Pedro Valtierra

Pedro Valtierra: “Nicaragua fue como una gran ironía de la vida”

Un impactante ensayo fotográfico sobre la Revolución Sandinista en Nicaragua, que comenzó en la década de los setenta, concebido por uno de los grandes maestros de la fotografía, Pedro Valtierra.

Ciudad de México, 16 de julio (MaremotoM).- El gran Pedro Valtierra dice que está joven y que vive el día a día. No se conforma con escuchar leyenda o mito, esas palabras que lo envejecen y que le hacen pensar que lo mejor está en el pasado.

Hace poco, en Zacatecas, su Estado natal (en Fresnillo, una zona violenta y muy pobre, según relata), le dieron el Doctorado Honoris Causa, que se concretará en septiembre. No sabe lo que se va a poner. Las camisas blancas ahora la pusieron de moda el Presidente de Bolivia, Evo Morales y nuestro primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador. “Pero yo las usé primero, mucho antes”, se ríe.

Acaba de presentar el libro Nicaragua, la revolución Sandinista, una crónica fotográfica, por Grijalbo. Esa crónica en realidad resulta un recuerdo, unas memorias de un tiempo que pasó hace mucho más tiempo que en el siglo pasado, cuando Pedro era todavía más joven y todos soñábamos por un mundo mejor.

Pedro Valtierra
El libro editado por Grijalbo. Foto: Grijalbo

Me dice cosas fuera de la nota: tenemos que hablar de la gran crisis periodística, de su exposición sobre las mujeres guerrilleras, a las que acaba de encontrar en su archivo y luego de 30 años se dio cuenta de que todas eran mujeres en Guatemala, de su trabajo solidario en Zacatecas, en Fresnillo, de todo lo que hace ahora.

“Él nos dice que la fotografía es como un acto de magia. Y la magia está en que si se asomara ahora al visor de su cámara, vería la misma inocencia, la misma luz diáfana en los ojos de esos muchachos, la misma decisión y el mismo coraje para enfrentarse, una vez más, a otra dictadura militar”, escribe el autor nicaragüense Sergio Ramírez, él mismo un revolucionario como Daniel Ortega.

“Sergio es mi amigo, Daniel Ortega no”, se encarga de aclarar, un poco para decir que esta Nicaragua (el segundo país más pobre del mundo) ha vuelto ser un poco esa nación que era con Anastasio Somoza. El que ayer era revolucionario, hoy es dictador.

Pedro Valtierra
El que ayer era revolucionario, hoy es dictador. Foto: MaremotoM

Pedro Valtierra dice que no escribe bien o al menos poco modestamente se escuda tras su cámara. Sin embargo, en este libro recuerda a Manuel Becerra Acosta, el director del unomásuno, quien lo mandó a Nicaragua para “que esa lucha tan cercana -en la historia y en la geografía- fuera contada por nosotros y no por los chinos o los ingleses”.

“Hace 40 años pensé que veríamos un país democrático y que haría a su gente feliz. Lo que pasó después es otra historia, pero al final yo nada más retrato con mi cámara”, dice Pedro.

–Hoy Nicaragua pareciera ser que es como antes de la Revolución

–Nicaragua pareciera ser que regresó a sus orígenes. 40 años después. El dictador es hoy aquel joven que hizo la Revolución.

–¿Cómo vive la traición de Daniel Ortega?

–Pienso que muy angustiada, preocupada, desesperada, porque finalmente no se logró absolutamente nada, sólo retroceder. Económicamente es el segundo país más pobre del mundo después de Haití, por encima de Honduras, de Belice. Con acceso a los servicios más elementales muy limitado. Nicaragua fue como una gran ironía de la vida.

–¿Hace cuánto que no vas a Nicaragua?

–Yo fui a Nicaragua en 1984, pasé en 1986. Recorrí el país, haciendo algunos avances que están en el libro de ciertos avances revolucionarios, un poquito decepcionado, veía cosas raras. Como fotógrafo, no como analista, veía las cosas raras. Algunos amigos me contaban que aquellos amigos revolucionarios se habían convertido en clase política, ya no tomaban Flor de Caña, que tomaban wiskis caros y coñacs. Ya no convivían mucho, estaban en un proceso de aburguesamiento.

Pedro Valtierra
Tenemos que asumir una mayor responsabilidad en el registro de nuestros temas. Foto: MaremotoM

–Hace poco vi El testigo, por Netflix. Es la historia de Chucho Abad, un fotógrafo colombiano que retrata la cruel guerra de su país. ¿Qué piensas de los fotógrafos latinoamericanos?

–Creo que debemos vernos más hacia nosotros mismos. Todas esas noticias de Afganistán, de Siria, de África, de Irak, son temas que interesan, pero nosotros tenemos nuestras propias fronteras. Tenemos que asumir una mayor responsabilidad en el registro de nuestros temas. De pronto hemos abandonado estos principios y las agencias internacionales no les ponen énfasis a eso. Ellos determinan la agenda. Una cosa interesante que se dio en unomásunoes que Manuel Becerra Acosta dictaba su propia agenda, en aquellos años mientras todo seguíamos las agencias internacionales, también lo seguíamos a él. Los periodistas mexicanos tenemos que hacer nuestra agenda más cercana a lo nuestro.

