Rubén Matiella

MUSAS, 10 años y una ambiciosa colección de arte para Sonora

El próximo 19 de septiembre el MUSAS inaugura la exhibición Arte Mexicano Contemporáneo: Sonora 2.1, Apuntes para una Colección, con la cual el Museo de arte conmemora 10 años desde su polémica apertura. Entrevistamos a su director, Rubén Matiella, para escuchar el balance que hace de su trabajo frente al Museo y sobre la Colección que se ha armado.

Hermosillo, Sonora, 17 de septiembre (MaremotoM).- El Museo de Arte de Sonora (MUSAS) nació en medio de la polémica. Hace ya una década que se construyó sobre el que otrora fuera un pulmón de la ciudad de Hermosillo: el parque hundido. En aquel entonces ambientalistas indignados se manifestaron en contra de la propuesta emanada del gobierno priista de Eduardo Bours y su grupo IMPULSOR. Si bien la comunidad en general y los propios ambientalistas reconocían la necesidad de un espacio con la infraestructura que posee el museo, el lugar para su edificación no era el adecuado. Casi 300 árboles fueron removidos en una lógica incomprensible, teniendo en cuenta que Hermosillo es una ciudad desértica y una de las urbes más calurosas del mundo. Quitar uno de los pocos espacios verdes supuso, en aquel momento, poco menos que disparar en un pie a cada uno de los que habitamos esta ciudad.

Con la llegada del gobernador panista, Guillermo Padrés, el MUSAS cambió su dirección. En una etapa un tanto sorda (de no ser por la inauguración del lugar que fue con una retrospectiva del gran Tamayo) y quizá porque no tenía los instrumentos para hacerlo, la primera directora del recinto, Rosa María Hass, pasó sin pena ni gloria. Agregamos que aún la herida ambiental estaba muy reciente. La animadversión que generaba el espacio fue heredada por el que todavía sigue siendo director del recinto, el diseñador de joyas, empresario y coleccionista, Rubén Matiella. Quizá fui el primero en entrevistar a Matiella cuando llegó al MUSAS. Fue en enero del 2011. En aquel entonces me pareció una persona entusiasta y bien intencionada. Con importantes conexiones con empresarios y museógrafos de todo el país. Sin embargo no comprendía por qué se había nombrado a alguien sin las credenciales adecuadas para dirigir un espacio de tal envergadura. La misma incomprensión se percibía en toda los miembros que hacían y hacen cultura en Hermosillo y Sonora. Su apellido de abolengo, como suele ocurrir por estas tierras ganaderas, era su carta de presentación más evidente.

En una especie de cierre de ciclos he vuelto a entrevistar a Matiella. El motivo es la tercera etapa de la de la exhibición Arte Mexicano Contemporáneo: Sonora 2.1, Apuntes para una Colección, con el que MUSAS celebra 10 años de existencia. Además de este importante esfuerzo, que supone una ambiciosa colección de arte de los principales exponentes mexicanos, y que no le costó un peso a los sonorenses, ¿qué ha pasado con el MUSAS en estos años? ¿Se convirtió en ese espacio cultural que se proyectaba hace una década? ¿Cuáles son sus retos hacia el futuro?

–¿En qué consiste Arte Mexicano Contemporáneo: Sonora 2.1, Apuntes para una Colección?

–El Museo se abrió hace 10 años sin una colección. Sus tres salas enormes no tenían nada que exhibir. Esta colección forma parte de un proyecto de exhibición permanente. Es muy difícil tener un espacio como MUSAS sin una colección permanente, que además ésta será dinámica ya que se irán integrando piezas. Es difícil porque debemos tener un acervo que ofrecer siempre. Además no cualquier acervo, uno relevante, importante. Una colección que ya es del Museo. Es decir, de los Sonorenses. Una colección que cuenta, en una primera etapa, con una investigación sobre arte sonorense, la cual se ha seguido nutriendo. Donde figuran los principales movimientos y exponentes del arte de la región. El proyecto estuvo a cargo de un especialista, el curador Octavio Avedaño Trujilo. En las siguientes etapas el estudio se proyectó a lo nacional y se enlazó con el trabajo de otro importante curador del país, Edgardo Ganado Kim. Soltar nombres de los artistas que conforman la colección se me hace un poco hacer spoiler de su contenido. Lo que sí te puedo decir es que están los principales artistas del país en la colección.

