Paola Tinoco

Paola Tinoco: “Las editoriales y las instituciones en Mexico están apostando por el cuento”

“La gestión cultural tiene tanta importancia y se puede hacer con todos los tamaños de presupuestos”, dice una de nuestras promotoras culturales más conocidas, que ahora, primicia de Maremoto, tiene su propia editorial de Microficción y Poesía.

Ciudad de México, 10 de agosto (MaremotoM).- la gestión cultural, la promoción literaria, los cuentos que escribe en los tiempos libres, Paola Tinoco (1974) ya no es tan joven ni tan niña, es más, sólo decimos que hace ya 20 años que se dedica al libro y a difundir las letras.

Primero fue jefa de prensa de Colofón y ahora está “independiente”, haciendo mil cosas y teniendo muchos recuerdos, como cuando lo acompañó a Roberto Saviano por Nueva York y el italiano se sentía tan libre que tomó un taxi solo, dejando a sus acompañantes temblando de miedo.

Que Claudio Magris y Martin Amis son recontra amables, que la Premio Nobel Herta Muller dijo algo que no se esperaba de ella en una cena y que con eso distendió la reunión.

Paola Tinoco es socióloga, editora y escritora. Antóloga de los libros De lengua me como un cuento (Axial), Cuentos desde el cerro de la silla (Anagrama-UANL), Más de lo que te imaginas (Cal y Arena), Mexicanos en una nuez (Posdata), Tríos (Anagrama) y Relatos de malta (Time out). Ha participado en las antologías Ligeros de equipaje: cuentos de viajes y viajeros (Cal y Arena), El discreto encanto de narrar (Textofilia), Solo cuento (UNAM), Tierras insólitas (Almadía), Palabras Malditas (Palabras Malditas), Breve colección de relato porno (Editorial Shandy) y Cinco metros de cuentos perversos (Textofilia). Cuentos suyos se incluyen en los libros publicados por la revista Marvin dedicados a Morrisey, Cerati y Café Tacuba.

Actualmente dirige su propia oficina de comunicación y contenidos, desde donde colabora para diversos festivales culturales y ferias de libros en todo el país. Coordinadora operativa del Coloquio De muro a muro para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara y es colaboradora en los programas de radio Ready made e Inspiria, ambos en Ibero 90.9.

Esa es su biografía, ponerse a hablar con ella es menos frío y hay un montón de anécdotas deliciosas.

La gestión cultural tiene tanta importancia y se puede hacer con todos los tamaños. Foto: MaremotoM

–¿Cuándo decidiste que ibas a escribir?

–En la adolescencia. Decidir que iba a publicar lo que escribía era otra cosa. En esos momentos no decides que vas a publicar porque no sabes si tu trabajo va a ser suficientemente bueno para ser publicado, de hecho no pasa tanto por la cabeza, solo escribes. Sucedió cuando empecé a trabajar en el mundo de los libros, a partir de unas crónicas que escribía sobre la ciudad de México, en ese entonces me vino la primera propuesta. Son unos personajes tan raros, dijeron, que podrían ser cuentos.

–¿El primer libro de cuentos fue Oficios ejemplares?

–Si, y todavía me sigue divirtiendo lo que pasa con él, me alegra que le siga gustando a muchísimos lectores, porque al día de hoy, me siguen llegando mensajes por Instagram o por Twitter, con ideas de oficios que debería escribir. Tengo material para hacer cinco libros de esos.

–Cuando salió ese libro la gente en México empezaba a leer más cuentos

–Lo veo más fuerte, ahora. Cuando publiqué el libro, fui a Argentina y me traje la maleta cargada de libros de cuentos. Allá comparten la mesa de novedades con cualquier novela. En México todavía no pasa, pero sí figuran ya. Hasta hoy, a mediados de 2019, el cuento está fortalecido y la microficción ya tienen una fuerza tal que los premios para cuentos son muy importantes. Hablemos del Premio Rivera del Duero, que ganaron Antonio Ortuño y Guadalupe Nettel, es un premio muy importante. El de microficción, el de Edmundo Valadés, que lo proporciona el INBA, es de 100 mil pesos. No sólo las editoriales están apostando por este género, sino también las instituciones.

