Eduardo Rabasa

“Mis novelas son neuróticas y mis cuentos son más bien psicóticos”: Eduardo Rabasa

“Estos cuentos reflejan mucho de la idiosincrasia mexicana en situaciones límites o absurdas”, dice al explicar su reciente libro de cuentos El destino es un conejo que te da órdenes (Pepitas).

Ciudad de México, 18 de enero (MaremotoM).- Tener en nuestras manos el tercer libro de Eduardo Rabasa, es apelar al goce de la imaginación, no sólo por parte de esos delirios que se le antojan al autor, sino también cómo contagia al lector y nos mete en una realidad paralela.

También es cierto que sus dos anteriores novelas y este libro de cuentos, El destino es un conejo que te da órdenes (Pepitas) nos lleva siempre a pensar en la realidad inmediata.

Hay humor negro, hay situaciones que se crea el escritor en su mente, pero también hay lineamientos con la realidad. Como si al hablar de los delirios, como ese borracho o ese niño que siempre dice la verdad, podemos hacer paralelismos con este Gobierno, con este país, con este mundo.

Un supositorio que deviene en un ingenioso sistema para controlar a los poderosos, una psicodélica despedida de soltero en Texas, una conspiración para llevar la subversión erótica a un colegio religioso, un político atrincherado en un videojuego o unas monjas apostando en un casino de Las Vegas son algunas de las ideas que componen El destino es un conejo que te da órdenes.

Narrados en primera persona, al leer estos relatos uno tiene la sensación de que todos sus protagonistas han mirado fijamente al abismo y están a un solo paso de la locura o de convertirse en Dios. Como en sus anteriores libros —las novelas La suma de los ceros y Cinta negra, también publicadas en Pepitas—, se mecen al compás de una literatura distinta y posible y pergeñan al escritor que es Eduardo Rabasa, nacido en Ciudad de México, en 1978.

 Eduardo Rabasa
Los cuentos se mecen al compás de una literatura distinta y posible y pergeñan al escritor que es Eduardo Rabasa, nacido en Ciudad de México, en 1978. Foto: Cortesía

–Este libro me da la sensación de que es una literatura bastante alejada de México y luego que lo termino comienzo a pensar en México insistentemente…

–No lo había pensado así. Cuando sale un libro, te toca hablar de él, especulas sobre cosas que no habías pensado al escribirlo. Hay grandes novelas, algunas de ellas muy buenas, muy enfocadas en los temas mexicanos, la migración, el narcotráfico, el feminicidio, las desapariciones y pues mis libros se alejan mucho de eso. Este libro de cuentos se aleja de las cuestiones políticas, pero me parece interesante cómo lo planteas, es que de alguna manera son cuentos y personas que quisiera pensar que reflejan mucho de la idiosincrasia mexicana, llevada a situaciones límites o absurdas o descabelladas. Los personajes masculinos reflejan una mentalidad misógina, muy de México.

 Eduardo Rabasa
Los personajes masculinos reflejan una mentalidad misógina, muy de México. Foto: Cortesía

–Los personajes son sumamente característicos…tu libro marca un poco ese “no poder pensar”

–A mí me gusta mucho el escritor inglés John Fowles y él siempre habla de esos personajes puestos en una situación límite. El coleccionista, por ejemplo, la chica no puede salir de ahí y ver cómo esa situación embarcaba su desarrollo, que es en lo que se convertía la novela. No sé si diría que es totalmente “no pensar”, pero lo que sí creo es que hay una especie de realidad predeterminada donde el margen de acción termina siendo muy limitado, la ida, las acciones, los pensamientos, por ejemplo, acaban siendo una cosa bastante inercial, bastante acotada por estructuras muy profundas. Lo veo mucho en los casos de masculinidad mexicana, que son bastante machistas y misóginos.

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–También plantean tus cuentos esa cosa de no poder escapar

–Es esta especie de realidad asfixiante. No es el caso de los personajes de mis cuentos, pero sí de millones de personas en una realidad como la mexicana. Tenemos que conseguir trabajo, conseguir vivienda, ver el tema de la salud, eso no deja mucho margen para el pensamiento. Eso, extrapolado a los cuentos, ves que los personajes están rodeados por estructuras muy rígidas de pensamientos.

 Eduardo Rabasa
Es esta especie de realidad asfixiante. Foto: Cortesía

–El hombre con el tema del supositorio y recordé estas lecturas primigenias…cuando uno empezaba a entrar en el mundo de la literatura, ¿estás tratando de volver a generar esa sorpresa literaria?

–Cada quien escribe en el registro que quiere y puede. Hay gente que escribe en registros más realistas. Mi registro tanto al nivel de escritura como de lectura tiene que ver con eso que tú dices: la sorpresa de la literatura. Son los libros que más me entusiasman. Para mí, lo que me sale naturalmente, es esta intención de abrir puertas o agujeros, como para usar la vieja imagen de Alicia en el país de las maravillas. Los cuentos equivalen a pequeños agujeros, a asomarnos a pequeños mundos, pero donde aquello que entenderíamos como realidad se pone de cabeza.

–Los cuentos te permitieron aplicar la realidad que ves en el cine, en la literatura, a tu realidad cotidiana

–Sí, totalmente, en comparación con las dos novelas, es un ejercicio distinto, porque hay una idea central alrededor de la cual se estructura toda la narración, en cambio los cuentos no, era pequeñas viñetas, pequeñas situaciones, trasladados a esas ocasiones absurdas. Dos o tres de los cuentos están inspirados en situaciones reales, hay otros cuentos que podrían leerse como el ejercicio de una imaginación descabellada y no es así.

 Eduardo Rabasa
Mis novelas son neuróticas y mis cuentos son más bien psicóticos. Foto: Cortesía

–¿Cómo te sentiste escribiendo cuentos?

–La verdad es que me gustó mucho la práctica de la escritura. No podría decir cuál me gustó más. Los cuentos, por una cuestión de intensidad y siempre digo medio en broma medio en serio, creo que mis novelas son neuróticas y mis cuentos son más bien psicóticos, proyecciones de una realidad fantástica de los narradores volcadas en la realidad. Esta psicosis narrativa me resultó delirante incluso a mí mismo en comparación con las novelas.

–¿Estos cuentos te encontraron mucho más escritor ahora que antes?

–No sabría bien cómo decirlo, pero sí tuve más experiencia y más oficio, sobre todo en comparación con la primera novela. Fue un proceso de escritura teniendo en cuenta la falta de proceso de escritura. Estaba escribiendo la novela, pero estaba muy inseguro, aquí con los cuentos han sido un ejercicio más libre, más suelto, de escritura.

–Hablas de una inseguridad, pero tienes una seguridad en escribir lo que escribes…

–Aquí voy a citar a mi muy admirado Luis Felipe Fabre, le preguntaron una vez que lo que escribía no era necesariamente lo que se estaba escribiendo y él respondió, que hay gente que lo está haciendo muy bien, que para qué se iba a meter en eso. Digo eso, hay gente que lo está haciendo muy bien, no me sentiría ni siquiera capaz para intentar escribir una novela sobre el narco, por razones técnicas y me abrumaría un poco abordar literariamente un tema de esa gravedad.

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