Directora del Metro

Por qué debe renunciar la directora del Metro

Su puesto a cada minuto es una ofensa más para el sufriente ciudadano. No se puede más es lo que deberían decir todos los mexicanos hoy, sin necesidad de hacer una marcha o ni siquiera sin pensar en cómo irán los votos el próximo 6 de junio.

Ciudad de México, 5 de mayo (MaremotoM).- Una tragedia más. No sé cuántas van, pero cada uno de los gobiernos ha tenido que afrontar esas cosas que por desavenencia, corrupción, falta de capacidad, debe padecer miles de muertos, miles de heridos, una cantidad de consecuencias de ese accidente que se podría haber evitado.

Este periódico no es de política, pero desde ayer, con la tragedia del Metro El Olivos, los mexicanos que son consecuencia de consecuencia de consecuencia, no podemos dormir, no podemos hacer las cosas con un sentido cotidiano, no sé si armonioso porque desde que está la pandemia todo está patas para arriba, pero precisamente por esa circunstancia nos sentimos cada vez más solos, cada vez más descuidados.

El choque del metro:  24 muertos, 79 heridos, tantas familias rotas y la ciudad destruida en medio de un vértigo que parece ser que se la van tirando como una pelota de vóley hasta que ¿Ciudad de México explote con todos nosotros adentro?

En el medio, la funcionaria Florencia Serranía Soto, directora del Metro, que no renuncia, que ayer en la conferencia de prensa de la alcaldesa Claudia Sheinbaum, se paró como si fuera la jefa de alguna pandilla del crimen organizado y miraba con rencor a los periodistas que preguntaban, razonablemente, por qué se quedaba en su puesto.

No se trata de solo su culpabilidad, sino de algo que va más allá de los partidos políticos, de quién te apoya, de si te crees falta de responsabilidad, de si piensas que tú eres la mejor directora del metro que existe en el mundo, sino de dignidad.Directora del Metro

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Una dignidad que está en el medio de asumir un cargo público, está en su esencia. Si la gente te pide que te vayas y tú no sabes responder por qué ha pasado ese accidente, debes mirarte al espejo y decir: Hasta acá llegué.

Su puesto a cada minuto es una ofensa más para el sufriente ciudadano. No se puede más es lo que deberían decir todos los mexicanos hoy, sin necesidad de hacer una marcha o ni siquiera sin pensar en cómo irán los votos el próximo 6 de junio.

Los funcionarios públicos japoneses se suicidan cuando son acusados de corrupción o de mal manejo en su cargo. “El ministro de Agricultura, Toshikatsu Matsuoka (62), se ahorcó en su casa, horas antes de comparecer ante el Parlamento”, dice el periódico Clarín, informando la muerte de un funcionario en un escándalo de corrupción y malversación de fondos públicos.

Dice Expansión hoy: “En 2018, su empresa había ganado contratos millonarios con el gobierno de EPN; uno fue en el paso Exprés, el del socavón. Ese año, compró una casa en 31 mdp. Hoy, según la PNT, gana 17,761”, en una nota firmada por Linaloe R. Flores y María Dolores Luna. Pero ni siquiera importa eso. Su conciencia dirá el grado de corrupción a que está sometida, pero ese último grado de dignidad, ese silencio que debería poner ante todos los muertos, es algo que tiene que nacer de ella.

Ni siquiera el suicidio, ni siquiera la muerte, un grado de dignidad es lo que pedimos todos los mexicanos.

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