Luciano Pavarotti

Pavarotti, un hombre lleno de contradicciones, canta y vive en el documental de Ron Howard

Lo que sí es cierto que Pavarotti refleja un carácter como un maremoto del tenor, algo que va más allá de sus logros musicales y que es propia de un genio rodeado de contradicciones y de seres que lo alaban todo el tiempo, como hace la Decca, el sello discográfico de Pavarotti que desde hace mucho tiempo, no marca ningún defecto del cantante.

Ciudad de México, 18 de julio (MaremotoM).- El ganador del Oscar Ron Howard dirige este documental sobre la vida, la carrera y el legado del “tenor del pueblo”, el prodigioso cantante italiano Luciano Pavarotti. Con entrevistas inéditas a su familia y colegas, imágenes nunca vistas y sonido de última generación, el filme rinde homenaje a la vida de este hombre extraordinario que fue un gigante de la música lírica.

Esto fue en 2019 y ahora lo transmite HBO Max y estamos intentando rescatar esos estrenos antes del coronavirus porque de muchas cosas no nos enteramos.

Luciano Pavarotti
Ron Howard dirige el documental. Foto: Cortesía

Hay muchas críticas en torno a Pavarotti, un tenor ejemplo de la ópera, cuando los cantantes, sin micrófono, deben proyectar sus voces por encima de una orquesta completa para que se escuchen claramente en el balcón superior de un teatro de ópera de 4000 asientos. “Pavarotti hizo eso durante más de tres décadas. Protegió sus recursos vocales de varias maneras, incluida una obsesión por la comida, que eventualmente lo llevó a su declive. Incluso un ensayo no podía comenzar sin un plato de pasta, que sintió que era el sustento de su éxito. Después de un tiempo, su séquito incluía una cocina completa (ollas, sartenes y kilos de tomates, queso y pasta) instalada en las suites de su hotel”, cuenta la crítica de NPR, firmada por Tom Huizenga.

Su viaje al antiguo teatro de ópera en el Amazonas, donde alguna vez cantó el gran Enrico Caruso, el divorcio con su mujer, Adua, la insistencia para convencer a Bono, de U2, a partir del cual no sólo se realiza “Miss Sarajevo”, sino que se embarca en Pavarotti and Friends, son relatados en una película sin fisuras y sin contar las enormes contradicciones que hizo que Pavarotti por un lado pusiera a la ópera en el centro de la escena y que por otro lado fuera un hombre imprevisible, protagonista de caprichos y un hombre en cierto modo misterioso para el gran público.

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Hizo Los tres tenores y con ello marcó un antes y un después en la historia de la ópera. El segundo concierto de Three Tenors en el Dodger Stadium de Los Ángeles en 1994 llegó a unos 1.300 millones de personas.

“La voz de Pavarotti, en su mejor momento, sigue siendo una voz inigualable. Solo unos momentos de “Pietá Signore” de Stradella, grabada en vivo en 1987 y escuchada cerca del final de la película, son lo suficientemente impresionantes como para poner la piel de gallina. Pero la película no se molesta en ponerlo en contexto. No hay nadie que describa la voz en términos de lo que era: un instrumento rico, redondo y ágil que instintivamente derramó el sol más radiante de Italia con una dicción prístina”, critica Huizenga.

“Ni siquiera sus colegas de Los Tres Tenores, Plácido Domingo y José Carreras, describen lo que los expertos en ópera llaman “squillo” o ping, el sonido de timbre que hace que algo en tu cráneo zumbe. Pavarotti lo tenía con creces. Solo una o dos notas y puedes identificar su sonido. Aunque muchos tenores hoy en día pueden lanzar Do altos como lo hizo Pavarotti, ninguno se acerca al paquete vocal del gran cantante. La soprano Carol Vaness está en lo cierto cuando, en la película, dice que podía “ver” la voz. “Puedes contar las moléculas, prácticamente, es tan claro”, dice ella”, agrega.

Lo que sí es cierto que Pavarotti refleja un carácter como un maremoto del tenor, algo que va más allá de sus logros musicales y que es propia de un genio rodeado de contradicciones y de seres que lo alaban todo el tiempo, como hace la Decca, el sello discográfico de Pavarotti que desde hace mucho tiempo, no marca ningún defecto del cantante.

El documental, oxigenado, a veces distante de un hombre que fue cercano a todos, pero al mismo tiempo totalmente alejado de la realidad, es de todas maneras digno de verse, recordando a este monstruo de la ópera que nos hizo doméstico un género del que estábamos olvidados.

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