David Castañeda

MESITA DE NOCHE | Fiel a su espejo diario

Zacatecas, 23deenero (MaremotoM).- El año no termina por arrancar para mí, ha transcurrido prácticamente el primer mes y no logro instalarme cómoda en este dos cero dos cero. No hice propósitos, tampoco pedí deseos, de hecho tomé la precaución de lavar las uvas y guardarlas para la cena y en el momento justo, nadie reparó en ellas. No celebramos con familia, ni siquiera cocinamos, lo hicimos a la orilla del lago Zirahuén en medio de desconocidos y sin mayores pretensiones. La sidra fue lo último en abrirse y no bebimos ni media botella. Para mí fue la mejor forma de celebrar un año nuevo. Justo ese día me hice el propósito de terminar Bitácora de un desasosiego de David Castañeda (Instituto Zacatecano de Cultura, 2019), un libro donde corre el agua y se construye a partir del recuerdo de cuerpos cubiertos de sal, de ángeles untándose bloqueador en los camastros y de cantos de pescadores para atraer a los peces. ¿Es que acaso cantan? En el libro de David sí y él mismo se une al coro, a través de una voz resignada y finita, porque a pesar del inconmensurable mar, él se mira a si mismo en un cuerpo mortal, mira a sus hijos a contraluz jugando en la playa y se ve postrado en una cama de hospital con un solo recuerdo: “con mi familia tendida en la playa/ las cubetas los castillos de arena / y así desearé irme, con esa imagen/ desde ahora fijada en las estrellas”.

David Castañeda
El joven poeta fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde en el 2015. Foto: Cortesía

Un hombre fiel a su espejo diario, que ama a la misma mujer, que renueva su amor en un beso conyugal y en un buenos días, un hombre que mira desde el marco de la ventana y en su reflejo reconoce a su padre: “Que yo aprenderé cuando crezca y dejaré de juzgar su melancolía. Que no existe nada más que el día-a-día más acá de la ventana. Uno supone”. El hombre que quiso ser italiano pero que es mexicano-melancólico, que de todo su cuerpo terrenal teme perder sus ojos. En el fondo no se trata de un desasosiego por los días no vividos, sino por los que transcurrieron. “Y todo está tremendamente vivo…/el negocio de uvas para diciembre / el mondadientes en la encía hinchada / la ropa sucia del fin de semana / los ajos agitados en un frasco”. Sí, todo luce tremendamente vivo desde la terraza de Zirahuén, su viveza es desconcertante para nosotros, simples fuereños. Solo basta mirar al cielo y observar el balanceo de los árboles, ver el lago, unas veces espejo, otras turbulencia, otras niebla. Todo esto contenido en el sonido del motor de un camión aguacatero que nos devuelve a la realidad. Y al perro callejero que ha logrado burlar la reja y se lanza en una lucha amistosa con el nuestro. Desde esta porción de bosque, desde este mundo imaginado, puedo vislumbrar la sombra del poeta en este su tercer libro. Así concluyo el año, así lo inicio también.

Comments are closed.