Vivir Quintana

Mi obra está destinada a pedir justicia y a la erradicación de los feminicidios: Vivir Quintana

Eso le pasa a Vivir Quintana, que es sin duda famosa de un día para otro, aunque ha luchado un montón de años para hacerse escuchar. Empezó a cantar desde muy niña, estudia guitarra desde los 12 años y desde entonces descubrió que lo suyo era la música.

Ciudad de México, 19 de diciembre (MaremotoM).- Una de las canciones que más se han escuchado este año de la pandemia en México ha sido precisamente “Canción sin miedo”.

Su autora, Vivir Quintana, la estrenó en el concierto del zócalo de la Ciudad de México con Mon Laferte y 40 mujeres más. Pronto vendría la pandemia.

Hemos entrevistado a la cantante para la revista de Interjet, donde colaboramos, que está en el número de diciembre:

Cuando concluye el documental Las tres muertes de Marisela Escobedo, dirigido por Carlos Pérez Osorio, se escucha una canción potente, de esas que hieren aún más que las imágenes que dejamos de ver. Bueno, todo es un decir, hay que pasar por esa película para sentir un poco de vergüenza y de indignación en un contexto donde la injusticia y la impunidad han dejado miles de muertas y muchísimos huérfanos.

Los feminicidios nos han dejado helados y a estas alturas ya no podemos hablar que algunos de los gobiernos, de cualquier signo, se haya preocupado por las mujeres (son casi 64 millones las que viven en México). Lo cierto es que muchas de las cantantes oriundas de este país levantan la voz como si fuera un vozarrón y gritan sus canciones como si apuñalaran el aire con una cimitarra.

Eso le pasa a Vivir Quintana, que es sin duda famosa de un día para otro, aunque ha luchado un montón de años para hacerse escuchar. Empezó a cantar desde muy niña, estudia guitarra desde los 12 años y desde entonces descubrió que lo suyo era la música.

Hija de dos padres normalistas, a ella jamás la lucha social, el derecho a la educación, le resultaron indiferentes. Aunque creció con un privilegio donde su voz era respetada, nunca la hicieron que se quedara “al otro lado de la raya”, cuando salió al mundo se dio cuenta de que las cosas no eran así.

“Tú no nos caes bien porque te portas como un hombre”, le decían sus compañeras de colegio. Se dio cuenta de ese modo que “era la reacción frente a un comportamiento no esperado. Las mujeres tienen que hacer una cosa y los hombres otra, las mujeres no pueden subirse a los árboles y los hombres sí”, dice esta compositora a tiempo completo, que ahora vive en la Colonia Escandón, un sitio al que también le fue difícil llegar.

Nació y creció en el pueblo llamado Francisco I.Madero, en Coahuila, un lugar muy pequeño, las calles sin pavimentar y para estudiar música, la preparatoria, la universidad, tuvo que salir de su casa.

Cuando llegó a la ciudad se quedó en Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, era lo más que sus padres pudieron pagar. Allí conoció a Rosie, a la que hoy llama “tía” y en ese momento “olvidó” darle unas referencias de vecinos que en la capital no tenía, hasta que pasaron los días y Rosie decidió que era buena chica y que no tenía que darle ninguna recomendación.

Quemando las páginas de la sección amarilla, pasaron una vez una noche, escuchando música y haciéndose amigas.

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“La ciudad me dio mucha ansiedad, me perdía mucho, confundía las dos grandes avenidas, Reforma e Insurgentes, poco a poco fui armando el rompecabezas de México”, dice.

La música fue un camino difícil. Encontró un trabajo en producción, luego uno en estudios de mercado (donde iba a los cines a controlar los anuncios publicitarios), lo que le permitió mudarse a su departamento de hoy.

Pasaron dos años, seguía componiendo, trabajando en estudios de mercado y cuando ya estaba un tanto desmoralizada, vio al artista Juan Solo en la televisión, donde él hablaba de una academia de música, que quedaba por Coyoacán, de la Sociedad de Autores de México.

CUANDO VA A LA SOCIEDAD DE AUTORES

Cuando mandó las canciones a la academia, la llamaron para una presentación, llegó a un lugar donde había muchísimas personas esperando, pero se dijo a sí misma: “Es ahora o nunca”.

Hizo la audición con una canción que se llama “Herida”, en ritmo de música regional mexicana.

“En la academia fui aprendiendo a no dejarme comer por mis propias expectativas. Uno tiene que seguir trabajando y esperar que las cosas pasen”, afirma. Hoy es una de las grandes cantantes de México y tiene un gusto amargo.

Por un lado, está feliz del momento que atraviesa su carrera, pero también está “horrorizada” por el documental al que a ella le ha puesto su canción.

“Lo vi y me deshice. Lo vi tres veces y todas esas oportunidades me hicieron un hueco. Como artista independiente buscamos la exposición, que nuestra música sea conocida, pero tengo sentimientos encontrados”, afirma.

“Gracias a Mon Laferte hice la canción. Cuando la conocí hablamos mucho de la violencia de género. Luego me llamó para contarme que tenía un concierto en marzo en el zócalo y que hiciera un tema para que lo cantáramos juntos. Un tema, claro, que hablara del feminicidio”, cuenta.

Vivir Quintana
En mi búsqueda de coherencia mi obra está destinada a pedir justicia y a la erradicación de los feminicidios. Foto: Cortesía

Mientras prepara un compilado de corridos donde hablan de mujeres presas por haberse defendido de la violación y el abuso, Vivir Quintana se encuentra “exhausta y muy agradecida”. Ahora tiene muchas cosas que hacer, convencida como está de que “los artistas deben ser muy congruentes con el mensaje que dan”.

“En mi búsqueda de coherencia mi obra está destinada a pedir justicia y a la erradicación de los feminicidios. Esa violencia de género que estamos viviendo en estos momentos es terrible y me siento agradecida por todas las mujeres que han tomado esta canción para su consciencia, para hacer un reconocimiento propio”, dice Vivir.

“Una amiga me decía: gracias a la canción yo salí a marchar el 8 de marzo, pues se hizo viral unos días antes. Todavía no la habíamos estrenado en el Zócalo, pero yo la canté con el grupo El Palomar”, agrega.

Vivir Quintana dice haber sufrido mucho en su camino. Lloró demasiado, su padre le decía que si quería volver al pueblo que lo hiciera, pero que de todos modos tenía que echarle ganas a la música.

“Mi año fue el 2017, cuando me gané una beca muy buscada en México, la María Griver, que da el Auditorio Nacional y sólo la obtienen cinco personas cada año. Bueno, también que Mon Laferte ha sido como mi hada madrina”, concluye.

Fuente: Revista Interjet

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