Federico Bonasso

“Nuestra generación no tiene una épica como la anterior, es la más híbrida de todas”: Federico Bonasso

En Diario Negro de Buenos Aires (Reservoir Books), el escritor y músico describe a un personaje bastante parecido a él que no encuentra la ciudad donde nació.

Ciudad de México, 25 de septiembre (MaremotoM).- ¿Y si algún día la ciudad donde nacimos se va? ¿Se va para siempre? ¿Comienza a ser la ciudad perdida? Así pinta el Diario Negro de Buenos Aires (Reservoir Books), una novela rara de Federico Bonasso.

A veces, los exiliados, los que nos vamos de un lugar comenzamos a ser de una nacionalidad propia. Escuchamos radio argentina pero vivimos en México y cuando vamos a Buenos Aires, extrañamos para siempre el Circuito Interior o Reforma.

“Argenmex” se llamaron algunos exiliados durante la época de la dictadura, pero hoy, a casi 50 años de aquello, eso no funciona. Los exiliados somos más que los presos políticos, que los perseguidos por los militares: somos prostitutas, somos ladrones, somos tratantes de blancas, somos presos de algún temor desconocido, somos modelos o somos perdidos de alguna nación que nos desconoce, que nos ha “des-patriado”.

Federico Bonasso
Diario Negro de Buenos Aires. Foto: Cortesía

Federico, músico (ha formado El juguete rabioso), vive desde hace muchos años en México. Nació en 1968. Tiene ahora 50 años. En 1999 volvió a una Buenos Aires desconocida o a una Buenos Aires de dónde él fue “des-patriado”, tirado a alguna fosa común donde hoy también descansan aquellos desaparecidos que también fueron arrojados al Río de la Plata.

¿Somos de una ciudad y estamos ligados a ella porque tiramos lazos para ser de ese lugar?

Bonasso siempre parecerá argentino. Tiene ese acento fuerte que caracteriza a los sudamericanos. Sin embargo, lo vemos andar por México, con su música, con su literatura, con su sensibilidad, buscando siempre librarse de “la sensación de naufragio”.

–Una de las cosas al leer tu libro es que pierdes Buenos Aires…

–Pienso que sí, hasta me desatan lágrimas. Yo no esperaba que la promoción de mi libro me hiciera revisar mi pasado. Este libro está enraizado en dolores antiguos. Sí, Buenos Aires se va. Ayer un amigo me copiaba una cita de Jorge Luis Borges que decía: “Uno no extraña los lugares, extraña los tiempos”. Buenos Aires se va, se fue. Estoy escribiendo prólogos del libro, en uno de los prólogos, hay un diálogo que uno le pregunta: ¿Por qué volviste a Buenos Aires? Y él contesta: ¿Esto es Buenos Aires? Buenos Aires se fue.

Federico Bonasso
¿Somos de una ciudad y estamos ligados a ella porque tiramos lazos para ser de ese lugar? Foto: MaremotoM

–Incluso se va para los muertos, como en tu cementerio

–Creo que es un libro que habla de la muerte. Es un libro de protesta existencial. Una que es la personal y más evidente que es el zarpazo que lo obliga a exiliarse, los militares fueron con la dictadura y el mando de su propio destino.

–La novela en el presente, con una Argentina que quiebra y se desquiebra todo el tiempo

–Él nunca se dice de manera explícita es hijo de desaparecidos. No podemos expoilear el final, pero de alguna manera ese trauma inserto en su vida, lo vuelve un cojo del sentimiento. En el caso de él cojeando hacia un precipicio, herido por los desaparecidos, lo único que le queda es ir al encuentro de ellos.

–¿Perteneces a una generación que nació en el medio?

–Hay grisura en mi generación, hay supervivencia, nos tocó estar como en un sándwich. Nunca controlé mi vida, siendo hijos de exiliados políticos. La nuestra no tiene una épica como la anterior, es la más híbrida de todas. Quise expresar el lenguaje como lo uso y leo libros de los hijos de Santucho, de Laura Alcoba, ellos son de una línea más testimonial que el mío, pero al llegar a los 50, esa cifra terrible, nuestra generación comienza a preguntarse cuál es su lugar en el mundo. Como en el personaje de Diario Negro de Buenos Aires.

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Federico Bonasso
Incluso el exilio es la cara visible y sin duda protagónico de un dolor más subterráneo. Foto: MaremotoM

–Este estar en otro lugar y acercarnos al que nacimos

–Incluso el exilio es la cara visible y sin duda protagónico de un dolor más subterráneo. Me desacomodaron de tal manera que allí donde vaya a encontrarme o a buscarme no me voy a hallar. Ese exilio interior de no pertenencia es mucho más profundo que el exilio político o generacional.

–¿No seremos los exiliados con una nacionalidad propia?

–Puede ser. Creo que formamos una patria de exiliados, es un club especial que pasó por traumas y aventuras similares. Hay una serie de códigos compartidos que nos permiten identificarnos plenamente. Ese club de trasterrados son mis primos de sentimientos por naturaleza.

–El futuro sigue siendo importante, este no es un libro nostalgioso

–Creo que está contaminado por el ahora y está contaminado por influencias literarias mías que no tienen un corno que ver con el exilio, quiero sentir que está Lovecraft, toda esa literatura gótica que me hace detener en los cementerios, en estas sectas secretas que nos invitan a prácticas deleznables. Esta deshumanización de golpe, ¿cómo nos protegemos del dolor con una piel más gruesa que nos impide tener otros sentimientos como el amor, la compasión?

Federico Bonasso
Creo que el odio es la primera manifestación del dolor o la bronca es la primera manifestación de la pena. Foto: MaremotoM

–¿Hay dolor en el odio?

–Creo que el odio es la primera manifestación del dolor o la bronca es la primera manifestación de la pena. No creo que este sea un libro escrito sobre el odio, pero sí sobre el dolor. Para mí hay un lodo de dolor subterráneo que guía esta colección de anécdotas del personaje.

–La relación con los otros lo pone en un sistema de relación imposible

–Me ha tocado interpretar mi propio libro y el tipo no puede relacionarse con nada, con nadie. Por eso va en busca de los muertos, quizá.

–Hay un lenguaje que me encanta, que no hace la diferencia entre el argentino y el mexicano

–No. El tipo ya hibridó lenguajes, que lo componen con la misma fuerza y hay otro detalle con el lenguaje que el argentino que él habla es él que hablaba con sus abuelos. Usa una terminología que está en desuso en Buenos Aires. Celeste le dice: ¡Qué gracioso, hablás como mi abuelo!

–Siempre hablarás en México como argentino, eso sí

–Yo siempre fui un argentino de clóset y México con su generosidad y con las cosas cabronas que también tiene, me hizo un tipo adulto. Hasta que descubrí que adoro las cosas argentinas que tengo. Escucho el tango en México y me pega de una manera especial. La literatura argentina me encanta, hay una nueva ola de escritores jóvenes, en México también, que piensan muy bien. Leí Distancia de rescate, de Samantha Schweblin y me mató. Encontré algunas similitudes con el Diario negro de Buenos Aires. Me encantó sentir esa vigencia. La literatura está regresando a reconocer que el mundo está compuesto de absurdos.

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