Mesita de noche

MESITA DE NOCHE | Las historias del abuelo

La historia logra su redondez y lo hace como si de un soplo de palabras se tratase, nos brinda la misma sensación de haber estado una tarde escuchando las historias del abuelo, tan lejanas en el tiempo, tan distintas a nuestra realidad pero al mismo tiempo tan fascinantes y disfrutables como estas narraciones del viento.

Zacatecas, 12 de marzo (MaremotoM).- Las narraciones del viento. El beso (Caligrama, 2018) de José Carlos Mireles Charles es una ficción en la que dos deidades Xafirinchas y Xocar, se arrebatan el control del pueblo y de los habitantes de Xochtitlán. El primero imponiendo una gélida tiranía y el segundo propiciando un ambiente más cálido y haciendo brotar la vegetación. El beso se convierte tan solo en un pretexto para contar la historia de las villanías de Xafirinchas y los constantes auxilios de Xocar para tratar de salvar al pueblo.

La relación de estos dos personajes bien podría ser analogía de la relación que existe entre hermanos. Christine Dowing en su ensayo “La sombra compartida por los hermanos”, compendiado en el excelente libro Encuentro con la sombra (Kairós, 2014), pone de manifiesto como esta relación no ha tenido la misma relevancia que la de padres e hijos, ya que se ve al hermano como un par, sin embargo, ahí radica su importancia, en el sentido que se convierte en un referente de definición, de individuación y de compresión de la otredad. Yo soy lo que tú no eres y que al mismo tiempo deseo ser, pero que me veo imposibilitado a ser. Aunque no son hermanos de sangre si comparten rasgos en común al tratarse de deidades con características extraordinarias, entre otras, la de no envejecer, son también el opuesto uno de otro en cuanto a personalidad y propósito. Representan, por así decirlo, el bien y el mal, y permanecen invariables en su papel en el transcurso de la novela. Personalmente me hubiera gustado ver momentos de confusión y titubeo entre ambos, donde las características se compartieran o de alguna manera se pusiera de manifiesto la admiración o temor por el otro, más allá del antagonismo que ya es evidente.

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El beso. Foto: Cortesía

La narración que hace el abuelo a su nieta Erika para responder a la pregunta de dónde nace el beso es también pretexto de digresión para recrear un ambiente mítico, a veces envuelto en tiniebla a veces luminoso, con tiempos de bonanza y algarabía y otros de sequía y hambre. Además de los cambios que suceden en el exterior del pueblo, los habitantes son sujetos de todo tipo de transformaciones; chucholones, lodos, aletias, lloronas, congelados y enmascarados, todos enfrentan con rebeldía la misión o tarea a seguir, en algunos, esta misma rebeldía los conduce al éxito y a otros los condena. Se trata de un discurso rico en metáforas que aluden a estados e imposibilidades del alma, aunque los personajes son numerosos, al igual que los temas que desarrolla, el autor conserva un mismo hilo que el lector puede seguir fácilmente. La lectura sirve como esparcimiento pero deja también muchos cabos que atar como el discípulo de Xafirinchas, Televiso, quien con la cabeza cuadrada y luminosa, atrapa y ataranta a cualquiera. Televiso, aunque salido de la ficción bien podría seguir haciendo de las suyas a través de las pantallas luminosas y rectangulares que nos acompañan siempre, al igual que el discípulo nos adulan y nos ofrecen en muchos casos un reflejo distorsionado.

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La historia logra su redondez y lo hace como si de un soplo de palabras se tratase. Foto: Cortesía

Cuando se piensa en el beso se piensa en los amantes y no en un acto fraterno, en un gesto cálido que es capaz de devolver la vida, de liberarnos y despertar del congelamiento en el que muchas veces estamos sin ser conscientes de ello. La historia logra su redondez y lo hace como si de un soplo de palabras se tratase, nos brinda la misma sensación de haber estado una tarde escuchando las historias del abuelo, tan lejanas en el tiempo, tan distintas a nuestra realidad pero al mismo tiempo tan fascinantes y disfrutables como estas narraciones del viento.

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