Guillermo Fadanelli

“México es una tumba habitada por miles de personas”: Guillermo Fadanelli

El escritor aburrido ha publicado El hombre mal vestido (Almadía), una novela que narra la vida y la muerte de Esteban Arévalo, el hombre mal vestido y que despierta la más profunda desconfianza entre sus vecinos del barrio de Tacubaya.

Ciudad de México, 28 de agosto (MaremotoM).- Guillermo Fadanelli ha hecho una novela clásica. Trato de recordar cómo fueron sus anteriores obras y reconozco que en esta es visible el autor, pero también es visible todo lo vivido por él.

Pareciera ser que este haber llegado a los 60 años, reflexionado en gran parte por lo sucedido, con un alma de filósofo, lo ha convertido en un testigo omnisciente de nuestra realidad.

Por supuesto, mencionárselo es un poco gastar palabras, porque él ahora está preocupado por la Champions, enfrascado en alguna lectura (seguro que será Arthur Schopenhauer) y mirando con cierto escepticismo este libro que es también un producto de mercado.

Esta historia del desencanto es algo que envuelve a Guillermo, probablemente como uno de los autores más lúcidos de nuestra literatura envuelta como está entre los líos del mercado y la desorientación de libros mal escritos que acceden a la “cima” del éxito. Fadanelli está afuera de eso. Es frecuente que le lleguen rumores, dimes y diretes del mundo “ilustrado”, pero con ese eterno mirar adolescente por encima de los hombros, él pasará y nos dirá casi en secreto que esta realidad no existe o que este tratar de ver el futuro es creer que la propia muerte no sucederá.

El escritor aburrido ha publicado El hombre mal vestido (Almadía), una novela que narra la vida y la muerte de Esteban Arévalo, el hombre mal vestido y que despierta la más profunda desconfianza entre sus vecinos del barrio de Tacubaya.

También está el narrador de la historia, Blaise Rodríguez, que a veces se confunde con Esteban en una novela que el autor calificará de “loca”.

Guillermo Fadanelli
El hombre mal vestido, editada por Almadía. Foto: Cortesía

–Disfruté mucho la novela y creo que esta novela es demasiado clásica.

–Tú sabes que un escritor o por lo menos yo, se la pasa escribiendo las mismas novelas siempre. Hay obsesiones que están aquí y que están en mis novelas pasadas. Como no llevo las riendas de mi novela, estoy bastante distraído y condenado. Tengo oficio, pero siempre me parece consecuencia de una imaginación que a veces no reconozco. Esta novela El hombre mal vestido sí puede pertenecer a la categoría de la novela clásica, tiene un principio, tiene un final, creo que se lee bien.

El hombre mal vestido tiene también una carencia de ansiedad, estás escribiendo muy tranquilo tus novelas…

–Por supuesto. Esteban Arévalo es, además, un hombre aséptico. Estar al tanto es una de las formas más completas de la ignorancia. No hago vida social en la literatura, me recluyo a escribir y cuando escribo, la novela es para mí una mentira verdadera. La construcción de una alternativa a eso que llamamos realidad. Me aburro. Es una novela escrita por un escritor aburrido, pero también curioso. Para mí es posible relacionar el aburrimiento con la curiosidad.Guillermo Fadanelli

–Ese personaje Blaise Rodríguez, cuando aparece diciendo que va a contar toda la historia, es también un poco provocar a la literatura

–Sí, porque al final se confunden ambas voces. Más bien parece el diario de un loco, sí hay una preocupación en esta novela que es la multiplicidad del yo. ¿Por qué creemos ser consecuencia del pasado? ¿Por qué somos tan arrogantes como para ver que tenemos un futuro y que podemos construirlo? Hay una resignación muy a la Schopenhauer y apartamiento, un desprecio a dejar huella. Esteban es un observador, no sólo de la realidad, sino sobre todo es un observador de él, de cómo se va transformando todos los días. ¿Cuántas personas hay en una? No hay bipolaridad sino heterogeneidad de carácter. ¿En qué momento comienza a habitarnos la locura? ¿En qué momento comenzamos a sentirnos desplazados por una cantidad de seres que adivinábamos o pensábamos ser? Eso me llevó a querer escribir esta novela.

