertarme algo. Después, cuando la banda empezó a entrar en la etapa final, fui un día a lo de Mariano Otero a grabar, dijimos “hagamos una canción como para divertirnos y ver qué pasa”. Hicimos “Lejos de mí”, que fue uno de los singles que publiqué y fue la primera vez que dije: “Che, pará, esto me gustó mucho”. Me sentí muy representado por lo que acabábamos de hacer. Unos meses después, separé la banda y me tiré de cabeza a hacer esto. Para mí, esa tarde fue un punto muy clave.

–O sea que hubo un proceso pero también una epifanía.

–Cien por ciento. Tuve un tiempo largo de procesar, pero estuvo ese momento en el que terminó de bajar todo.

–¿Venías escuchando música que tuviera que ver con tu cambio? ¿Alguna influencia que no encajara en Callate Mark?

–Sí… En un momento ya era todo, no me sentía representado por lo que hacíamos con la banda. Era una idea de algo que me había quedado un poco viejo. Quizás a todos nos pasaba… Me acuerdo de que me flasheó mucho el disco solista de Damon Albarn, por ejemplo. Lo fui a ver cuando vino al Gran Rex y ya lo había visto con Blur, que era la banda que curtíamos a pleno con Callate Mark, pero cuando lo vi como solista me pasó algo re distinto. No podría decir que uno me gustó más que el otro, porque todo fue increíble, pero me acuerdo puntualmente de que con ese show en el Rex me pasó algo fuerte.

–Ya como solista, ¿buscabas más tener una voz propia o algo qué decir?

–Al principio prioricé más tener algo qué decir, porque eso fue lo que me hizo darme cuenta de que quería ser solista. Las primeras canciones en las que empecé a escribir sobre cosas que me interpelaban o cosas que me pasaban me abrieron un mundo muy grande. Siento que toda esa primera etapa -o toda esta primera etapa- está atravesada por eso de decir algo. El tema de la voz, obviamente, me di cuenta con el tiempo de que fue tomando un protagonismo muy importante y ahora estoy entrando en ese proceso de encontrar esa voz propia. La búsqueda está ahí, sucediendo, pero creo que todavía no la encontré, que eso va pasar más adelante.

–Arrancaste con un disco muy íntimo, de mucha exposición.

–Es cierto, pero me gusta eso, me genera un sentimiento real y profundo. La adolescencia siempre es un momento de confusiones y tampoco me voy a castigar, pero me pasé muchos años de mi vida escribiendo canciones que no decían nada. En ese momento me parecía que sí, pero cuando empecé a cambiar esa manera de verlo me encontré con un mundo mucho más grande. Igual, es un proceso natural, no creo que ninguna persona se identifique con su adolescencia, al menos plenamente. Para mí, hacer este primer disco era una oportunidad de contar un montón de cosas que me pasan y me dan ganas de poner en una canción, que también es una manera de exorcizarlas, o de poder tomar con cierto humor mis virtudes y desgracias. Y disfruté que sea así.

–Hablaste de la fragilidad emocional como hilo conductor del disco. ¿Eso apareció o buscaste reflejarlo?

Creo que apareció una célula de eso en una de las primeras canciones que hice, y a partir de ese momento me di cuenta de que me interesaba profundizarlo y que tenía un montón de cosas para contar ahí. El disco se llama X amor y lo primero que uno piensa es “bueno, es un disco romántico”, pero en realidad, aunque tiene una parte romántica, para mí es mucho más grande que eso. Yo le digo X amor porque refleja todas las emociones, lindas y tristes. Entonces, empecé a encontrar un lugar que me interesaba profundizar con cada canción.

–¿Cómo surgió la relación con Mariano Otero? Él trabaja con tu padre…

Cuando yo estaba tocando con los Cadillacs, él estaba tocando con Fito y nos cruzábamos mucho de gira, coincidimos en muchos festivales y charlamos, siempre nos llevamos bien. Y bueno, un día dijimos de juntarnos a tocar sin ningún objetivo. Tuvimos tanta química… “Lejos de mí” la hicimos en tres horas: llegamos sin nada, sin ninguna idea, pero hicimos los acordes, de repente él armó el beat, empezamos a producir y escribí la letra en ese momento. Todo fue en ese momento. A partir de ahí, apareció algo que no paró nunca sino que fue creciendo. Nos entendimos muy bien muy rápidamente.

