Salman Rushdie

Nunca pude pasar las primeras 15 páginas de Los versos satánicos

Si Los Versos Satánicos no hubiera tenido la publicidad generada por la condena a muerte, hubiera dejado la misma huella que dejan muchos libros contemporáneos: ninguna. Y si Rushdie no hubiera sido utilizado como adalid cultural del mundo libre (léase: mundo capitalista fundamentalista-neoliberal) no sería más que otro escritor sajón inflado por editoriales y agentes.

Ciudad de México, 16 de agosto (MaremotoM).- El ataque a Rushdie es condenable desde todo punto de vista. Y esta frase -que suele ser usada antes de un ataque de índole ideológica- no es tan hipócrita como parece, porque de verdad es violento y patético que un escritor sea apuñalado, previamente amenazado de muerte durante décadas sólo por haber escrito un libro.

Pero (sí, pero), vale la pena sincerarnos un poco, ya que nosotros representamos ese occidente con un millón de comillas (ahora pondré sólo dos comillitas normales) “tolerante y libre”. Que lo representemos no significa que creamos en esa farsa miserable, somos actores obligados. Y para no sentirme tan obligado, me gustaría decir un par de cosas que Rushdie merece como escritor, no como perseguido por fanáticos delirantes sin ningún sentido del humor, como todo buen fundamentalista, sea musulmán, cristiano, judío, etc.

Salman Rushdie
Los versos satánicos, una novela mediocre. Foto: Cortesía

Si Los Versos Satánicos no hubiera tenido la publicidad generada por la condena a muerte, hubiera dejado la misma huella que dejan muchos libros contemporáneos: ninguna. Y si Rushdie no hubiera sido utilizado como adalid cultural del mundo libre (léase: mundo capitalista fundamentalista-neoliberal) no sería más que otro escritor sajón inflado por editoriales y agentes.

Además, tuvo la suerte de ser de origen indio y en estos casos es esencial lo étnico, ayuda a que su defensa por la muchachada capitalista, digo democrática, simule a la vez una defensa de las minorías, que son mayorías pero para los neoliberales sajones son minorías porque les importa un carajo que contengan 2 millones o 600 millones esas minorías).

Los Versos Satánicos es ilegible, tiene una prosa enrevesada, supuestamente irreverente, que parece escrita por un adolescente mareado luego de jugar al FIFA tres días seguidos sin ir al baño y sin usar pañales. Toma del realismo mágico lo mejor que tiene este subgénero, o sea lo peor: falsa poética, falso vuelo, locura fingida, y una siempre asegurada e insufrible prosa.

Que sea un clásico contemporáneo se lo debemos no a los lectores o al devenir de la literatura sino a los fundamentalistas islámicos que le hicieron el mejor favor con su condena; luego a las editoriales industriales, que acompañaron en publicidad a los fundamentalistas (sin nunca superarlos en concepto de marketing) erigiendo a este mito de barro, de paja, o algo así de efímero como es Los Versos Satánicos.

Marjane Satrapi
Nueva portada y nuevo diseño. Foto: Cortesía

Rushdie no es el único usado que se deja usar alegremente, también está la Satrapi con Persépolis (criticar a Irán, un golazo de media cancha a nivel respaldo artístico-neoliberal), los amargos derechistas disfrazados de cómicos de Charlie Hebdo, en fin, los que sacan réditos de criticar a los malos oficiales de ese bello occidente libre (me cansé de poner o sacar comillas).

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Antes también ocurría con la Unión Soviética, escritores que eran recibidos en USA como sufrientes de la opresión (que lo eran) hasta que Rusia se volvió un prostíbulo neoliberal y ahí se cerraron las fronteras y a los sufrientes los mandaron a cagar, fueran obreros, maestros o escritores rusos. Pasa que los derechos humanos del mundo libre y democrático hacia el resto del mundo caducan no cuando cae un régimen dictatorial sino cuando es reemplazado por un neoliberalismo criminal.

Por eso, condenemos pero no nos pongamos en plan de niños/as/es horrorizados por el crimen islámico si no ponderamos a los oportunistas del caso, sean escritores, gobiernos, etc. Y, sobre todo, si eso nos obliga a defender un libro mediocre elevado a ejemplo de la libertad de expresión cosa que, sin miedo, deberíamos negarnos a hacer, por el bien de la literatura, que hace décadas que nadie defiende y que es asesinada todos los días por las grandes editoriales, las agencias literarias, los medios de comunicación dirigidos por gobiernos depredadores y genocidas y, hay que decirlo, la mayoría de los lectores, que tienen el gusto en el ojete, aunque sea el prístino ojete del mundo libre.

P.D. Habría que criticar menos a los fundamentalistas islámicos, por lo menos en su afán de lectura. Para condenar a Los Versos del Tedio tuvieron que fumárselo entero y eso es ya un mérito de aguante psico-físico. Yo nunca pude pasar las primeras 15 páginas. ¿O quizá sea al revés y esto es lo que los condena definitivamente, el haberse leído el bodoque entero? Les dejo como tarea este koan-zen del mundo democrático neoliberal criminal (y todas las terminaciones con al que se les ocurran) pero libre como un pajarito feliz y mañanero.

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