–¿Considerarías que esta colección, el armado y coordinación de la misma; así como su integración y el trabajo de convencimiento que implica, es tu legado para MUSAS?

–Suena pretencioso decirlo de esa manera. Pero creo que sí es el resultado de muchos años de trabajo y sobre todo de aprendizaje. Yo no soy un artista y quizá en mis inicios frente a MUSAS no conocía muchos aspectos relevantes sobre estar al frente de un museo de arte contemporáneo. Y esto es lo que, desde el plano personal, me ha dejado este trabajo: un tremendo aprendizaje. Yo siempre he aceptado mis limitaciones y por eso me rodeo de los más entendidos en el tema. En su momento estuvo apoyando al museo Javier Ramírez Limón, con el que tuve algunas discrepancias, pero aun así yo sabía y reconocía su enorme capacidad y tenía que aprender de ella. Y así en todo. Me he rodeado de personas que me han ayudado a comprender, concebir y dinamizar un espacio de exhibición de arte. Sin ellos simplemente MUSAS no hubiera adquirido la relevancia, el prestigio que tiene ahora.

–¿Cómo mides esa relevancia? ¿Cómo se mide el prestigio que ha adquirido un Museo?

–Pues yo lo mido dándome cuenta de cómo lo conciben los artistas que hemos visitado los últimos años. Saben la historia del museo y reconocen su importancia en el espacio en el que está ubicado. El hueco que vino a llenar y que cada vez genera más resultados. Más historia del arte en nuestra región. Además les interesa participar en él. Ser parte de su historia. ¿Qué más puede darnos una idea del prestigio adquirido? Los artistas más relevantes quieren estar aquí con su trabajo.

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–¿Pero, el Museo es usado por el sonorense? ¿Cuántas personas lo visitan año con año?

–Creo que las cuestiones cualitativas, en este caso, son más importantes que las cuantitativas. En este tiempo hemos tenido años que nos han visitado 60 mil personas. En otros años la afluencia ha sido menor. Este año, por ejemplo, no sé si lleguemos a los 35 mil. Esto depende de varios factores. El principal es qué tienes para ofrecer como museo. Hay artistas que son muy mediáticos pero eso no quiere decir que sus propuestas sean las mejores. Desde hace un tiempo a la fecha comprendí que un museo debe tener un discurso curatorial. Una visión sobre lo que se debe exhibir y no simplemente golpes mediáticos, que claro que los hemos tenido. Pero lo importante aquí es rastrear qué ha pasado con algún estudiante, con algún espectador que en determinado momento reflexionó, tuvo una visión de sí mismo. El MUSAS es un espacio educativo, de formación. Estoy convencido que entre más arte y cultura mine en el imaginario colectivo de la ciudad, habrá menos violencia, menos banalidad. El Museo ha intentado eso: ser un espacio para la reflexión del visitante. Seguramente, y esto es imposible de rastrear, han sucedió cientos de historias aquí que han cambiado un día y, quién sabe, quizá una vida. ¿Cuántos se han formado un criterio sobre arte? ¿Cuántos han cambiado su idea de lo que es el arte contemporáneo? ¿Cuántos regresan? En fin. Enraizar un lugar como éste requiere todo un proceso. Las nuevas generaciones acuden al espacio de manera más natural. Se vienen a ver lo que el museo ofrece y además traen a visitantes. Se toman fotos, ocupan el sitio. Ellos no tienen esa información que podemos tener personas de más edad. La controversia que generó desde un inicio la construcción del espacio. Para ellos es un inmueble más que su ciudad les ofrece y así lo ocupan y disfrutan.

