Cristina Rivera Garza

“Ni perdón, ni olvido. Esto no se acaba hasta que se cumpla justicia”: Cristina Rivera Garza

Este libro merece ser leído, no solamente por ser una joya narrativa, sino también porque es un documental muy valioso para ir derrocando al cada vez más frágil, patriarcado. Cristina Rivera Garza lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a tomar la palabra tan bien como sabe, para romper el silencio y gritar, para regalarnos a sus lectores una obra que seguramente se encontrará entre lo mejor del año.

Ciudad de México, 28 de octubre (MaremotoM).- El 16 de julio de 1990, el cuerpo de Liliana Rivera Garza fue encontrado en su departamento de estudiante ubicado en la delegación Azcapotzalco, del entonces DF. Liliana fue asesinada por su ex pareja, Ángel González Ramos, quien sigue prófugo y, por ende, el feminicidio impune.

Partiendo de este hecho, su hermana, la gran Cristina Rivera Garza, ha escrito un libro doloroso pero hermosamente tierno, para reconstruir todo y pedir justicia por su hermana. El invencible verano de Liliana (PRH, 2021) se llama la obra que nos presenta a esa esa mujer inquieta, brillante y libre, de apenas 20 años, cuya voz y sueños fueron ahogados una noche lluviosa de julio.

Este libro merece ser leído, no solamente por ser una joya narrativa, sino también porque es un documental muy valioso para ir derrocando al cada vez más frágil, patriarcado. Cristina lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a tomar la palabra tan bien como sabe, para romper el silencio y gritar, para regalarnos a sus lectores una obra que seguramente se encontrará entre lo mejor del año.

Desde Houston, Texas, donde reside la escritora, y valiéndonos de las bondades de la virtualidad, mediante una videoconferencia, El Reborujo Cultural conversó con Cristina Rivera Garza sobre el proceso de escritura de El invencible verano de Liliana y demás reflexiones que se desprenden de su lectura y escritura, en la que siempre estuvo acompañada por la voz de su hermana Liliana.

-Cuándo leía el libro, pensaba en las palabras que pronunció Amparo Dávila en 1977 al recibir el premio Xavier Villaurrutia, cuando dijo que escribir era desgarrarse la piel, que era un ir y venir entre el cielo y el infierno. Y pensaba en ti como escritora, en enfrentarte a contar esta historia, a hacer este libro. ¿Fue así, como lo describía Amparo Dávila

-Yo creo que hay algo de eso, hay, por supuesto, un proceso personal a nivel de duelo que es definitivamente difícil, pero creo que lo más difícil para mí en la escritura de este libro, la razón detrás de todos estos años de espera, no sólo es por la cuestión de un dolor individual, sino es algo que socialmente hemos tenido que ir construyendo poco a poco. Por una parte  -lo he dicho algunas veces- el lenguaje que me permitió contar esta historia no es un lenguaje personal, es un lenguaje que ha sido creado y producido por un montón de movilizaciones sociales; de estar alertas, de tomas de los espacios públicos; y por otra parte, el construir una escucha adecuada: no es sólo cómo decirlo, sino cómo escucharlo, cómo escuchar una historia que se cuenta irremediablemente con el lenguaje del patriarcado pero subvirtiendo ese mismo lenguaje para llamar, propiciar una atención crítica y otra manera de imaginar el mundo del futuro. Para mí, eso es lo más mencionable del proceso, porque creo que parte de ese dolor, de esa desgarradura de la que habla Amparo Dávila es precisamente la falta del lenguaje, es precisamente la falta de escucha adecuada. Creo que por eso se producen estos duelos tan perversos, tan torcidos y tan largos, en todo caso, me gustaría enfatizar esta relación.

Cristina Rivera Garza
El invencible verano de Liliana, una edición de Literatura Random House. Foto: Cortesía

-¿Facilitó la escritura del libro que haya un nuevo lenguaje en torno a este tipo de problemáticas, como los feminicidios? Es decir, no hubiera sido lo mismo escribirlo hace 15 años.

-No sé si más fácil, pero en todo caso, el no tener que contar esta historia con la camisa de fuerza de la narrativa del crimen pasional, permite, por supuesto, hablar de Liliana como víctima de feminicidio lejos de una patología que se les adjudica a las mujeres como si ellas fueran las culpables, como si ellas hubieran llamado, incitado de alguna manera, promovido su propio asesinato, que eso es lo que hace la narrativa del crimen pasional. Por eso digo que el lenguaje produce realidad, que el lenguaje no es parapeto, son acciones. Entonces cuando en 2012 se introdujo la figura del feminicidio al Código Penal, también es otra práctica y una acción muy concreta que da pie, junto con todas las otras movilizaciones que hemos visto llevarse a cabo en la últimas décadas, a que nos permitan contar esta historia de otra manera, sin traicionar la complejidad de la vida de las víctimas, sin verlas, ya sea como víctimas pasivas o como culpables irredentas, sino como mujeres de carne y hueso que trataron de luchar contra la violencia de los feminicidas que nos asechan en un mundo donde la fuerza del femincida es protegida casi por todos.

– Me imagino que escribir es también está tensión y esta lucha continúa con la palabra, con el lenguaje. Yo noto en El invencible verano de Liliana ciertas partes muy poético, en otras más duro, directo.  ¿A qué desafíos narrativos te enfrentaste  para ir construyendo esta historia de tu hermana?

