F.G.Haghenbeck

Paco, carajo, Paco

Nos mensajeamos hace dos días. Se sentía mejor aunque todavía estaba en el hospital. Confiábamos en que iba a salir de ésta. No era la primera vez que nos metía algún susto. Hoy, en medio del café matutino y una celebración, llegó la noticia: Ahora Paco está contando otras historias.

Ciudad de México, 5 de abril (MaremotoM).- Era la primera emisión del festival Huellas del Crimen, allá en San Luis Potosí y era 2016. Vi a Paco sentado en una mesa con Iris García Cuevas y Sebastián Del Amo platicando como él solía hacerlo, con la emoción desbordada para contagiar a todos los que lo rodeaban con una buena historia.

Yo no había publicado nada todavía y andaba ahí en calidad de fan. Por supuesto que sabía quién era él. Para ese entonces ya había leído El Diablo me obligó, En el crimen nada es gratis, Trago Amargo, La primavera del mal y Efecto Tequila. Me terminé la copa de cortesía y me fui del convivio, sin acercarme siquiera con el padre de Sunny Pascal.

F.G.Hagenbeck
¿Los humanos no somos ya suficientemente tremendos para crear nuestro propio error? Foto: Cortesía Facebook

Meses después de lo topé en la FIL, le pedí una foto y él muy amable me dijo que sí. No lo volví a ver hasta las Jornadas Negras de Minería al año siguiente…y ya no dejamos de platicar y frecuentarnos cuando podíamos. Nos topábamos en ciudades lejos de casa y siempre tenía tiempo para platicar, para aconsejar, para contarte una gran anécdota. Fue de los primeros escritores que me enseñaron que sin disciplina no sirves para el oficio, que las buenas historias siempre están frente a nosotros, que la generosidad sirve más que el poner obstáculos a los colegas, que somos bendecidos por amar lo que hacemos…

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Había veces en que me decía que andaba madreado, pero nunca dejaba de estar, de cumplir con los colegas. Me había propuesto hacer una novela a cuatro manos: un robo a un banco que salía mal. Detuvimos un poco el trabajo porque justo se le atravesaron otros proyectos que debía entregar antes. Porque así era Paco, carajo. No se podía estar quieto. No quería estar quieto. Cada día era un round ganado a la muerte. Y Paco podía hincarse para agarrar aire, pero nunca caer de espaldas.

Nos mensajeamos hace dos días. Se sentía mejor aunque todavía estaba en el hospital. Confiábamos en que iba a salir de ésta. No era la primera vez que nos metía algún susto. Hoy, en medio del café matutino y una celebración, llegó la noticia: Ahora Paco está contando otras historias, más allá de las estrellas, a otros seres, de un mundo extraño para ellos. Por qué a donde vaya sé que seguirá haciendo lo que más ama: contar buenas historias. Y nosotros aquí extrañándote, Paco. Carajo.

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