–Me decía Claudia Piñeiro que en los países nórdicos nadie lee cuento

–Tiene que ver con el clima y aunque parece broma, es en serio. Leen mucha novela y mucha poesía. Ellos pasan seis meses con un clima del carajo, viven en la oscuridad, necesitan extensiones largas para entretenerse. La poesía es para las almas atormentadas y por la soledad.

–El tema de estar tan cerca del libro, ¿te ha restado tiempo para hacer tu literatura?

–Sí, de hecho después de mi libro de Oficios ejemplares, me dedicado mucho a las antologías, y a participar como autora en ellas y en otras como compiladora pero no a libros propios, completos. Por falta de tiempo, por darle más vuelta a estos proyectos para que no nos quiten el espacio. Suena muy duro, pero es así, si no peleas a esos espacios en las editoriales para que se publiquen libros de cuentos, se pierden. He dado prioridad a que se mantengan por encima de que yo sea escritora.

Paola Tinoco
Si no peleas a esos espacios para que las editoriales sigan dando espacio de que se publiquen libros de cuentos, se pierden. Foto: MaremotoM

–¿Cómo empezó el acercamiento con el libro, con el género cuentístico?

–Empezó con el servicio social que se hace en las universidades y me tocó hacerlo en la revista Proceso. Para un libro de investigación de un libro que se llamaba México, su apuesta por la cultura en el siglo XX. Me asignaron entrevistar a un montón de escritores, ahí conocí a Guillermo Fadanelli, Héctor de Mauleón, Rafael Pérez Gay, a Sergio González Rodríguez, una amistad que duró hasta la muerte y de otros tantos que podría mencionarte. Esos escritores me acercaron al cuento, unos cuentos que te relajan –como los de Guillermo Fadanelli- y los quieres leer de cabo a rabo.

–¿Qué recuerdos mencionarías de lo que has vivido en ese mundo del libro?

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–¡Es bien difícil! La primera es Carlos Fuentes. Me tocaba entrevistar para el libro de Proceso, ahí nada más hacía las preguntas, pero cuando le dije que era para Proceso me dice: Me choca esa revista porque Armando Ponce siempre me ha tratado muy mal, no me interesa. Voy a contestar a sus preguntas, que son para Paola Tinoco. En esa época todavía funcionaba los faxes y me contestó las preguntas escritas a máquina, pero en una orilla del papel escribió de puño y letra diciendo: “Estas respuestas son para Paola Tinoco, no para Armando Ponce”. Ese es mi primer recuerdo entrañable.

–Era la época en la que él presidía lo que se llamaba La República Mexicana de las Letras

–Es cierto. Cuando se murió Carlos Monsiváis, pensábamos que Juan Villoro iba a tomar ese cargo, pero si bien Juan Villoro tiene un gran importancia, no va por ese lado. Carlos Monsiváis era popular hasta con los boleros de la calle, no así Juan, que es muy leído pero por otras clases sociales.

–¿Tienes algún recuerdo con Monsiváis?

–Sí, fuimos a hacerle con Vivian Abenshushan y yo una entrevista para el Canal 22. Yo ya estaba en Anagrama. Fuimos a su casa, nos tuvo esperando como dos horas, aguantándome un poco la vergüenza entro a su casa, veo en la sala ese montón de libros en el piso, en los sillones y un olor a meados de gato bien penetrante. Lo veo a él sentado con dos gatos, uno en el hombro y otro en el regazo, le digo perdone, lo estamos esperando para la entrevista. –¿Cómo, no iba a hacerse acá dentro? Ahora voy, me dice. Y no sale. Nos tuvo esperando otras dos horas. La entrevista al final duró tres minutos, después de cuatro horas.

