Jonathan Barbieri

Para mí la poesía es como plasmas la pintura, el alma de ella: Jonathan Barbieri

 El que pierde almas, historia de una cantina, pintada y dibujada por Jonathan Barbieri, quien nació en 1955 en Washington, D.C., y emigró a México a principios de los ’80. Ha pasado la mayor parte de su vida en Oaxaca y sus alrededores. Sus pinturas y dibujos se encuentran en colecciones públicas y privadas de México, Europa y Estados Unidos.

Ciudad de México, 13 de junio (MaremotoM).- Un catálogo conmemorativo de los últimos 25 años de trabajo del pintor Jonathan Barbieri, en el que escriben Guillermo Fadanelli, la poeta Araceli Mancilla y Guillermo Santos, entre otros.

El que pierde almas, historia de una cantina, pintada y dibujada por Jonathan Barbieri, quien nació en 1955 en Washington, D.C., y emigró a México a principios de los ’80. Ha pasado la mayor parte de su vida en Oaxaca y sus alrededores. Sus pinturas y dibujos se encuentran en colecciones públicas y privadas de México, Europa y Estados Unidos.

En 2007, se asoció con Fausto Rasero para lanzar la marca icónica de mezcal bautizada en honor de La Pierde Almas, una serie de veinticinco pinturas y dibujos que conjuran el mundo de las cantinas que frecuentó durante los años ochenta y noventa en Oaxaca, México.

En 2010, inició una larga amistad y proceso de aprendizaje con el maestro mezcalero Goyo Velasco Luis, de San Luis del Río. Al poco tiempo, Barbieri adquirió sus dos primeros alambiques de cobre y empezó a destilar experimentalmente por su cuenta.

Jonathan Barbieri
Cabeza de toro. Foto: Cortesía

En 2013, lanzó la primera ginebra a base de mezcal, creando sin proponérselo una nueva categoría de destilados. Escribió más tarde que estaba buscando “la confluencia de dos grandes caudales en la historia de la destilación: el río de la ginebra, que ha cruzado el continente europeo durante 800 años, y el quizá milenario río del mezcal, cuya fuente brota en el sur de México. Hasta este momento, esos ríos no se habían cruzado, pero cuando uno fluyó en el otro, fue como verter y mezclar dos culturas distintas”.

El arte de la destilación lo puso en contacto con campesinos indígenas que siguen cultivando el maíz multicolor y de texturas diversas que sus ancestros crearon hace más de 300 generaciones. Muchos de ellos estaban empeñados en una lucha existencial para mantener su soberanía alimentaria y la integridad de sus comunidades. Los patrones climáticos del nuevo siglo, cada vez más alterados por el calentamiento global, acarrean una pérdida de cultivos –y, por extensión, de semillas– agravada por las inundaciones y los intensos vientos que se han vuelto devastadoramente comunes.

Hacia 2014, Barbieri destilaba ciertas variedades de maíz nativo, producía whiskey y buscaba establecer asociaciones comerciales con campesinos que de otra manera no podrían competir en un mercado inundado con maíz industrial de bajo costo y sus derivados. En 2019, Barbieri y su esposa establecieron el Taller Experimental de Destilados de Granos Antiguos. Al año siguiente, crearon la etiqueta Maiz Nation, bajo la cual destilan whiskies y ginebras.

Profundamente impresionado por la autoconciencia de los campesinos y su sentido de continuidad con el pasado, su preocupación por el bienestar del planeta y su sentido comunitario, Barbieri colaboró con el cineasta Gustavo Vásquez para producir Los guardianes del maíz, un documental de 2020 sobre la gente que cultiva el maíz ancestral en las regiones de la Sierra Mixteca, Costa, Chinantla y Valle Central de Oaxaca.

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Barbieri continúa explorando los poderes transformadores de la pintura y la destilación, o, como le gusta llamarlas, las artes animistas de “extraer el alma de una cosa”. Con ese fin, mantiene una bodega de whiskies nativos de maíz y grandes mezcales, como el sublime Tepextate, del maestro Goyo Velasco, que con una graduación etílica de 55% es el medio perfecto para las indagaciones en la “transubstanciación inversa” que le gusta experimentar.

Hasta ahí la biografía de este artista complejo y de muchas motivaciones, con el que mantuvimos una larga conversación en torno a su catálogo y al arte de Oaxaca y del mundo.

ENTREVISTA EN VIDEO A JONATHAN BARBIERI

“Las dos profesiones se llevan a la otra. Es algo común, el arte lleva al consumo del mezcal y el consumo del mezcal produce arte. De todas maneras, lo mío es el pasado, ahora produzco whisky. Yo dejé de fabricar mezcal, porque todo el mundo lo hacía”, dice Jonathan, en entrevista.

Acerca de su pintura, Barbieri dice: “Es un diálogo con la historia y una búsqueda muy personal. Es un diálogo con el pasado que desarrolla un idioma para las nuevas generaciones. Aquí en Oaxaca no ha habido una crítica imparcial, una cultura de crítica. Mucha gente relaciona mi obra con Francis Bacon, pero yo siento que ocupo mucho el concepto del escenario de tres paredes o de una sola pared con algo que está pasando enfrente. Yo, en verdad, no considero que Bacon sea una influencia. Lucian Freud, un contemporáneo de Bacon, sí. Ha sido un gran pintor para mí, en cambio Bacon ha sido un diseñador intelectual para mí”, afirma.

“Yo me voy con Goya, que es la bisagra donde se gira el mundo clásico hacia el mundo romántico. Bacon y Goya fueron sordos, los dos exiliados en tiempos históricos de mucho tumulto en Europa. De Goya podríamos extrapolar muchas líneas, pero yo veo a una muy clara que es ir de Goya a Manet. En mi opinión, Manet es un realista, que ha utilizado la soltura de la pintura. Y yéndome cincuenta años, encuentro a Max Beckmann, quien reflexiona directamente con Goya, con todo lo que son sus obras sobre la tragedia de la guerra. Ahí se hace un viaje muy bonito, con reverencias a los grandes maestros. Tú agarras la pelota que te pasó el pintor anterior y juegas un rato. Yo sabía que iba a exponer una sed tremenda por el diálogo y por la crítica, que no iba a llegar a nadie”, dice.

Jonathan Barbieri
Sesos de res. Foto: Cortesía

Jonathan Barbieri no piensa mucho en la oscuridad o la luz sino en la pintura. “La pintura es algo que vas a embarrar con cierta transparencia y cierta espesura para imitar la mantequilla. Para mí la poesía es como plasmas la pintura”, dice.

¡Cuántas muertes se habrá muerto la pintura!, nos reímos con Jonathan Barbieri. “La idea de no enmarcar los cuadros, para mí el marco define un límite arquitectónico. La pintura ha sufrido por muchas destrucciones, por mucha imposición retórica en su pobre cuerpo, que está en constante metamorfosis. Ahora, cuando todo es imagen, hay una necesidad en los que hacen lo que sean, los que pintan, los que hacen cine, los que esculpen, de retornar al objeto. De repente estamos viendo mucha pintura interesante y realista”, afirma.

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