–El trabajo que hizo Mariano con tu disco y tocando con Vicentico no tienen mucho que ver con la imagen de bajista de jazz que se tenía de él.

–Él no se identifica con esa imagen del bajista de jazz tan convencional… O sea, lo re tiene, puede hacerlo porque le sobra. Muchas veces le pregunto sobre cosas de jazz, que me interesan desde un costado más amateur, y él obviamente te abre porque tiene data y todo, pero… No quiero hablar por él, pero me parece que lo atraviesan otras cosas. Es muy flashero eso, porque tiene todo ese background muy sarpado, musicalmente muy alto, pero eso lo pone en práctica haciendo canciones pop, rock, lo que sea.

–¿Influiste en el sonido de El pozo brillante, el último disco de tu padre?

–Ehhhhh… se lo tendrías que preguntar a él (se ríe). Puede ser… Creo que uno siempre tiene una influencia grande sobre las personas que rodea. Puedo generarlo yo, pero me doy cuenta de que lo generan en mí muchas de las personas que me rodean: mi viejo, Mariano y muchos músicos amigos. Estar intercambiando data todo el tiempo, escuchar lo que hace el otro y vivir ese proceso de cerca influye. Mariano produjo mi disco y también toca con mi viejo, puede ser que haya algo de eso. Pero, bueno, el veredicto final tiene que darlo él.

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–¿Y al revés? En tu disco hay un fantasma, que es una figura que aparece mucho en las canciones de Vicentico. Pero este es “Mi fantasma”… ¿querías diferenciarlo?

–Sí, es el mío (se ríe). No es pensado explícitamente, pero es acertado lo que decís: en un punto sí, es para diferenciarlo. No es que digo “voy a diferenciarme de él”, pero evidentemente me sale algo genuino de hacerlo de esa manera, de marcar ese diferencial. Cada uno tiene sus fantasmas (risas).

– ¿Cuánto hay de realidad en esa letra?

–Hay bastante. Pero hacer una canción también es un poco sufrirlo y otro poco tomarlo con un humor. La canción habla de que esos fantasmas están, pero no están al acecho: están ahí acompañándome. Supongo que uno en la vida aprende a convivir con ellos, pero lo cierto es que hay de eso en mi vida, es algo que me sucede.

–En “Todo a cambio” decís que hay que soltar el pasado para volar. ¿Tiene que ver con tu cambio artístico?

–Tiene que ver con mi cambio artístico, sin dudas, pero también con todo… Siento que los momentos en los que pude tomar decisiones que me llevaron a lugares más felices fue porque pude dejar atrás algo que venía cargando. Con lo artístico me pasó, pero también con un montón de otras cosas en la vida. Es una manera de liberarse. La frase reúne un poco todo.

–La frase hecha de “soltar” versus soltar en serio…

–Sí, es algo súper complejo, por eso también aparece en las canciones. No hablo de eso como algo que me sale fácilmente o que ya hice: es algo que estoy intentando. Esto de la frase hecha sucede mucho y a veces es hasta contraproducente, porque decís: “Bueno, loco, pará, no es tan simple esto”. Esas canciones hablan sobre esa complejidad, sobre lo difícil que es.

–Hablando de complejidad, ¿te costó escribir estas canciones?

En este disco me costó quizá más de lo normal. Cuando escribía singles, me metía en un mundo más pequeño, que era contar eso sin nada alrededor, pero el disco es otra cosa, porque cada canción para mí tiene que decir algo y al mismo tiempo tiene que tener un sentido todo. Me tomé más tiempo para elegir las palabras, me costó más por ese lado. No fue tanto por hacerme cargo, eso me salió fácil porque me daban ganas, pero sí me enrosqué con cómo decirlo. Sobre todo en las letras que para mí hablan sobre cosas emocionalmente más complejas.

–¿Por ejemplo?

–Para mí, “Mi fantasma” y “La máscara” son canciones más complejas. Hablan de algo que incluso a mí me cuesta más ver en mí mismo o aceptármelo. Canciones como “X amor” o “Carta para mí” son temas más románticos, eso no me cuesta tanto, me sale más naturalmente y me divierte. Lo otro me representa más un desafío.

