No habrá orgullo, padrecito, pero qué tal prejuicio

No habrá orgullo, padrecito, pero qué tal prejuicio

Tampoco van a sentir jamás la tensión que se siente cuando tus compañeros de trabajo se ponen a contar chistes homofóbicos mientras a ti te toca apretar los dientes… Y ya no hablemos de que te corran de la casa porque no saliste “normal”, de que tu papá te mire con ojos de decepción y de que tu mamá, con el corazón roto, le pida a Dios que te corrija…

Ciudad de México, 20 de junio (MaremotoM).- No habrá orgullo, padrecito, pero qué tal prejuicio.

De veras: si a ustedes nunca los hicieron sentir inferiores, ridículos, defectuosos o asquerosos por su sexualidad, por no ser un hombre al que le gusten las mujeres, por no ser una mujer a la que le gusten los hombres, por no ser “como deberían ser”, entonces siéntanse agradecidos con la vida, porque no conocieron ni conocerán jamás el infierno que quienes no son como ustedes padecen en alguna etapa de su vida o incluso, a veces, toda su vida.

No se necesita mucha imaginación para ponerse en nuestros zapatos, pero la verdad es que ni aun con toneladas de imaginación van a poder jamás sentir el miedo que da salir del clóset, el miedo que da que te descubran mirando a ese muchacho que te gusta y que te está prohibido, el miedo que da que alguien se entere y les vaya con el chisme a tus papás, tampoco van a poder sentir jamás la humillación que se siente cuando el más macho de la clase te dice “joto” o “puñal” o “marica”, la humillación que se siente cuando otro te remeda la voz, el andar, la manera de mover las manos y todos tus compañeros lo aprueban con sus risas.

Tampoco van a sentir jamás la tensión que se siente cuando tus compañeros de trabajo se ponen a contar chistes homofóbicos mientras a ti te toca apretar los dientes… Y ya no hablemos de que te corran de la casa porque no saliste “normal”, de que tu papá te mire con ojos de decepción y de que tu mamá, con el corazón roto, le pida a Dios que te corrija…

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De veras: nuestras manifestaciones de orgullo no son un desafío para la heterosexualidad ni una competencia contra los heterosexuales. Son señales de supervivencia, nada más. Significan: “Tenía miedo, tenía vergüenza, pero ya no; al contrario, ahora me siento fuerte, ahora me siento orgulloso”. En pocas palabras, déjense de mamadas, heteros mamones, porque no tienen ni idea.

Por si a alguien le quedaban dudas sobre la necesidad de tener un mes del orgullo LGBT+, bastará con que se asome a la controversia en torno a la película Lightyear, controversia que andan armando los miles y miles de escandalizados por una escena que, según cuentan, dura dos o tres segundos y retrata a una pareja lésbica.

Obviamente no se trata de una escena “fuerte”: nada sexual, apenas un beso, como el que se ha de dar cualquier par de enamorados frente a sus hijos. Pero para los lesbofóbicos esto es suficiente y aún demasiado. La mayoría se queja de que esa escena está impulsando a la temida “ideología” de género; rojos de coraje dicen que, sin el consentimiento de los padres, Disney y Pixar están queriendo imponerles a sus hijos una idea perversa, la idea de que “eso” es normal, o más bien de que “eso” no es anormal.

La verdad,qué cansino. Y también qué doloroso. Pienso en todos los niños que tienen por padres a semejantes personas, pienso especialmente en los que tarde o temprano van a descubrir que no son heterosexuales, pienso en los que ya lo están descubriendo, pienso en el muro que pronto empezarán a construir entre ellos y sus padres, para protegerse a sí mismos y aun a sus padres, para no herirlos, para no decepcionarlos.

Me imagino la soledad que van a sentir quién sabe por cuántos años. Me los imagino y se me apachurra el corazón. Se merecen unos padres mejores, unos como la pareja de madres que sale en la película.

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