Frontera entre Chile y Perú

Ojo, sepa usted que su apellido no va con el color de su piel (Una breve crónica transfronteriza)

XXIV Encuentro Internacional de Escritores: Poesía y Resistencia

Monterrey, 21 de octubre (MaremotoM).- La poesía y la condición geográfica me permite realizar una autorreflexión sobre mi condición de sujeto migrante, escritor chileno-peruano, radicado en México, antes habitante de la trifrontera de Perú, Chile y Bolivia y tensionar desde la escritura discursos chauvinistas y represivos. Enrique Lihn sobre la poesía situada decía en París situación irregular.

Escribir para que nadie lo haga en lugar de uno […] la escritura continua que brota de sus propios desplazamientos sin reconocer en ese espacio, lugares de preferencia, sitios privilegiados. Palabras que se desplazan incurriendo en todas las discontinuidades […] abarcando varios espacios a la vez con las consiguientes dificultades para avanzar razonablemente en alguna dirección.

Esta cita es significativa pues alude a una escritura de paso y el nexo con las topografías que recorremos y habitamos. Al ser el lugar de enunciación cambiante, la poética también será móvil y transitiva, constantemente se renueva, presenta nuevos encuadres y marcos de producción. El poeta echa mano a una multiplicidad de voces y contenidos que son reapropiables.

Crónica transfronteriza
Esta cita es significativa pues alude a una escritura de paso y el nexo con las topografías que recorremos y habitamos.

La escritura desde esta perspectiva es una forma de actualizar la memoria, una inventio y puesta en escena. Esto se condice con la permanente duda y reflexión del proceso creativo y sus límites, pues el lenguaje es una ruta sin término que va mutando al margen de una preceptiva o agenda programática ligada a una escuela, movimiento o tendencia.

La escritura se gesta en relación con los espacios y tiempos en fuga, los cuales reconstruimos a partir de retazos de la memoria. En el intento por aprehender la realidad, el escritor termina por elaborar representaciones fantasmales de sus devaneos. Esta búsqueda creativa no deja de tener una dimensión política y social, principalmente por el registro de lo coloquial y la oralidad.

Espacio, fugacidad y tránsito se conjugan en la tarea de reescribir la realidad imaginariamente, pero también como parte de una acción crítica, la de pensar la obra, a partir de las formas de comunicación que históricamente asumimos o nos imponen.

El sujeto de paso no sólo recorre y conoce los lugares, sino que los recrea y a la par que los transita va generando una memoria artificial de estos. Esto también revela un sentido descreído del viaje, pues la fascinación con los lugares de paso esta mediada e intervenida por una memoria objetiva y por los prejuicios e ideas preconcebidas que tenemos de los sitios, lo cual nos lleva no sólo a conocerlos, sino también a reconocerlos y hacer patente nuestra identidad en un proceso tanto de extrañeza como de familiaridad.

Crónica transfronteriza
El sujeto de paso no sólo recorre y conoce los lugares, sino que los recrea y a la par que los transita va generando una memoria artificial de estos.

Pedro Lastra señala al respecto: el poeta de paso no conocerá nunca Europa, se limitará a recorrerla, separado de ella como por un cristal de seguridad, una galería de imágenes. Se funda un terreno movedizo e inconexo, es una informe “herencia cultural”.

En esa medida, la frontera chileno-peruana, en mi caso, no es solo un espacio por recorrer, sino parte de mi tradición e identidad. Me gustaría compartirles una experiencia intercultural matutera la cual se traduce en un acto polifónico que empieza sin duda, en un bus de Flores Hermanos.

Comisarías / tópico / rodoluvio y concordias en cristos de brazos abiertos… la escarapela rojiblanca / marca Perú en un desierto minado / naves azules y letras floridas / guerras floridas / Ormeño  / sanga / La veloz del norte / migraciones y carreteras cruzan los hemisferios de toda nomadía… con todo respeto amiguito, amiguita, te traigo el magnesol  que el  doctor Pérez Albela receta… flujo de control Santa Rosa / la hora del lonchecito / Sunat / Volvo / Aerospace / Starbus / declara si portas más de 10.000 dólares / atención de autoridades con pase / use of seatbelt mandatory / caserita jugo, caserito gaseosa, agua mineral, sandwich de pollo, chocolate sublime, no seas malo caserito, me lleva esta ropita, me llevas el bolsito / tickets de embarque / cambiar el chip claro cuatro veces al día / son cigarros caserito, usted tiene pasaporte, no seas malito, páseme los juguetes, poquitos son… papitas al hilo, todas las salsas casero, gaseosa, le pago un sol caserito, páseme el tapsin, la batea, los blu ray / tarjeta andina / matute / pasadoras / no le compres ropita roja, no va con su piel morena… / ojo, sepa usted que su apellido no va con el color de su piel Pachas… joven su mochila, joven venga para acá, revisión de rutina señor, síganos… / OS7 / PDI / SAG / por qué lleva tanta artesanía, tanto libro, tanta polera de la selección, porque compra en Tacna, apoye la industria local o es que acaso no es chileno usté… / morenada rock / ese perro que busca coca  vive mejor que yo / señores, yo quiero ir hecho un hombre, hecho un hombre por el universo, así clamaba ayer, hoy camino tranquilamente con la verdad en los bolsillos, y tal vez sea mejor que antes… señores pasajeros, lamento interrumpir tu linda conversación, con todo respeto este que les habla Walter Fermín es un joven que al no querer robar ha buscado ganarse la vida honestamente, por eso te pido un minuto de tu atención… me subo a este bus con el permiso del señor conductor queriendo tocar la puerta de tu corazón y la generosidad, esa moneda que te puedes gastar en cualquier vanidad de la vida… les voy a cantar para alegrar su tarde que levante la mano quien no lloro un adiós / caserito no seas malo… / Frunita a 100…

La cápsula anterior, lejos de ser una parodia es algo común, que marca la hibridez en la identidad de los nortinos que habitamos la frontera. Empapados del sentimiento que significa vivir entre dos países separados por sólo una hora y un par de complejos fronterizos.

