Yol Alonso

MESITA DE NOCHE | La escritura y las dimensiones de lo interior

Puga es un ejemplo de convertir este proceso en algo igual de natural y de vital como alimentarse o respirar. Pero para nosotros, simples mortales, que podemos sobrevivir de instante en instante a través del despliegue de estados y ventanas sin darnos la oportunidad de interiorizarnos, la escritura puede jugar como nuestra aliada. Motivos hay muchos, una emoción, una canción, una fotografía, un recuerdo, una prospección pueden tomar cuerpo de un texto y develar o aclarar cosas antes ocultas.

Ciudad de México, 17 de octubre (MaremotoM).- Sobre esta mesa extiendo el mediodía, la misma que arrastro hacia un fondo blanco para poder desplegar la pantalla y conectarme al salón de clases. La sesión debería comenzar aclarando ¿dónde está el salón de clases? ¿En el conjunto de sonidos, caracteres e imágenes que se van proyectando? ¿En la intimidad de una habitación a puerta cerrada bajo la advertencia de no abrir? ¿En el espacio que se crea justo entre esa puerta, el cuerpo, la silla, los audífonos, los oídos, la vista y la pantalla? ¿Dónde ubicaríamos ese espacio, entre la puerta y el cuerpo, entre la vista y el dispositivo, en el oído, en el tacto de los dedos índice y pulgar? No hay una sola respuesta.

Yol Alonso
Para mí el salón encuentra su forma física en una libreta. Foto: Cortesía

Para mí el salón encuentra su forma física en una libreta, la pregunta no espera ¿puede ser digital? No. Tiene que ser real, con el formato, tamaño, apariencia y textura que ustedes prefieran pero un objeto físico sobre el que se deslice la pluma ¿Hace cuánto que no escribimos con lápiz y papel, meses, años? Los dedos se comportan torpes, se sienten duros y se desconoce ese movimiento de la línea, ese encuentro nos choca de principio, queremos mirar hacia otro lado, dar siguiente en la playlist, beber un sorbo de café, evadir el espacio que se abre frente a nosotros.

Una vez superada esa primera resistencia, nos aventuramos a escribir una frase, en la que no tarda en aparecer el primer tachón y ese error nos confronta todavía más, no hay un delete que restablezca el blanco en la página, que oculte nuestras dudas, nuestra vulnerabilidad. El tachón se queda como testigo de un proceso orgánico como lo es la escritura. Más allá de una habilidad para comunicarnos la escritura se trata de una poderosa herramienta para la interiorización, la restauración y el ordenamiento de nuestra mente. Pocos son los momentos en que la utilizamos para tener ese espacio de desahogo y lucidez.

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Recuerdo a Toru Watanabe, protagonista de Tokio blues cuando confesaba que para aclararse cualquier situación tenía que escribirlo en una libreta y así entender lo que le estaba pasando. Recordemos también el ejemplo de la escritora María Luisa Puga, quien al fallecer dejó un legado de más de 300 diarios y el mismo Isaac Levín, quien fuera su compañero de vida, confirmara la compulsión de la autora por cribar la realidad que la rodeaba a través de la escritura.

Yol Alonso
Puga es un ejemplo de convertir este proceso en algo igual de natural y de vital como alimentarse o respirar. Foto: Cortesía

. Pero para nosotros, simples mortales, que podemos sobrevivir de instante en instante a través del despliegue de estados y ventanas sin darnos la oportunidad de interiorizarnos, la escritura puede jugar como nuestra aliada. Motivos hay muchos, una emoción, una canción, una fotografía, un recuerdo, una prospección pueden tomar cuerpo de un texto y develar o aclarar cosas antes ocultas.

El salón de clases se materializa en el primer ejercicio de escritura, tomar una frase al azar y desarrollar un texto. Yo hago lo propio, alcanzo al vuelo el siguiente verso: “Todos huimos, pero todos regresamos”. ¿A dónde regresamos? En mi caso a esa libreta, distinta cada vez y al mismo tiempo una sola, a ese ciclo donde emprendo el trazo una y otra vez, donde eludo y vuelvo a confrontar. Con los dedos torpes y duros, con la expresión tosca y empolvada, emprendo nuevamente el proceso de unir las partes en algo coherente, en cuerpo, en escritura.

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