Laura Beatty

MESITA DE NOCHE | Bosque templado

Hasta que llegó una noche, de esas iluminadas por la luna. Llovía y nuestro auto se atascó antes de llegar a casa, no teníamos luz, tampoco batería en los teléfonos. En definitiva no podíamos quedarnos a mitad de camino, así que decidimos atravesar el bosque.

Ciudad de México, 2 de junio (MaremotoM).- Frente al lago de Zirahuén hay un bosque templado, habito en él de forma recurrente. Al inicio tenía que aguantar la respiración para enfrentarlo de noche, mi manera era la misma como cuando sumerges la cabeza en el agua y luego sales a dar un jalón de aire. En este caso era al revés, salía al bosque aguantando la respiración y entraba corriendo a casa para respirar, comprobar que aún permanecía mi temor intacto. Intenté escucharlo y así familiarizarme con él, pero esto fue un rotundo fracaso, cada pisada sobre la hojarasca, cada agitación de ramas, cada silencio, me daban un motivo para temerlo más.

Lago Zirahuen
El bosque al lado del lago Zirahuen. Foto: Cortesía

Hasta que llegó una noche, de esas iluminadas por la luna. Llovía y nuestro auto se atascó antes de llegar a casa, no teníamos luz, tampoco batería en los teléfonos. En definitiva no podíamos quedarnos a mitad de camino, así que decidimos atravesar el bosque. La fronda de los árboles apenas nos dejaba imaginar el sendero. Temía, pero él aún más, y yo de Lazarillo comencé a dar pasos cortos, donde terminaba uno comenzaba el otro. Lento, no quería resbalarme, llevaba unas sandalias que me dejaban sentir la hierba mojada, olía a ese frescor. Agarrado de mis hombros, él insistía en que no veía nada. Yo tampoco. Cerraba los ojos y aparecía el mapa del lugar y trataba de imaginar el punto en el que estábamos. No sé cuánto tardamos, solo vimos la luna sobre una porción de terreno, nos detuvimos en esa claridad, nos regocijamos en ella. La casa estaba justo enfrente.

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Todavía sucede que me veo en medio del bosque, incluso a propósito voy a su encuentro y no hay una conversación, no hay una historia, solo una manera de estar, de respirar la humedad, de ver la luz sobre el vaivén del agua. Aparentemente es el mismo y sin embargo, sé que el bosque y yo somos distintos.

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