MESITA DE NOCHE | Retorno

En ese mismo instante, en ese mismo edén, Ilidio y Adelaide, juraron amarse, él repitió el gesto, como prenda entregó el libro, cien escudos y una paloma. Su amor se ve interrumpido por un viaje forzado a Francia, allá van los dos, uno detrás de la otra, pero sin encontrarse nunca en la ciudad de la luz, no hubo tal glamour para ellos. Lo que hubo fue una vida de trabajo que cobraba sentido una vez que llegaba el verano y podían regresar a Portugal, al pueblo.

Zacatecas, 15 de junio (MaremotoM).- Esta es la historia de Libro, la que se cuenta en un libro, que por cierto, se llama Libro (José Luís Peixoto, Arlequín Editorial, 2018). No hay nada rebuscado en ello, tan solo la vida de un hombre en la sucesión de páginas. En el principio la madre coloca el objeto en las manos del hijo, importa poco el título o el autor de la obra, tan solo el gesto de entregarlo como inicio de una nueva historia, la de Ilidio sin su madre, la de Ilidio con Josué, el albañil. Este mismo objeto se convierte en el vehículo del amor y no es precisamente a través de una lectura concienzuda por parte de los amantes que se empeñan en descifrar mensajes ocultos entre palabras. O sí, pero a través de la anotación que se hace al margen de una página o, mejor aún, como la interpretación de una carta náutica, si es que alguna vez necesitamos de una, seremos afortunados.

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Esta es la historia de Libro, la que se cuenta en un libro, que por cierto, se llama Libro (José Luís Peixoto, Arlequín Editorial, 2018). Foto: Cortesía

El gesto cobra realidad a través de la forma, peso, forros, probablemente olor y el tacto áspero de las hojas. Ejemplos de ello podrían ser: con este libro te digo escucha, me gustas, quiero conocerte o te llamarás Libro. Sobra decir, pero no esta demás recordar, que a Libro le molesta la tonta pregunta del título. No se necesita un nombre para enunciar la vida, soy cuidadosa al usar esta palabra porque no quisiera ser reprendida por el narrador, por supuesto, no quiero caer en la trampa de la enumeración,  pero sí en la trampa de la lectura, una que permanece y que se impregna con el rocío de los huertos, con el polvo que levantan los pasos sobre el camino de tierra, con la voz de un hombre en lengua portuguesa que dice, que afirma, que acredita estar aquí, que todavía estamos aquí. Me pregunto si él caerá en la trampa del lector(a).

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En ese mismo instante, en ese mismo edén, Ilidio y Adelaide, juraron amarse, él repitió el gesto, como prenda entregó el libro, cien escudos y una paloma. Su amor se ve interrumpido por un viaje forzado a Francia, allá van los dos, uno detrás de la otra, pero sin encontrarse nunca en la ciudad de la luz, no hubo tal glamour para ellos. Lo que hubo fue una vida de trabajo que cobraba sentido una vez que llegaba el verano y podían regresar a Portugal, al pueblo.

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Lo que importa, en todo caso, de lo que se cuenta en estas páginas, son los retornos y lo que se fraguó en cada uno de ellos. Foto: Cortesía

Lo que importa, en todo caso, de lo que se cuenta en estas páginas, son los retornos y lo que se fraguó en cada uno de ellos. El ciclo continua, la madre que posa un libro en las manos del hijo, esta vez revelando el pasado que da origen a Libro. Corrijo, quizás sea necesario un subtítulo, Retorno, como un homenaje al regreso que emprendemos siempre y que da sentido incluso, a la misma lectura en la que retrocedemos un párrafo, una página, para tratar de entender esto que tenemos de frente: Vida.

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