Te puede interesar:  Patti Smith, la madrina del punk, es el centro de dos libros recientes

–A pesar de ser una novela tan clásica también parece una distopía cuando dices que la realidad es algo que pasa, independientemente de la raza humana y de cualquiera que pase por aquí

–Así es. Es una pregunta y es una duda que ha ocupado el tiempo de muchos filósofos. El mundo continuaría existiendo sin nadie que lo perciba. Esteban Arévalo piensa que cuando él muera, el mundo se irá con él. Que nada quedará, todo es sufrimiento, por eso uno de mis escritores preferidos es Fiodor Dostoievski, porque en él el sufrimiento es una forma de comprender el mundo. El mundo para Esteban Arévalo no existe, es consecuencias de su imaginación, por eso va un poco más allá del bien y del mal. ¿Qué importancia tiene matar o no matar? Por eso más que un libro ético es una especie de moral en plena desaparición.

–Esa moral dicha en un país como México, donde a veces matar o no matar es producto de un suspiro, ¿te proporciona alguna reflexión?

–Por supuesto. En la novela la muerte tiene permiso, como la novela de Edmundo Valadés. Esta ciudad es ingobernable, yo la he vivido, la sufro, me acompaña, no creo que tenga ningún tipo de redención. Es una tumba habitada por miles de personas. Tengo mi posición política que se resume en este libro de una manera: yo no los dañaré. Tengo ideas políticas, de la democracia y de los tiempos modernos y desearía que las acciones de los ciudadanos y de los gobernantes estuvieran dirigidas al bienestar público. Mi personaje no es un actor político, sino alguien que hace bien desapareciendo. Cada vez que te mueves, haces daño. Cada vez que ocupas un lugar en el mundo, desplazas a otro, cada vez que te haces rico, los demás se vuelven más pobres. El de Esteban de desaparecer y de confinarse de esa plaga llamada humanidad.

Guillermo Fadanelli
Más bien parece el diario de un loco, sí hay una preocupación en esta novela que es la multiplicidad del yo. Foto: Cortesía

–Antes hablabas de la ciudad y del país un poco más cercano, ahora noto cierto resentimiento

–No. Indiferencia y sobre todo experiencia. No guardo ninguna esperanza con respecto a las virtudes de mis contemporáneos. Recuerdo que cuando Herman Hesse se va a retirar, lo va a visitar Thomas Mann y encuentra un letrero en su casa: No son bienvenidos los seres humanos, ya los conozco lo suficiente, un hombre tiene derecho a trabar relación con la muerte. No es que me rinda, sino que conozco demasiado a mi ciudad y al ser humano. La conciencia es la tragedia del ser humano. Trato de ser rebelde e incómodo, pero tampoco guardo esperanza.

–Esteban Arévalo se mueve en Tacubaya y lo que él llama la gran fosa común que es la Ciudad de México, ¿Te inspiraste en Tacubaya, has recorrido esa colonia?

–En el siglo XIX era uno de los lugares más bellos, arquitectónicamente hablando, de la ciudad. El siglo XX la ha convertido en un conglomerado de malentendidos, donde la cultura no se respeta. Yo fui a la escuela en Tacubaya.

–Le haces un culto al vino

–Yo tengo muchos años tomando vino, así como eres una gran conocedora de futbol, pues tengo un cuarto de siglo tomando vino y comienzas a hacerte un gusto. Aunque en realidad lo que existe es la ausencia del gusto, aquel que te dice que sabe de vinos está contándote una dulce mentira para imponerla a los demás. El buen vino es el que te gusta, el que logras apreciar, el que compartes.

Comments are closed.