Mesita de noche

MESITA DE NOCHE | Espejo diario

Los fuereños se deslumbran creyendo que es el paraíso porque sólo ven la postal de lago enmarcado por cerros, porque en la mesa tienen servida una cerveza y charales fritos recién pescados, porque los tranquilizarán  diciendo que aquí no pasa nada que eso que se dice es cosa de otro mundo, no de este espejo diario en el que se miran y en el que ahora miramos nosotros.

Zirahuén Michoacán 23 de marzo (MaremotoM).- Una cabaña en medio de un bosque, enfrente de un lago, no basta. Hasta aquí llegan los perros callejeros del pueblo la música banda, los gritos eufóricos, aquí llegará también el coronavirus. La gente es incrédula porque considera que es un problema de las ciudades, no de un pueblo tan pequeño como el suyo, donde hay más espacio, donde el aire es más puro, pero seguro llega y en Zirahuén, como en muchas de las comunidades del entorno rural, sólo existe una clínica de atención primaria, dudo que haya respiradores o cualquier otra medida para atender a la gente en caso de emergencia.

Mesita de noche
En este lugar eso del virus y de guardarse en casa es cosa de fuereños, porque quien no sale no come. Foto: Cortesía

En este lugar eso del virus y de guardarse en casa es cosa de fuereños, porque quien no sale no come. Ayer por la tarde de camino a Santa clara pudimos observar partidos de fútbol, parroquias y tiendas abiertas, la plaza llena y gente en la calle como cualquier otro domingo. Nosotros, simples fuereños, vimos todo con asombro desde la ventanilla del carro y cuando tuvimos que descender para hacer una última compra, volvimos espantados a ponernos gel antibacterial en las manos. Un gesto así, en este contexto, es casi ridículo.

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Nosotros pensamos lo mismo, más espacio, más aire puro. Por supuesto, no es garantía y el paraíso que conocieron los anteriores dueños de la casa que habitamos no tiene nada que ver con el entorno de ahora, en el que es más común ver extensiones de bosques deforestadas por la plantación de zarzamora o aguacate, casas, cabañas, terrenos rústicos.

Un recorrido en torno al lago nos ofrece ese paisaje.

Los fuereños se deslumbran creyendo que es el paraíso porque sólo ven la postal de lago enmarcado por cerros, porque en la mesa tienen servida una cerveza y charales fritos recién pescados, porque los tranquilizarán  diciendo que aquí no pasa nada que eso que se dice es cosa de otro mundo, no de este espejo diario en el que se miran y en el que ahora miramos nosotros.

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