–Por lo que decís, te propusiste hacer un disco que tuviera una coherencia como tal.

–Sí, sin exagerar con una cosa conceptual, pero me daban ganas de que hubiera un hilo conductor.

-¿Por eso no incluiste tus primeros singles?

-Un poco sí. Lo re pensé y algunos amigos me dijeron que los pusiera pero, justamente, en relación a soltar una etapa, esa fue una decisión que tuve que tomar: ahora estoy hablando de esto. Es esto. Lo otro me representa, pero representa otro momento. Y bueno, me lo respeté.

Florian
TKM, de Florián. Foto: Cortesía

–¿Lo ves como dar los primeros pasos?

–Toda esa etapa de singles son primeros pasos, cien por ciento. Y este primer disco también, por eso me permití esta suerte de carta de presentación: “bueno, este soy yo”. Quizás el próximo disco ya no hable tanto de lo que me pasa, pero me parecía bien hacerlo en este momento. Son primeros pasos en todo sentido: de hacerme cargo de un montón de cosas que me pasan y también mis primeros pasos en la música, en un punto.

–Bueno, pero ya tenés un trayecto.

Sí, pero es un trayecto que para mí es parte de ese principio. Es cierto que eso está, lo agradezco un montón y es parte de mí, me hizo muy bien el recorrido que tuve para aprender un montón de cosas. Pero para mí el verdadero comienzo es este porque ahora es cuando estoy haciéndome cargo de lo que quiero, con todo el miedo y todo el entusiasmo que eso implica.

–En “Tengo miedo” hablás de distancia y de no querer “amarte por un celular”. ¿Influyó la pandemia ahí?

–Es algo que sucede ahora, más allá de la pandemia. Siento que hay una frialdad importante en ese sentido, pero obviamente que la pandemia lo potenció y hace que la canción tome un contexto mucho más puntual. Me salió decirlo, pero siento que quizás en unos años me dé un poco de pudor cantar esa canción…

–¿Por qué?

–No sé, hay algo que me parecía incluso un poco frío de mi parte diciéndolo, a la vez que me sentía representado. Entonces dije: “Está bien, esto es lo que me pasa ahora, en unos años veré”. Fue la única canción que me cuestioné un poco más.

–¿Sos muy intenso en tu forma de encarar la vida?

–Sí, la verdad que sí, soy intenso. En relación a todo tipo de vínculo, a los proyectos: me gusta involucrarme, cuestionarme. Obviamente, hay cosas en la vida que son más significativas que otras, pero en general lo vivo con intensidad y me gusta que sea así, me parece que está bueno.

–¿Te sentís parte de una generación de músicos que abordan al pop desde otro lado?

–Me parece que hay un contexto en el que está sucediendo algo con relación a otra época de la música… Quizás hay más lugar para hacer pop: aparecieron muchas bandas y artistas del género, y también un público, y me parece que está buenísimo. Todavía no estoy seguro de cuán parte me siento, porque a veces esas cuestiones culturales son un poco raras. Hay una generación nueva de músicos muy increíbles y a veces siento que todo se reduce sólo a la escena más pop, y me cuestiono si no es mucho más grande que eso. Pero, naturalmente, hay una parte de todo eso que me gusta mucho y disfruto que haya un montón de colegas haciendo un género relativamente parecido y que tengamos un espacio para hacerlo.

–En algún momento dijiste “cuando tocaba con los Cadillacs”. Y en marzo los Cadillacs tienen un par de fechas en México. ¿No vas a estar?

–No sé qué va a ser del futuro de los Cadillacs, pero sí que todos tienen intenciones de seguir tocando a lo largo de sus vidas, aunque no sé en qué marco. Obviamente que me gustaría estar en México y me parece que así va a ser. Pero en relación a lo que venga, no sé… No tengo tan puesta mi energía ahí, es una realidad, pero cuando llegue el momento seguramente ahí estaré porque disfruto mucho de tocar con los Cadillacs, lo paso muy bien, así que seguramente sea así. Pero no proyecto tanto todavía…

Fuente: Silencio / Original aquí.

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