Vicente Alfonso

Me pareció más útil el registro de la crónica que el de la novela: Vicente Alfonso

El libro A la orilla de la carretera (UANL) se mete por zonas escondidas de México y trata de entender y explicar Chilpancingo, una tierra rodeada de una naturaleza increíble y que tiene un pueblo que lleva la estadística de ser el mayor de Latinoamérica donde hay desaparecidos. Es un libro que trata de ver a México desde adentro y por otro lado sigue la huella dejada por Carlos Montemayor (1947-2010).

Ciudad de México, 12 de mayo (MaremotoM).- “Vicente Alfonso ha captado mejor que nadie el hambre de las nuevas generaciones por seguir a grandes hombres. Se propuso rescatar las victorias y las derrotas de luchadores como Carlos Montemayor y como los campesinos, estudiantes y líderes sociales que son héroes de los últimos tiempos en México. Nos describe la vida de creación y de muerte de nuestros últimos héroes y lo hace con gran conocimiento de causa. Por eso su libro A la orilla de la carretera emociona y resulta excelente. La prosa vital, indignada e inteligente de Vicente Alfonso ha sabido retratar las mejores luchas del México de los 50’s para acá y gracias a él y a su capacidad creativa, sus lectores preferimos Chilpancingo a París”, ha escrito Elena Poniatowska sobre el libro A la orilla de la carretera (UANL), Premio Bellas Artes de Crónica Literaria, de Vicente Alfonso.

Vicente Alfonso
Un libro editado por la UANL. Foto: Cortesía

El libro se mete por zonas escondidas de México y trata de entender y explicar Chilpancingo, una tierra rodeada de una naturaleza increíble y que tiene un pueblo que lleva la estadística de ser el mayor de Latinoamérica donde hay desaparecidos.

Es un libro que trata de ver a México desde adentro y por otro lado sigue la huella dejada por Carlos Montemayor (1947-2010).

“El libro nació a partir de un trasplante que hizo mi familia. Iliana Olmedo es académica, además de escritora. Nos tuvimos que ir a Chilpancingo, una localidad que desconocía. Es un paso obligado para ir a Acapulco y lo que empecé a hacer fue tomar notas. No con la intención de hacer un libro, sino las notas que hace uno para habituarse a las nuevas rutinas. La realidad me tocaba la puerta, de pronto me sentía como desenganchado, había prácticas que no entendía, las notas se empezaban a convertir en pequeñas misiones u órdenes de trabajo periodístico para entender algo. Este libro es de alguien que no comprende y busca comprender. Es un libro donde me hago preguntas y voy en busca a quien me quiera dar respuestas y una de esas personas es Carlos Montemayor”, dice Vicente Alfonso.

La lectura de Guerra en el paraíso le hizo ver a Vicente Alfonso a un Carlos Montemayor distinto, que de alguna manera era una especie de guía para entender algunas cosas que parecen sin sentido pero que no lo son.

“De pronto, hay una pregunta que obsesionaba a Carlos Montemayor, una persona obsesionada por las lenguas clásicas y le fascinaba traducir textos. En un momento lo envían a dar talleres a Oaxaca, a unas comunidades autóctonas. Llega y él lo cuenta, trata de poner las reglas del taller, pregunta cuántos eran poetas y se da cuenta de lo que él entiende por poesía es muy distinto a lo que esa gente entiende por poesía”, dice Vicente Alfonso, autor también de la novela de Tusquets, Huesos de San Lorenzo.

Vicente Alfonso
Vicente Alfonso, Iliana Olmedo y el escritor y editor Antonio Ramos Revillas. Foto: Cortesía

“Entra en una especie de crisis existencial y eso lo hace plantearse qué significa ser escritor? Lo consulta con Juan Rulfo, quien le aconseja sólo escuchar, aprenda todo lo que pueda. Montemayor hace la tarea y eso le permite volverse receptivo para las realidades que vive ese México profundo, eso lo prepara para escribir Guerra en el paraíso”, agrega.

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Vicente Alfonso trata de hacer un movimiento del centro hacia las orillas. “De ese modo Acapulco sería una especie de periferia de Chilpancingo. Atoyac, por ejemplo, está muy olvidada en términos de calidad de vida. Ocurre lo mismo con Ciudad de México, cuando subimos al Paraíso, a Puerto del Gallo, se siente mucho la influencia de los Estados Unidos porque hay mucha gente que emigra”, dice el escritor.

La naturaleza es mucho más que el narcotráfico y que los propios humanos en lugares como Chilpancingo.

“Hay muchas cosas que se extrañan de Chilpancingo. Es una ciudad dura, pero también tiene muchas cosas que son fascinantes y que uno no encuentra en ningún otro lado. Mi hija, que tenía un año cuando llegamos, por bastante tiempo decía que su lugar favorito en el mundo era Chilpancingo. La naturaleza era desbordante, pródiga. Era increíble pensar que a unos pasos de la casa había árboles de papaya y de mango, uno podía ir y agarrarlos”, dice Vicente.

“En el zoológico íbamos a ver a la jirafa casi cada semana, mi hija se acercaba y la jirafa también”, agrega.

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Cuando me impuse la tarea de hacer un libro de crónicas, no quería que fuera el libro de un especialista. Foto: Cortesía

Hay mucha autobiografía en estas crónicas. “Quería ser muy honesto, de por qué estaba yo escribiendo. Cuando me impuse la tarea de hacer un libro de crónicas, no quería que fuera el libro de un especialista. Dejo muy claro todo lo que no sabía. Uno no acaba de conocer nunca una región, tampoco podría hacer un libro súper informado del lugar donde nací o de la Ciudad de México”, explica.

“Han pasado varios escritores por ahí, varios escritores norteños, a veces uno tiene problemas con ciertas realidades que parecen ilegibles. Cuando recibí el premio Bellas Artes decía que Guerra en el paraíso es como una crónica. El género está siendo revalorado y creo que Cartucho, de Nellie Campobello, es un libro de crónicas. Me he dedicado al periodismo durante muchos años, me pareció más útil el registro de la crónica que el de la novela”, dice.

“Hay muchas voces en México, vivimos no sólo en el país sino en el mundo un fenómeno que es la polarización, por un exceso de voces. Con el estallido de las redes sociales cualquiera puede opinar lo que sea. De pronto casi cualquier cosa pareciera ser real”, concluye.

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