Berlín

Mis días en Berlín

Los retretes son una broma. Parece que cagas en una bandeja sin agua para observar a detalle el aroma y la medida. Y luego le jalas para que se vaya por un agujero negro. Pero esto ha sido ampliamente desarrollado por otros y todavía tengo ideas vagas.

Ciudad de México, 24 de febrero (MaremotoM).- Llegué a Berlín hace dos días para visitar a Mike. Estuvimos separados ¡once meses! por la pandemia y hubo que mover muchas cosas en la vida para llegar aquí. Fue un cansado juego de Tetris, oh sí. Hay cosas en la vida que se aferran a no ser movidas. La economía es tan frágil, los afectos son tan frágiles. Pero el amor de la familia y las amistades brindan energía, ayuda y buen soporte. Juntamos chingos de papeles y documentos para probar que estamos en una relación. Siempre existió la posibilidad de que el estado alemán no me permitiera la entrada, pues no había manera de pedir permiso por adelantado. Había que llegar con todos los documentos (más de diez), boletos de avión juntes, fotos, ingresos, etc, en migración y esperar el veredicto. “Ok, todo parece estar en orden. Disfrute sus días en Alemania”, me dijo un hombre mucho más joven que yo. Bendito.

Por ahora, debo permanecer encerrada durante cinco días, luego hacerme una prueba Covid para asegurarme de que no me contagié en el avión (un vuelo de terror con gente tosiendo y quitándose la máscara a la menor provocación). 48 horas antes de entrar al país me realicé un picón de cerebro para mostrar que viajaba sin el covicho. En teoría todos en el vuelo debimos realizar la misma prueba, pero mi paranoia desde que inició la pandemia siempre ha sido alta.

Berlín
Por ahora, debo permanecer encerrada durante cinco días, luego hacerme una prueba Covid para asegurarme de que no me contagié en el avión. Foto: Cortesía
  1. No sé si me gustan las crónicas de viaje, pero los contrastes que se viven, desde las cosas más mínimas, despiertan la curiosidad. Mientras estaba en la cocina una mosca muy negra y grande, heredera de la peste bubónica, se golpeaba en el cristal de la ventana. Al principio pensé que era una abeja, por lo gorda, pero se detuvo en el cristal unos segundos y cuando la descubrí mi empatía desapareció. Las moscas son todas idiotas. Abrí la ventana y rondó lo que no era la clara abertura. Las moscas de fruta, en cambio, son más pequeñas y perceptibles como un mosquito.
Te puede interesar:  Juan y Juancito: Lionel Messi se alza con su séptimo balón de oro

2. En mi camino del aeropuerto a la casa, observé que los semáforos tienen figuras extrañas. La luz roja parece un Yoda crucificado y a la verde aún no le encontré sentido.

3. Durante el último año tuve pesadillas donde me encontraba caminando por la calle cuando descubría que no tenía cubrebocas. Me daba ansiedad por la inseguridad de contagiarme. Y bueno, mi sorpresa fue ver, desde la ventana, que nadie en la calle usa cubrebocas. Me dice Mike que se los ponen para entrar a un establecimiento, pero la gente parece despreocupada en la calle a excepción de unas personas sensatas, las menos. Y pienso que esto en México es preocupante, que una se enoja con la gente que lo lleva mal puesto. Que somos millones caminando y conviviendo con un pésimo sistema de salud. Que sí hay gente insensata haciendo fiestas masivas, pero a escondidas, ¿no? Me enojé, la netflix. No quiero ni entrarle a la maraña de sentimientos que me provocó ver a la gente así de despreocupada cuando la crisis mundial está tremenda. En fin.

  1. Hace unos años que leí Cuaderno alemán, de María Negroni, y me encantaría recordarlo ahora para entenderlo, aunque en su momento no me gustó. Dejé mi libro en mi departamento, pero si alguien tiene el pdf rólelo para hincarle el diente.
  2. Los retretes son una broma. Parece que cagas en una bandeja sin agua para observar a detalle el aroma y la medida. Y luego le jalas para que se vaya por un agujero negro. Pero esto ha sido ampliamente desarrollado por otros y todavía tengo ideas vagas.
  3. Este hermoso espacio donde pasaré, espero, días plenos.

Comments are closed.