–Siempre recuerdo tus historias con Roberto Saviano

–Correr con Saviano por Nueva York fue una de las cosas más increíbles que me hayan pasado. Yo tenía la idea de que estaba perseguido por la mafia, pero en los Estados Unidos era bastante libre. Le acabamos presentando el mezcal en la terraza de un hotel, al final de las copas dijo que se iba a ir en un taxi de la calle. Se subió corriendo en un taxi y nosotros atrás, muertos de miedo.

Paola Tinoco
“Estas respuestas son para Paola Tinoco, no para Armando Ponce”. Ese es mi primer recuerdo entrañable. Foto: MaremotoM

–¿Admiras mucho a Herta Müller?

–Sí, es una de mis escritoras favoritas. Incluso la poesía, no soy muy lectora de poesía, pero lo que escribe ella me lo sé de memoria. Hasta sus ensayos son poéticos y duros. En una noche con Carlo Feltrinelli, el editor de su obra en Italia, era muy difícil para ella decir que le molestaba la música del mariachi, hasta que yo furiosa por tener al mariachi en esta oreja dije: ¡Ya me tiene harta!, y ella respondió: Pensé que nadie lo diría en esta mesa. Me choca, ¿podemos hacer algo para que se vaya? Toda la tensión que teníamos de estar con una Premio Nobel, se fue y pudimos hablar cosas bonitas.

–¿Hay algunos escritores que te hayan decepcionado, Claudio Magris, Martin Amis?

–Acabas de nombrar a dos escritores maravillosos. No decepcionan de ninguna manera, ni como personas ni como escritores. Quizás Antonio Tabucchi (1943-2012), es un gran escritor, pero era la clase de persona que gritaba y regañaba antes de saber que había pasado, apenas me estaba acercando y hablaba muy mal de la editorial, de la distribución. Cuando terminaba su acto, era un angelito. Ya se le olvidaba todos los demonios que habían salido antes por su boca.

–¿Qué planes tienes?

–Ahora trabajo desde otras trincheras aunque no he dejado de hacer promoción literaria, en radio, en televisión, en las ferias del libro de los Estados. Me di cuenta de que hay muchas ferias que pueden traer a varios escritores internacionales, no es sólo la de Guadalajara o la de Monterrey. Tienen muy buen público y si los conocen, los escuchan, piden sus libros. Hace muy poco me pasó con Martín Caparrós en la Feria de León, el Estado de Guanajuato, se hablaba solo del Cervantino y de zapatos. Sin embargo, la feria de León ha puesto el listón alto y la gente ya lee libros que antes no leía, por ejemplo, de autores como Agustín Fernández Mallo o Martín Caparrós, que no son sencillos. La idea es seguir trabajando con los libros pero desde otro lado. Lo que sí creo es que la gestión cultural tiene tanta importancia y se puede hacer con todos los tamaños de presupuestos. En el camino vas aprendiendo, te llaman de una Embajada, de un instituto de cultura y neceitan organizar un evento literario pero no conocen a nadie del país, y en ese caso, ayudo a conectar gente. Te das cuenta de que a veces esos cócteles a los que vas para encontrarte con unos amigos, funcionan para eso que necesita una Embajada. Y haces relaciones públicas y organizas un evento literario para ellos. Más planes: por lo pronto, haré mi primer viaje a Frankfurt este año. Y vamos a ver qué pasa por ahí, mi intención es traer algo de Microficción y ver cómo podemos enriquecer panorama.

–¿Nunca se te ocurrió tener una editorial?

–Empieza este año. Se llama Extravagancia editorial, estoy asociada con Nicolás Alvarado y yo me encargo de las colecciones Prodigioso miligramo, que es lo de Microficción y Pasionarias, con Zaira Espinosa, una poeta de Monterrey, que me ayuda con el tema de la Poesía.

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