Thomas Wolfe

Me he dejado llevar por el texto y no por los academicismos: Fui muy intuitiva, dice la traductora de Thomas Wolfe

Wolfe tiene muchas frases que repite, hay cosas que suenan como una letanía, como una oración, gusta cuando uno está leyendo con esos mantras tuyos. Cuando los lees te gusta establecer esa conexión.

Ciudad de México, 15 de enero (MaremotoM).- Leer otra vez a Thomas Wolfe, un gran narrador del siglo XX, es también descubrirlo, porque a pesar de que ha sido influencia para muchos autores, como William Faulkner, del escritor beat Jack Kerouac y de Philip Roth, se mantiene un poco en el olvido.

Ahora, traducido por Amelia Pérez de Villar, gracias a Páginas de Espuma, contamos con todos sus cuentos al español, en una narrativa breve, leída como se puede hacer en este volumen, seguida y hasta el final, que es incomparable e inclasificable.

Thomas Wolfe nació el 3 de octubre de 1900 en Asheville (Carolina del Norte). Fue profesor de inglés en la Universidad de Nueva York, entre 1924 y 1930. Su primera novela, El ángel que nos mira (1929), tuvo un éxito inmediato lo que le permitió dedicarse por entero a la literatura. Esta obra, autobiográfica, tiene influencias de los novelistas estadounidenses Theodore Dreiser, Sinclair Lewis y del irlandés James Joyce. La siguiente fue Del tiempo y del río, editada en 1935 y más tarde No se vuelve a casa (1940). El tema central de todas las obras es la búsqueda de valores por parte de un joven. Su escritura se caracteriza por su lirismo y se le ha comparado en ocasiones con el poeta estadounidense Walt Whitman. A pesar de que se le siguió leyendo, su obra no resultó ya tan popular entre los jóvenes de la época posterior a la II Guerra Mundial. Destaca también la colección de relatos De la muerte a la mañana (1935), Historia de una novela (1936), Las montañas de más allá (1941), Diario occidental (1951) y Escribir y morir (1964). Thomas Wolfe falleció el 15 de septiembre de 1938, en Baltimore (Maryland) de neumonía.

Con la traducción de Amelia Pérez de Villar –garantía de cuidado, exigencia y calidad– se agrupan, por primera vez en español, en la edición más exhaustiva no solo sus cuentos breves –“El invierno de nuestro descontento” o “Chickamauga”–, sino también las narraciones más extensas –“El muchacho perdido” o “No hay puerta”–, en este verdadero vendaval de literatura.

­–¿Quién fue Thomas Wolfe en la percepción de la traductora?

­–Yo creo que ha sido un cuentista fundamental en la creación del imaginario estadounidense. No sólo para los cuentistas que vinieron detrás, como Carver o Cheever. Faulkner se consideraba su segundo, era el único que estaba por delante de él. Tenían ambos un escenario similar, algunos con escenarios más urbanos como Scott Fitzgerald o John Updike.

­–Ernest Hemingway decía que Dostoievski escribía mal, pero elogiaba a Thomas Wolfe

­–(risas) Creo, fíjate, que Hemingway escapa a esa continuidad que vemos en otros escritores. Puede que fuese el escritor más internacional que existe. El que tiene una visión de lo externo más universal, veo a Hemingway menos localista que otros escritores estadounidenses.

Thomas Wolfe
Los cuentos completos en Páginas de Espuma. Foto: Cortesía

­–Recién hacía una nota sobre los escritores de dominio público, ¡Qué buen camino para los traductores!

­–Siempre decimos que la traducción es la forma de universalizar la literatura. No todos hablamos todo. Incluso, los traductores. Puedo leer en inglés e italiano, pero no puedo leer a los rusos, a los japoneses. Conocemos casi de primera mano la cultura, el lenguaje, esta forma de vida que en principio nos es ajena. Nuestra labor es decisiva, en el sentido que necesito la ayuda de traductores de escritores de lenguas que tampoco hablo. En cuanto a la traducción de Thomas Wolfe, fue complejo, porque no es un autor fácil de trasladar.

–Esta época en la que vivió, que fue la mejor época de la literatura estadounidense, ¿cómo ha sido traducirlo ahora? ¿Tiene sentido traducirlo?

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­–Sentido tiene siempre, porque es un fondo de biblioteca muy valioso. Contar con un volumen así es una suerte. Me enfrenté a ello con gran responsabilidad, porque gran parte de su obra breve no está traducida. No puedes hacer comparaciones con otras traducciones. Al traducir yo todo el volumen tenía todo el universo entero a mi alcance. Es verdad que hay autores que lo ponen más fácil y otros que lo complican más. Wolfe tiene muchas frases que repite, hay cosas que suenan como una letanía, como una oración, gusta cuando uno está leyendo con esos mantras tuyos. Cuando los lees te gusta establecer esa conexión. Cuando el relato te va llevando por otro lado, que es una característica muy propia de Wolfe, vuelve con este mantra que nos devuelve al origen. Las decisiones de traducción teniendo eso en mente, teniendo que mantener una coherencia sin apoyarte en lo poético o en lo estético. Liberarse un poco de ese apego del autor, no podía hacerlo, tenía que mantenerlo como en bloque.

Thomas Wolfe
Me enfrenté a ello con gran responsabilidad, porque gran parte de su obra breve no está traducida. Foto: Cortesía Facebook

–Yo soy monolingüística y le agradezco a los traductores, pero también es cierto que hay una polémica, por caso el del escritor Mircea Cartarescu, que tiene una traductora que él considera genial y por lo que lo hemos conocido en español… ¿Qué cosas con Wolfe te encargas de ser “la” traductora?

–Creo que si he de serlo lo soy porque he traducido el volumen de cuentos completos. En ese sentido, puedo arrogarme el título, aunque Thomas Wolfe no está aquí y no puede decir como Cartarescu o como Thomas Bernhard de Miguel Sáenz: ese es mi traductor. He puesto todo mi afán posible para que la traducción quedara sin fisuras, organizada, he usado un rigor cuando él utiliza un montón de adjetivos seguidos, traduciéndolo siempre de la misma manera, he mantenido un apego muy grande a su estilo tanto desde el punto de vista semántico como del ritmo. Me he dejado llevar por el texto y no por los academicismos, la primera aproximación al texto fue muy intuitiva. Creo que era la mejor manera de acercarse a él. Me da la impresión de que hice lo adecuado, porque es el mejor modo de transmitir a Thomas Wolfe.

–¿Cuál es su mundo, cuáles son sus temas?

–Su mundo es que vivió los primeros 38 años del siglo XX. Vivió en un pueblo pequeño de la América profunda, venía del mundo rural. Sin embargo, marchó a Nueva York, donde vio la construcción de los trenes, era un hombre llegó en carreta y se marchó en automóviles de carrera. Hay algunos cuentos que nos hablan de los recorridos por las calles de Nueva York, recorre algunos años donde pasaron muchas cosas, luego se fue a Europa. Sus temas son la industrialización, habla de la moda, que en los años 20 dio un vuelco tremendo. Era un cronista social, que no era periodista, que convierte la crónica en literatura.

-¿Qué grado tiene la mujer en estos cuentos?

–Él tiene interés para el ser humano. Hay un par de cuentos que nos ofrece una visión un poco machista de la relación. Sin embargo, sus mujeres son fuertes. Su madre montó una casa de huéspedes, él se fue a vivir con ella. Las mujeres con las que se relaciona en el plano sentimental, son mujeres que saben lo que quieren. No es un punto de vista muy actual, pero sí una visión de que las mujeres terminan saliéndose con la suya.

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