-Siempre escribir sobre la violencia es un terreno bastante resbaloso. Los grandes peligros los conocemos: por una parte es poner un énfasis innecesario, glamurizante en el asesino, que es lo que hace Hollywood. Por otra parte, está la cuestión de hacer lo que se conoce como porno- violencia: en lugar de describir críticamente sobre este tipo de crímenes, parecería que se vuelven a cometer de una manera bastante burda y grosera en algunos escritos; y el otro gran peligro es mostrar a las víctimas como pasivas, como inertes, como siempre inocentes o ingenuas que no sabían dónde se paraban. Y a mí me parece que tratando de evadir estos peligros, es que El invencible verano de Liliana está por eso muy atado a la voz de Liliana como tal, por eso me interesaba. Hay otro gran peligro para mí, siendo su hermana por supuesto, era que en un tema tan fuerte yo quería utilizar un lenguaje mucho más mesurado, un lenguaje que permitiera que le diera la bienvenida a la versión que Liliana tenía de sí misma, que no es necesariamente ni la versión que yo tenía, ni la versión que tienen sus amigos, ni que tenían y tienen mis padres. Para mí era importante que la voz de Liliana me sugiriera ciertos ritmos, ciertos registros, ciertos tonos. Como puedes ver en lo que dice ella y sus amigos, Liliana era bastante irónica, bastante sardónica, socarrona y tenía esta aversión a lo cursi, a lo estridente. De alguna manera, creo que yo tenía su voz, su sonrisa muy pegada a mí diciéndome eso, cualquier cosa que escribiera: “por favor no seas cursi”. Casi lo tomé como una especie de mantra mientras estaba escribiendo. Son retos específicos de este proyecto, pero en general, son retos a los que nos enfrentamos los que hemos rondando temas de violencia. Para mí siempre ha sido importante escribir, no de una manera que aplaste al lector, que lo deje paralitico, abrumado, sino hacerlo de una manera que pueda conectarse con su energía crítica, con otra manera de ver el mundo, de posicionarse sobre el mundo y creo que eso se consigue cuando las voces de las personas, de los actores, forman parte de estos textos. Finalmente yo lo estructuré, pero está ahí la voz de Liliana como una especie de coautoría

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-Se ha discutido si el arte, la creación, deben o no tener un compromiso social con el acontecer en el que nacen. ¿La literatura puede estar comprometida con la lucha feminista, a dar voz a las mujeres?

-Siempre he sido muy cuidadosa de no mencionar lo de ´dar voz´, porque decir que la literatura da voz parecería implicar que no hay voces ahí, y realmente lo que hacemos es escuchar las voces que están ahí.  La literatura, lo que pone es su gran capacidad, su poderosa capacidad de servir de casa hospitalaria para esas voces, para que otros también las puedan escuchar. Y por otra parte, yo creo que toda esta ilusión de la autonomía literaria, de la literatura como un campo autónomo, es algo que se ha criticado un montón y creo que es algo que cayó destruido a nuestros pies a finales del Siglo XX. Creo que estamos en la etapa de las literaturas post autónomas, es decir,  literaturas que no puedan sostenerse bajo el influjo ideológico neoliberal de que existen por sí mismas. Los escritores trabajamos con el lenguaje, el lenguaje no nos pertenece a nosotros particularmente, trabajamos con una fuerza que es de otros y que lo vuelven poderoso y problemático, y que complican nuestras existencias, en ese sentido, creo que toda literatura es comprometida.

No hablo de un compromiso ideológico fuera del lenguaje, eso ya cada quien lo va a decidir, pero sí de una concatenación, de un entrelazamiento de que es político y que implica un campo de fuerzas, un conflicto, por supuesto que sí.

Hay libros muy comprometidos para proteger y confirmar el estado de las cosas y hay libros, y me gustaría pensar que mis libros son estos otros, que siempre han estado explorando maneras de poner en cuestión ese estado de las cosas, pero en ambos casos se trata de compromisos. Y fíjate, estoy haciendo la diferencia, no de agendas externas, sino de cómo nos posicionamos con esta poderosa herramienta que es el lenguaje, que por no ser individual, por supuesto que nos exige un posicionamiento acerca de qué historias vamos a contar, cómo las vamos a contar, para quién las vamos a contar. Una serie de problemas que nunca son neutros, que no pueden serlo. Me parece que ahora en Siglo XXI, en época de literaturas post autónomas, quien se pone hablar de arte por el arte me parece gente muy trasnochada e ideológicamente bastante conservadora, en el sentido literal del término.

Cristina Rivera Garza
La enorme Cristina Rivera Garza Foto: Cortesía

-La literatura escrita por mujeres, que están escribiendo mucho y muy buena, ¿puede ser una buena aliada para derrocar al patriarcado?

Por fortuna, las mujeres están escribiendo de muchas cosas, como siempre lo han hecho. Pero la cuestión es que no ha habido suficiente atención, esa es otra cuestión.  Pero creo que tenemos en la historia literaria de México escritoras fantásticas, poderosas, que han estado explorado temas diversos, interesantes, fundamentales, neurálgicos para nuestro medio, y yo sí creo que la literatura tiene esta gran capacidad crítica de articulación con nuestras vidas, con los dilemas que nos aquejan; y creo que al menos dos de las grande tragedias de nuestro tiempo –una creo que es la migración y la otra, la guerra contra las mujeres- por supuesto que un granito de lo que se  puede hacer, viene también desde la producción literaria.

Antes de finalizar, Cristina Rivera Garza contó que ya trabaja en una segunda parte del libro que cuenta la historia de su hermana, pues la investigación continúa aunque está siendo muy cuidadosa con la misma. “Pero estoy muy de acuerdo con el grito de ´ni perdón, ni olvido´ esto no se acaba hasta que no se cumpla cabalmente la justicia”, dice finalmente, quien acaba de ser merecedora del Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, en su edición 2021.

Fuente: El reborujo cultural / Original aquí.

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