Hemos notado las discrepancias que tú como director de MUSAS has tenido con la fusión del espacio con el Instituto Sonorense de Cultura. ¿Qué implica esta adición del museo a la administración del Instituto?

–El museo contaba con un presupuesto que, aunque limitado, era del museo. Cualquier proyecto que se quiera realizar ahora depende de muchas partes, de muchas personas que muchas veces no comparten la misma visión de las cosas. Esto aletarga procesos o simplemente los detiene. Implica, para no entrar en honduras que no vienen al caso, una mayor y más extenuante burocracia.

–La etapa de la colección de Sonora no estuvo exenta de polémicas. Algunos artistas quedaron fuera. ¿Qué pasó ahí?

–Así sucede con todo lo que quiera catalogarse. Siempre hay omisiones que pueden ser por descuido, claro que sí, pero también por otros factores. Te puedo decir que algunos creadores sonorenses no nos abrieron sus puertas y otros que simplemente no tienen nada que exhibir. Por alguna circunstancia han dejado de producir obra en los últimos años o su trabajo se encuentra estancado. Sin embargo, como te comenté anteriormente, las colecciones son dinámicas. Entraron otros ocho artistas sonorenses a la colección, cuyos trabajos se podrán ver el próximo jueves. La idea es que se vaya refrescando cada cierto tiempo la colección. Seguro seguirán saliendo creadores emergentes con propuestas relevantes.

–¿Has pensado qué pasará con esta colección cuando tú dejes de estar frente al MUSAS?

–Pues ojalá se aproveche. Para eso es. El museo tendrá el suficiente material para las salas más grandes. Esto se traduce que contará con material de exhibición permanente o bien, con el que se pueden hacer intercambios. Espero también que se hagan las cuestiones legales pertinentes para que este tesoro sonorense esté bien resguardado y, sobre todo, sea aprovechado por la comunidad. A la gobernadora del estado le interesa mucho este proyecto.

–¿Qué has aprendido en estos nueve años frente al MUSAS?

–Desde un inicio he recibido y necesitado asesoría del primer nivel. Siempre he sido muy criticado pero yo acepto opiniones y asesorías siempre. Y esto lo he recibido de personas que han hecho la historia del arte en los últimos 30 años en México. Que nos han couchado. Hemos armado un entramado de voces y aportaciones que nos ayudó a darnos cuenta que sí hemos logrado sostenerse un discurso. Reconociendo errores, he aprendido en el camino un montón de cosas sobre discursos, administración, resguardo y promoción de arte. Además de conocer a admirables creadores de México y todo el mundo. Esto para mí es invaluable. Con esto es con lo que me quedo para mí. Espero que con el pasar de los años mis nietos puedan venir a MUSAS y ver algún trabajo que le cause algún pensamiento, alguna emoción. Espero que sepan que su abuelo ayudó a que esa pieza fuera para todo Sonora.

–¿Toda la obra de las colecciones viene donada, gratis?

–Algo muy importante. Para que la colección pudiera ser tan basta y ambiciosa se sumaron al proyecto más de 30 empresarios y familias sonoreses. Ellos compraron obra a artistas seleccionados para donarla a MUSAS. Pero, en su mayoría, las obras vienen donadas o dadas en especie para pagar impuestos de hacienda, que estas últimas son las menos. Nos han apoyado los colectivos más importantes del país para conseguir las piezas que a nosotros nos interesaba tener. Muchas personas pueden sentirse orgullosas de haber sido parte de este propósito. De haber conseguido una colección tan importante para el estado. El recurso estatal que se utilizó solamente fue para mantenimiento de las salas y gastos curatoriales. Pero la obra viene gratis para el público sonorense.

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