Mesita de noche | Ídolo de papel

Zacatecas, 31 de marzo (MaremotoM).- Por más austero que sea el mobiliario, una mesita de noche es indispensable. En los momentos de transición en los que me ha tocado improvisar un espacio para descansar, más que un lecho suave y cómodo, hecho en falta este elemento. Son repetidas las ocasiones en que extiendo mi brazo y trato de palpar una mesa invisible, buscando cualquier cosa que me ayude a transitar la noche, un vaso con agua, una pastilla, un ungüento, un libro, una libreta o una luz. La misma que se enciende en medio de una habitación oscura y nos da esa visión desnuda de las cosas, que pone de manifiesto los defectos de la pintura, que devela el clavo vacío, el montón de ropa sucia en una esquina y los sonidos que bajo esa luz cobran otro cuerpo. En medio de la noche es que la mesita aparece como una isla de sosiego o como un punto que nos fija en el lugar en donde estamos. La mía, que cambia y se construye a través del flujo constante de los libros, luce en la cúspide Hemeroteca (Universidad Autónoma del Estado de México, 2018) de Raúl García Rodríguez, galardonado con el premio internacional de poesía “Gilberto Owen Estrada” en su emisión 2017-2018.

Mucho se habla de la desaparición de la prensa convencional, por supuesto, me refiero al periódico en su versión impresa. En mi caso, crecí con esa experiencia cuando mi padre nos llevaba cada domingo a comprarlo junto con pan recién horneado. Había que salir de puntitas, para no despertar a mamá, ese día todo era distinto, no había autos y eran pocas las personas en la calle. Mi hermano y yo hacíamos el recorrido muy atentos, aguzando cada sentido, reparando en cada detalle y el paseo culminaba en una placita donde mi padre se sentaba a leer mientras nosotros comíamos pan.

Hemeroteca. Fotografía: Yolanda Alonso

Dividido en cinco apartados Hemeroteca se escribe a partir de epígrafes extraídos de diversas fuentes periodísticas desde The Washington Post hasta El Centinela, periódico de nota roja que circula en Zacatecas. El autor, abstraído en su rutina cotidiana, la del observador y escribiente, se fija de pronto en salmones congelados / envueltos en periódicos antiguos / y cordeles de áspera textura y nos sumerge en un mundo táctil, envuelto por periódico que ocultaba o protegía la mercancía y al placer que daba llegar a casa, desatar el nudo o bien el doblez y observar el mundo.

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Porque es involuntario no leer la aparición de cabezales y notas secundarias, lectura fascinante y azarosa, que hace del fragmento de realidad y de noticia parte del poema: En el Instituto Tecnológico de California descubrieron el gen que incrementa el sueño de los peces (Notimex). De tal suerte que Raúl va conformando su propio corpus de realidad, una plana donde podemos constatar hechos, si se quiere contradictorios y asombrosos, que nos hacen dudar en dónde comienza la recreación del poeta que los ciñe y los desata, para obsequiarnos un encuadre completo de aquel campesino que encontró entre las plantas de arroz los huesos del Dragón de barro o el de la mujer que decide lanzarse al canal mientras un niño cuenta con los ojos cerrados, esperando a que los ahogados salgan de su escondite.

Raúl combina la metáfora, el mundo doméstico e infantil con la pesada realidad de nuestros días y lo criba a través de un discurso que se deja leer de la misma forma en la que detenemos el paso un par de segundos para leer los titulares del día en el puesto de periódicos, asentir o hacer una mueca constreñida y continuar nuestro camino.

La lectura ineludiblemente me remitió a esa experiencia sensorial de los domingos, al santo olor de la panadería, al crujir del papel al cambiar de página, y a los dedos manchados de tinta. Un ritual al ídolo de papel que va quedando en el pasado.

Hemeroteca se encuentra disponible para su descarga en acceso abierto en http://ri.uaemex.mx/

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