Nunca pensé que podría despreciar a un adulto mayor con tanta fuerza

Pensé en Echeverría, En Díaz Ordaz, En Pinochet, en su maestro Franco, en la Junta Militar Argentina, en el Golpe de Estado a Allende, la operación Cóndor, en la Guerra sucia en México, en 1968, 1971…

Ciudad de México, 26 de diciembre (MaremotoM).- Nunca pensé que podría despreciar a un adulto mayor con tanta fuerza. En general me parecen seres apacibles y sosegados a los cuales trato de cederles el paso, ayudarlos o, simplemente, sonreírles. Sucede que hoy en la mañana, después de una incursión a Tepito a cazar libros sin mucho éxito, para después viajar en ese metrobús de dos pisos tipo londinense que cruza por todo Reforma hasta los rumbos de la Villa con el objetivo de comprar un lote de 80 libros, regresando a la feria del libro de la Alameda y llegar con el “botín” para acomodar los libros en el “stand” de la Librería Calibán, se acercó a Yam un hombre mayor, de unos 75 años, con un pans blanco con escudos del equipo de las “Aguilas” del América, preguntando por libros de Hitler.

Hasta ese momento no reaccioné porque sé que gente estúpida y con el mal encarnado en el cuerpo y en la mente hay por todos lados, de todos los colores y de todas las edades, así que traté de ignorar sus palabras:

Él-“Hola güera no tendrá un libro de Hitler, que tiene una svástica en el centro, tamaño grande. Fíjese que me lo ganaron en un tianguis hace mucho y no lo he vuelto a ver”

Yam:- “Aquí no vendemos libros de Hitler”

Él-“¿No?, ¡Caray! ¿Pero si tiene algo de Durazo?”

Yam-: “¿LO NEGRO DEL NEGRO DURAZO”?

Él-: “No ese no. Fíjese que son puras mentiras. Todo lo que dicen de él no es verdad. Yo trabajé con él en la DIPD cuando fue Director de la Policía (se refería a la sanguinaria División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia de la Policía de la Ciudad de México) y le puedo asegurar que él era un gran hombre.

Inmediatamente mi cara se llenó de sangre y sentí calor en todo el cuerpo. Un mareo intenso se apoderó de mí y seguro que me salía espuma por la boca. Encaré al hombre mayor:

Yo -“Claro, era un gran tipo. Un hombre que torturó, secuestró, asesinó y desapareció guerrilleros, estudiantes, obreros y luchadores sociales y a sus familias y a mucha más gente. También se jactaba de haber torturado y de haberle metido un palo de escoba en el ano al Che y a Fidel Castro. Un magnífico ser humano. Sin duda un gran patriota”.

Él hombre mayor me miró sorprendido pero, a pesar de que su rostro se puso rojo se mantuvo ecuánime.

Él- “Con todo respeto joven. -me encaró- Eran delincuentes y criminales. Se lo merecían. En esa época no había la violencia que hay ahora. Teníamos todo bajo control”.

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Yo-“Si claro, las desapariciones, las torturas y los asesinatos las hacían ustedes personalmente”

Él-“Antes que nada le hablo con respeto y le repito, nosotros hacíamos nuestro trabajo y era mantener la paz social”

Yo-“¿Y por eso torturaron y asesinaron a tanta gente?”

Él- “Todo depende del enfoque desde el que se miren las cosas”

Yo-“¿Las desapariciones forzadas, el asesinato y la tortura son cuestión de enfoque”?

 Yo echaba espuma por la boca y mis ojos seguro eran color sangre. El hombre mayor estaba desconcertado pero metido en su papel de tener la razón frente a mis argumentos poco articulados pero sí muy vehementes. Yam se cruzó entre los dos y me hizo señas de que parara. Yo no podía dejar de cuestionar al hombre mayor. Sin duda era un asesino y la impunidad lo había protegido durante años. Al menos de mí no te vas a librar tan fácil maldito -pensé-. No creo haber subido el tono de voz pero tampoco podría asegurarlo. Lo que sí es que un odio irracional se apoderó de mí durante largos minutos y por mi cabeza cruzaron todas las personas anónimas  y unos pocos conocidos que sucumbieron o sufrieron frente a la sangrienta represión del sistema político mexicano priísta en el periodo de López Portillo y el Negro Durazo.

Yo-“Defender a un asesino lo hace su cómplice.-insistí- Pero me imagino que usted es algo más que su cómplice.”

Él “-Con todo respeto yo…”

Yo “Con todo respeto yo le digo que su conciencia está manchada con sangre. ¿No me diga que puede dormir tranquilo?”

Yam me tomó del brazo y me alejó un poco de la escena. Yo estaba furioso. El hombre mayor también, pero era un asesino… respetuoso… Y ya demasiado viejo para vengarse. Por supuesto que yo sólo quería que por un momento supiera que ya tienen el juicio de la historia sobre su cabeza. Al fin el hombre mayor se alejó de la librería Calibán. Pensé en Echeverría, En Díaz Ordaz, En Pinochet, en su maestro Franco, en la Junta Militar Argentina, en el Golpe de Estado a Allende, la operación Cóndor, en la Guerra sucia en México, en 1968, 1971…

El hombre mayor se retiró en esa pausa y fue a refugiarse con un compañero librero a quejarse de mí y yo me fui a hacer unas cosas de mi oficio fuera de la feria. Quizás me faltó paciencia y un pecho frío para poder saber quién era ese hombre que decía ser cercano al Negro Durazo. Seguro que conoció a Nazzar Haro, a Gutierrez Barrios y a José Antonio Zorrilla. Tal vez dentro de ese pans del América estaba el cuerpo del mismísimo diablo. En todo caso me hizo falta un poco de calma para averiguarlo.

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