–¿Qué dirías tú de sacar fotografías entonces y sacar fotos ahora?

–Era otra relación con la foto, con el periodismo y con el público. Era como material más acabado, costaba más producirlo, hoy se facilita­­­­ con la tecnología, pero no es suficiente hacer foto y poner en la red a circular. Creo que todavía vamos a tener un gran mercado de calidad. Hay que producir buenas fotos, aunque sea por teléfono, aunque las pongas en Instagram. Lo que va a prevalecer es la calidad. Los periodistas profesionales tenemos que aportar a la calidad. Siempre hubo lectores, pocos lectores. Si vemos los tirajes de los periódicos, siempre fuimos medios que circulábamos poco. Sin embargo, hoy podemos circular en redes con el periodismo de calidad. Cuando saqué las fotos de Nicaragua, improvisaba, formaba en el hotel mi cuarto oscuro, hoy, no llevo cuarto oscuro, nomás llevo mi cámara y puedo subir la foto en el acto mismo en el que la estoy tomando. Pero siempre tiene que ser una foto o un texto de calidad.

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–Yo te voy a sacar fotos ahora para mi periódico… ¿qué pasa con el trabajo de los fotógrafos?

–La gente se da cuenta de la calidad. La gente en las redes selecciona las mejores fotos. Hay 2000 en las redes y la gente guarda las mejores imágenes. Eso habla de la capacidad, del gusto, que tiene la gente. No podemos ningunearla. Hay fotos famosas, por ejemplo del temblor de 2017, una de Pedro Mera. Hubo muchísimas imágenes del sismo, pero esa fue la mejor foto. Fue el ícono del temblor. No estamos tan mal. Todo el medio periodístico está muy mal pagado. En México está peor. Lo vemos en los Estados de la República. Yo pienso que la relación que estableció los medios con el Gobierno fue una relación de dependencia. México es el país que vende menos periódicos con América Latina.

–México con tanta gente podría significar que vende más periódicos, pero cuando te falta la comida no compras el periódico

–Creo que es el factor que dices que es la crisis económica y por el otro lado la escasa oferta periodística. Si hacemos un breve análisis, los periódicos no cubrían ni Chiapas ni Guadalajara ni Michoacán. Eso es una cosa real. Les interesaba solo lo de la Ciudad de México. Por eso unomásunodispara. La gente lee mucho, lo que no hace es comprar periódicos.

–Tienes acá a Sergio Ramírez, uno de los jóvenes revolucionarios

–Sergio Ramírez es mi amigo y Daniel Ortega no. Sergio Ramírez es un hombre de la cultura, respetable, respetuoso, un hombre de bien, que supo deslindarse en su momento de esa revolución en la que participó. Daniel Ortega fue un joven al que yo retraté tomando el poder en el que se confió. Pensábamos que sería el inicio de una nueva etapa en América Latina.

–De todos tus libros, ¿esté dónde está?

–Es una reflexión sobre el pasado, una reflexión que también sirve para el futuro. Creo que más allá de cualquier vanidad, lo importante es que un aporte para el momento actual. Tengo 8 libros, aproximadamente. Este libro de Nicaragua es el que más me ha llegado al corazón. Es uno de los más importantes para mí. Nicaragua fue el primer trabajo que me abrió al mundo. Nicaragua puso a prueba mi capacidad. Hay otro de Nicaragua que se hizo en 1980 y circuló mucho en Managua.

–Eres un mito y una leyenda para los nuevos fotógrafos. ¿Cómo te ves a ti mismo?

–No me doy tanta importancia. Vivo al día las cosas. Me emociono todos los días. Sé que han pasado muchas cosas, pero no me quiero complicar. Disfruto. Me preocupa mi país, el mundo, que haya tanta gente con problemas.

–¿Qué te preguntan los nuevos fotógrafos?

–Me preguntan muchas cosas, como si ya fuera un viejito. Yo me siento muy joven, no estoy acabado. No comprenden cómo yo revelaba en un cuarto oscuro en un hotel. No entienden muy bien el mecanismo. Queda tan lejos, pero no hace tanto. ¿Por qué tomas 60 fotos de algo?, me preguntan. ¿O 36 fotos? Yo llevaba 40 rollos a Nicaragua y no podía tomar más que eso. Tienes que ser muy ordenado. Ellos toman con una cámara digital 1000 fotos de una escena.

–¿Qué has estado haciendo últimamente?

–En Zacatecas me dieron el Premio Honoris Causa. La gente me dice, ¿cómo te sientes? Le digo que muy contento, agradecido y pienso en mi soledad qué barbaridad. No me tienen que llamar doctor ni nada eso. Yo hago mucho trabajo solidario. Sobre todo con Fresnillo, hago libros, ahora queremos hacer una cosa que se llame Crónica de los fresnillenses, rescatar la tradición, en un sitio donde hay mucha violencia. Cuando me dieron el premio, me sentí honrado. ¿Alguna sugerencia para recibir el galardón?

–¿Te pusiste traje?

–No, es el 12 de septiembre. Me iba a poner una camisa blanca, pero ya me copió AMLO, ya no me las quiero poner. Yo las usaba antes, incluso antes que Evo Morales…me voy a poner un traje informal.

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