Gabriel Retes

Nuestras derrotas, miedos, pasiones y luchas como mexicanos se asoman en el espejo del celuloide Retes

Hace algunos años, tres o cuatro me encontré a Gabriel Retes en la Cineteca y obviamente le pedí una foto. Buen viaje master, queda tu cine imprescindible para entendernos, sentirnos, mirarnos en él, diferenciarnos, autentificarnos y / o crearnos en nuevos horizontes.

Ciudad de México, 20 de abril (MaremotoM).- ¡Qué tristeza, murió Gabriel Retes! No sé muy bien cómo llego a mí el entonces llamado “nuevo cine mexicano”,  pero sí recuerdo que El Bulto (1992), de Gabriel Retes, la renté en uno de esos centros de video en formatos VHS.

Definitivamente era una puesta en escena distinta a lo que estaba acostumbrado a ver en ese entonces: telenovelas de muy bajo nivel actoral y en general una muy limitada oferta en televisión. Si no mal recuerdo fue de las primeras veces que escuché sobre la represión de 1971, la misma que se retoma mucho años después en el cine nacional con películas como Roma, de Alfonso Cuarón (otra generación de cineastas mexicanos).

Me debió haber impactado mucho El Bulto porque recuerdo perfectamente que años después fui al cine a ver Bienvenido/Welcome (1994), también de Retes, una película que ya planteaba, entre otras cosas, al VIH/SIDA. Muy pocas películas mexicanas han abordado el VIH/SIDA. Me acuerdo muy bien porque entonces ver películas de cine mexicano en cartelera era ya una excepción, tanto o más como ahora: las películas duraban muy poco en cartelera.

Tengo grabado que vi Bienvenido/Welcome en una cadena de cine que ya desapareció: Cinemark. Para llegar a esa salas de cine donde exhibían la peli de Retes había que caminar un tramo relativamente largo de la calzada de Tlalpan, entre el metro General Anaya y la avenida Churubusco, por el rumbo del Centro Nacional de las Artes, ¿dónde más podrían exhibir una película de Retes, que les garantizara entradas? Y para  acabarla de “amolar” los únicos horarios disponibles eran a las 10:00 de la noche, al acabar la función había que salir corriendo para alcanzar transporte público de regreso a casa.

Me parece que eso marcaba ya una forma distinta en que consumía el cine y creo que desde entonces me convencí de ver más películas de Retes, ya de alguna manera había empezado mi época en a que veía ciclos de cine de Arturo Ripstein, Felipe Cazáls, Marisa Sistach, Carlos Carrera, María Novaro, Jaime Humberto Hermosillo.

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Chin Chin el teporocho (1975) es la película que más me ha deslumbrado de Retes, es la adaptación homónima del libro de El cronista de Tepito: Armando Ramírez, fallecido el año pasado. Es una estupenda recreación con excelentes escenas filmadas en el corazón del barrio bravo.

Nuestras derrotas, miedos, pasiones y luchas como mexicanos se asoman en el espejo del cululoide Retes y eso está presente en el cine que visto de él y Chin chin el teporocho no es la excepción. En este filme, la entonces joven Diana Bracho interpreta a una estudiante universitaria metida en el movimiento del 68. Sonia (Diana Bracho) constantemente tiene peleas con su hermano Rogelio (Carlos Chávez), un vago sin empleo y machista que se enamora de la hija de un abarrotero español del barrio.

Chin Chin el Teporocho evidencia ya una ciudad que contrasta las desigualdades sociales, la doble moral, la homosexualidad oculta y que a la vez funciona como un resorte de la homofobia en el barrio. Para mí esta es la obra maestra de Retes, el trabajo actoral es de primera, la adaptación de la novela de Ramírez termina siendo una obra diferente y lo mejor la fotografía de la película nos deja vestigios de un barrio que se transformó vertiginosamente en los años del neoliberalismo dejando a su suerte a esa zona de la ciudad a lo que llamo: capitalismo de barrio, un capitalismo de supervivencia que mezcla lo ilegal justo para sobrevivir en la gran urbe.

Hace algunos años, tres o cuatro me encontré a Gabriel Retes en la Cineteca y obviamente le pedí una foto. Buen viaje master, queda tu cine imprescindible para entendernos, sentirnos, mirarnos en él, diferenciarnos, autentificarnos y / o crearnos en nuevos horizontes.

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