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Crónica transfronteriza
La cápsula anterior, lejos de ser una parodia es algo común, que marca la hibridez en la identidad de los nortinos que habitamos la frontera.

Es usual escuchar a muchos chilenos decir que Tacna, la ciudad peruana fronteriza, es Tailandia, o en su defecto una versión chicha de Tijuana. Esto les permite sentir, aunque sea por unas horas, el poder del que paga. El cambio de actitud opera sutilmente, lo puedes notar en cómo los chilenos golpean la mesa al pedir un jugo o la forma despectiva en el trato a las caseras. Entre risas despliegan una xenofobia que reza así: ¡ay este bus huele a pata!, ¡ay casera hágame un descuento yo soy su mejor cliente, si no fuera por mí no venderían nada en este mercadillo! En los restaurantes, familias enteras posan ante sus abultados y condimentados platos de chifa, pollo a las brasas o comida criolla, sin embargo, el chileno no sale del circuito central, ir a las cevicherías, ubicadas a diez minutos del centro ya es una aventura lejos de su consabido perímetro de seguridad.

Lo curioso es que esta actitud ganadora es solo una victoria moral, pues sin darse cuenta es presa de una maquinaria diseñada exclusivamente para cebarlo, obtener su dinero y luego a sus espaldas, mientras se retiran hacia Chacalluta en manada, contar con una sonrisa muda los pesos y soles que han dejado regados. Ese botín bien merece aguantar la soberbia y el llanto de los consumidores.

Pero detengámonos en lo que la gente busca de preferencia, es decir, saciar su hedonismo, sin importar el sufrimiento del otro. Tenemos a esos sujetos con sobresueldo que llegan de cacería; el turismo sexual radicado en una improvisada zona roja que ha dado vida a la ex zona industrial de Tacna, repleta de antros con chicas que en muchos casos llegan de la amazonia, incluso contra su voluntad. Cerca de allí, taxistas y jaladores peruanos -esos que te ofrecen desde el terminal pasajes a Cuzco, citas con el dentista y oculista de turno- piensan que todo chileno es un putañero.

La zona franca permite que el alcohol –pero sobre todo el whisky-, sea baratísimo; los cartones de cigarros son otra ganga contrabandeable para revendedores de Arica, así como también para las caseras que se valen de sus polleras para favorecer el matute. De Arica a Tacna, las señoras burlan la frontera de Santa Rosa forradas como equecos, llevando oculto en su cuerpo exoesqueletos de ropa usada para evadir la ley de protección a la industria textil peruana. De vuelta, ingresan a Chile -bajo el sistema de tráfico hormiga- peluches, poleras estampadas con el nombre de Alexis Sánchez, tenidas imitación de Adidas y Nike, bolsitas de medicamentos, displays de papel higiénico, blockbusters en blu ray y artículos del hogar.

Ese retrato es parte de lo que se vive a diario en la frontera, sin contar a los cientos de haitianos, dominicanos, venezolanos y colombianos que buscan llegar a Santiago o a las ciudades mineras de Antofagasta y Calama. Esos viajeros son rechazados con violencia por policía de investigaciones y migración, en honor a nuestra soberanía, a fin de evitar que la avenida Diego Portales de Arica vea sus plazas llenas de jóvenes latinoamericanos esperando alguna camioneta que los recoja para trabajar en faenas agrícolas o en la maestranza.

El chileno en cambio, presumiendo su estatus de ciudadano con la mejor economía de Sudamérica, un supuesto oasis y país aliado de las políticas de Estados Unidos, cotidianamente realiza un tour de forcé, entronizando su espíritu de jaguar, y circula todos los fines de semana por el paseo Bolognesi en Tacna, enseñando a su hijo las picadas de discos piratas, atención dental y un menú exquisito acompañado de Inca Kola. Porque claro, qué importa reventarse los dientes y el colon con el exceso de rocoto y hierba luisa gasificada, si en los hospitales de Perú, podrán recaucharte por tres lucas, con esa sonrisa y amabilidad que los caracteriza.

El retorno a Arica guarda una última sorpresa, a mi lado viaja una familia de Quillota que veranea todos los años en Tacna. El padre me cuenta que Arica e Iquique le parecen aburridas, y que Tacna tiene de todo para el chileno. De improviso me pregunta si yo vivo en Arica, asiento y agrega, ¿nacido y criado?, le respondo que nací en Lima, pero mi padre es de Santiago, por lo que terminé viviendo en Chile desde la adolescencia. Su rostro cambia y me pregunta mis apellidos, le digo Rojas por parte de padre y Pachas por mi madre peruana. Añade que no parezco peruano porque soy blanco, tengo barba y no soy bajito, arremete después con preguntas sobre cuántas generaciones de chilenos anteceden el apellido de mi padre. En ese momento caigo en cuenta que mi apellido materno no concuerda con el color de mi piel. No es la primera vez que lo escucho, como tampoco es la última vez que tendré que cerrar un diálogo pensando en que algunos chilenos aman Perú, aman lo que les ofrece y todo el placer que pueden obtener de ese lugar, se trasladan por largos kilómetros, pero jamás cruzan la frontera realmente, jamás dejan el horroroso Chile atrás.

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