Ventanas

MESITA DE NOCHE | Ventana

Cada tarde entreabro las dos cortinas y observo los árboles, el bambú y la buganvilia que sobresalen del patio del vecino de enfrente, he llegado a pensar que me recreo más yo en la vista de su jardín que él mismo.

Ciudad de México, 21 de mayo (MaremotoM).- Huimos del campo a la ciudad en medio de la pandemia, el aire se hizo pesado para nosotros en medio de esa porción de lago y bosque. No sabíamos como enfrentar las cosas desde ahí, nunca hemos pasado más de dos semanas sin conexión a internet, sin ver a tanta gente querida, sin palpar las ondas del agua. Ni siquiera hemos pasado a ser fuereños, seguimos siendo esa fauna flotante de turistas que como llega se va. Regresamos a la ciudad a compartir vecindad ventana con ventana, muro contra muro, grito contra grito, poco nos falta para compartir el aliento. Nos sentimos absurdamente aliviados de vernos rodeados por el mismo entorno de casas, cielo, cerro, azotea, la misma torre, el mismo silbido del tren. No conocemos otra cosa y aunque así fuera, no sabemos estar de otra manera, más que contenidos en esta sucesión de referentes y apegos. Esto somos, el súper llega a la puerta de la casa y carraspeamos cada vez que se va la señal del módem.

En este confinamiento lejos de decir, de hablar, he preferido hacer lo mismo y contener lo más posible las palabras. He decidido observar a través de la ventana de mi improvisado estudio, donde no hay ni un librero, en su lugar, una caja con media docena de libros. El escritorio está cubierto por un mantel bordado que nos obsequiaron el día de nuestra boda, pero que no era de la medida del comedor; a la izquierda una lámpara de mi abuela, es opaca y ha perdido algunos cristales, pero aún conserva su luz; una foto de mi bautizo, mi abuela me sostiene y mi madre aparece en el fondo; tres libretas, todas con anotaciones que intentan agruparse bajo una sola categoría, este es un ejercicio de máximo cuidado para mí, quien revuelve bocetos de escritura con pagos pendientes y listas del mandando; un ejemplar de 1984 de Orwell, el separador sobresale en la página 255. Al fondo de la habitación, nuestra ropa organizada y una bicicleta estática en la que ando 20 minutos al día. No se trata ni siquiera de un lugar exclusivo de la casa, tampoco posee un toque especial, es bastante ordinario y no es más que el reflejo del transcurrir, sin embargo, me siento feliz en él.

Te puede interesar:  En FIL Guadalajara con "Al pie del Támesis", una obra de Mario Vargas Llosa 
Ventanas
En este confinamiento lejos de decir, de hablar, he preferido hacer lo mismo y contener lo más posible las palabras. Foto: Cortesía

Cada tarde entreabro las dos cortinas y observo los árboles, el bambú y la buganvilia que sobresalen del patio del vecino de enfrente, he llegado a pensar que me recreo más yo en la vista de su jardín que él mismo. Observo la sombras, la agitación, las palomas asomando la cabeza de vez en vez en mi porción de ventana. Veo, respiro, exhalo y no ansío nada en particular, salvo la calidez del sol sobre mi espalda.

Comments are closed.