La noche del caimán

“Para mí la ficción es mi gran refugio, el lugar donde todo cobra sentido”: Diego Ameixeiras

La noche del caimán es melancólica y tiene aroma a fracaso, es lo que dice este autor español, de Galicia, que ha hecho un gran homenaje al género con su reciente novela, editada por el Fondo de Cultura Económica.

Ciudad de México, 29 de febrero (MaremotoM).- La literatura y la novela negra, el honrar a la escuela estadounidense y hacer La noche del caimán (FCE) como homenaje al cine y la literatura clásicos del género negro.

Selma, una femme fatale con intenciones ocultas, Ricardo, un escritor obsesionado con su ópera prima y el Caimán, un reptil citadino en busca de algo, construyen un rompecabezas conformado por lo prohibido, lo enfermo y lo misterioso. Sus vidas se encontrarán unidas por un mismo y oscuro fin, cada vez más apremiante.

Diego Ameixeiras (Lausana, 1971) es escritor, periodista y guionista, que vive en Galicia, no conoce Filadelfia, la ciudad central de la novela y ha desarrollado un estilo particular dentro de la novela negra

Una de las voces más importantes de la narrativa en España, es colaborador de La Voz de Galicia con una columna semanal. Ha sido galardonado con el Premio del Director de la Semana Negra de Gijón, por Dime algo sucio (2011) y una mención como finalista del Premio Hammett por Conduce rápido (2017).

La noche del caimán
La noche del caimán, editado por el Fondo de Cultura Económica. Foto: Cortesía

–¿Qué dirías de la novela negra en España?

–Creo que la novela negra en España en los últimos años ha diversificado mucho sus propuestas. Han salido autores muy interesantes. La noche del caimán es mi última aportación al género. Mis novelas intentan revelar una realidad marginal y oscura y creo que es una historia de gran homenaje a la novela negra. Uso un poco la excusa de un gran escritor que está obsesionado por David Goodis, para hacer multitudes de guiños al género negro y al cinematográfico, a esas atmósferas de las que he disfrutado tanto.

–No soy lectora de novela negra, pero La noche del caimán tiene una melancolía y una cierta sustancia que la hace estar por encima del género

–Por lo menos mi objetivo, que el tono de historia desprendiese una cierta fatalidad en el ambiente. Todos los personajes de la novela están atravesados por cierto estropicio emocional. Tienen un conflicto abierto y en carne viva. Ayuda que la novela, que es metaliteraria, fuera una propuesta literaria; habla mucho del oficio de escribir, el no conseguirlo, el estar frustrado, le da ese color melancólico, ese aroma a fracaso.

–Cuando uno termina una novela se realiza, consigue ser, es algo propio de la literatura estadounidense también

–Hay un momento en que se dice que el protagonista que su vida adquiere sentido a través de la ficción. Todos pensamos que nos realizamos como personas a través del contacto con otros, pero ciertos tipos de oficios que obligan a grandes soledades, como el de escritor, uno se enfrenta a una serie de fantasmas que convierten en ese camino en algo tortuoso, por el que se precipita el protagonista. Es un protagonista oscuro, que su vida adquiere un sentido pleno a través de la ficción. No acaba de tener todo el talento que necesita para acabar la novela.

Te puede interesar:  Anna Freixas: "Las mujeres mayores no pedimos caridad sino justicia"
La noche del caimán
Creo que la literatura obliga a reflexionar sobre la vida, a encontrar significados donde quizás la vida misma no quiere mostrarlos. Foto: Frida Hernández / Cortesía

–A veces la vida es tan rica que es terrible tener que ponerse a escribir, lo decía Ángeles Mastretta esta semana. La literatura plantea cierta decepción…

–Creo que la literatura obliga a reflexionar sobre la vida, a encontrar significados donde quizás la vida misma no quiere mostrarlos. El escritor ve la vida desde cierta distancia, me sucede así. Prefiero escuchar hablar, prefiero observar, ser como un espectador de la vida. Es una vida diferente la del escritor, detrás de todos nuestros actos hay siempre una parte profunda que merece ser expuesta a través de la ficción.

–¿Qué pasa en tu tierra gallega con el género negro y el narcotráfico?

–El tema del narcotráfico estuvo muy visible para la sociedad entre los 80 y 90. Hubo una época en que Galicia corrió el riesgo de convertirse en un territorio muy amable para el narco. Hoy continúa, de otro modo más invisible. Nos habla de una Galicia que en algún momento de parecer a otros lugares, como Colombia, pero creo que la sensibilidad social provocara que esa lacra no sea tan visible. La literatura, las series, han optado por hacer su propia fotografía. La novela negra es un territorio propicio para reflexionar sobre esas cuestiones.

–En La noche del caimán paseas todo tu transcurso por Filadelfia…

La noche del caimán la publiqué primero en gallego, en el 2015. La mayoría de mis novelas están casi siempre ambientadas en Santiago, en Ourense, donde pasé mi infancia. No he estado en Filadelfia, que es la ciudad de David Goodis y hacia allí va el protagonista para terminar su novela. Es un pequeño guiño a muchos escritores de novela popular, de principios de los 60, que escribían sus novelas baratas con seudónimos en ciudades donde jamás habían estado. Es también disfrutar un poco de esa lógica extraña que tiene la ficción y que te permite hablar de lugares donde no han estado.

–¿Qué es la ficción para ti?

–Para mí la ficción es mi gran refugio. El lugar donde todo cobra sentido. La lectura es el lugar que nunca te traiciona.

La noche del caimán
La lectura es el lugar que nunca te traiciona. Foto: Frida Hernández / Cortesía

Comments are closed.