Novela The Night, contra el gobierno de Chávez y Maduro, gana la Bienal Vargas Llosa

III BIENAL DE NOVELA | Charla sobre las fronteras se convierte en un discurso del machismo sobre el feminismo

Rodrigo, un hombre joven nacido en 1981, habló pestes de lo que él llama “dictadura” y puso su solidaridad con Nicaragua, pero no se acordó de Brasil y de Argentina, donde la gente también ha votado “por su aniquilación.

Guadalajara, Jalisco, 31 de mayo (MaremotoM).- La política hizo centro en la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, quien anoche dio el premio a la novela The Night, de Rodrigo Blanco Calderón, un exiliado venezolano en contra del gobierno de Nicolás Maduro, al que llamó “una dictadura”.

Los periodistas estábamos con Ordesa, la novela autobiográfica del español Manuel Vilas, una historia sensible y destinada a mejorar el mundo, quizás porque el autor es fundamentalmente poeta y lleva a la literatura en la sangre, como una tabla de salvación para sí y para sus lectores.

En estos momentos se llevan a cabo conversaciones entre la oposición y el oficialismo de Venezuela en Noruega, porque por más que diga Rodrigo Blanco que “los hombres equivocados votan por su aniquilación”, lo cierto es que Nicolás Maduro gana todas las elecciones y aunque haya sido un hombre poco preparado para ser Presidente, también hay que decir los miles de bloqueos que sufre por parte del gobierno de Donald Trump.

Mónica Lavín (de espaldas) coordinó la charla entre Mario Vargas Llosa y Sergio Ramírez. Foto: Bernardo De Niz

Rodrigo, un hombre joven nacido en 1981, habló pestes de lo que él llama “dictadura” y puso su solidaridad con Nicaragua, pero no se acordó de Brasil y de Argentina, donde la gente también ha votado “por su aniquilación”.

The Night cuenta los cortes energéticos ocurridos en Caracas, en 2010. La crisis energética es aprovechada por el gobierno revolucionario para decretar cortes eléctricos que, durante horas, funden a negro todo el país. En esos lapsos de tiempo, Venezuela parece retroceder en la historia hacia una nueva Edad de Piedra que se filtra por todas las rendijas. En medio de esta atmósfera, dos amigos, un escritor frustrado y un psiquiatra acostumbrado a involucrarse en la vida de sus pacientes, conversan sobre una serie de crímenes ocurridos en el último año.

Pedro Álamo, otro de los personajes de esta novela polifónica, busca obsesivamente en los juegos de palabras -los que crea y los que sueña de su admirado Darío Lancini- la clave para entender el desquiciado mundo en el que vive. Como si buscara convertir la realidad en algo diferente cambiando el orden de los elementos que la forman, intentando encontrar así su exacto significado.

Literatura, rock, sueños, violencia, política, amor, ausencias y miedos se entremezclan en la mente de los protagonistas. Abren laberintos, crean encrucijadas y producen cortocircuitos vitales. Con esta historia en la que todo parece caminar al borde del delirio. Donde la Venezuela actual se ve reflejada en un espejo atravesado por sombras apocalípticas y sus habitantes se enfrentan al destino que les aguarda inexorable; sea este el cumplimiento de sus obsesiones o la muerte.

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La III Bienal Mario Vargas Llosa se desarrolló durante cuatro días en Guadalajara, una capital de la cultura que en forma simultánea organizaba el FIMPRO (La feria sobre música), el ISPA (donde fueron premiados Diego Luna, Javier Camarena y Elisa Carrillo) y se llevaba a cabo -hasta octubre- la exposición de Guillermo del Toro, En casa con mis monstruos.

El nicaragüense Sergio Ramírez lee el fallo Foto: Bernardo De Niz

Raúl Padilla López, con sus notables colaboradores como Marisol  Schulz Manaut (quien recibió un agradecimiento especial por parte de Mario Vargas Llosa), Laura Niembro, Mona Rosette, Mariño González, Nicolás Alvarado y Enrique Blanc (sólo por nombrar algunos) pasearon su satisfacción por los pasillos del CAE, en un esfuerzo “suizo”, donde todo salió como un reloj.

Tal es así que en la primera conversación de la Bienal, hubo problemas con el sonido y fue el propio Padilla quien fue a ver el asunto con el sonidista, hasta que se resolvió. Fue precisamente el Nobel Mario Vargas Llosa, el que aclaró que algún día alguien deberá escribir una biografía y reconocerle su valor a Raúl Padilla, por haber creado “una de las dos ferias más importantes del mundo”.

Contó por otro lado cómo vino Guadalajara a salvar la Bienal, que en Perú, por temas económicos, no se podía ya hacer. Lo cierto es que haciéndose en el marco de la Feria Internacional del Libro (donde el jueves que viene se presentará oficialmente a la India como invitado de honor), este encuentro literario gana en muchísimos aspectos.

Por lo pronto, dentro de dos años tendrán que venir más mujeres -fue una Bienal machista, donde Nicolás Melini realizó un ataque feroz contra el feminismo sin tener a nadie quien le respondiera-, aunque en esta edición fueron Rosa Beltrán (una gran coordinadora de conversaciones, que ya lo había mostrado en su charla con Alma Guillermoprieto) y Mayra Montero -la escritora cubana- las que más llamaron la atención.

Hay que decir la prestancia y la entrega de Mario Vargas Llosa, quien a pesar de su edad, estuvo durante los cuatro días en la primera fila atendiendo a todas las conversaciones, firmó libros, hizo algunas declaraciones y siempre mostró su lado amable.

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