Pinos Alados

¿Por qué me hice editora?

Mexicali, 22 de octubre (MaremotoM).- Recuerdo cómo me hice editora y también cómo me hice poeta. Pero nunca me había puesto a pensar en cómo me hice editora-poeta. Y sí, soy eso: una editora poeta. ¿Qué hace a una editora-poeta, editora-poeta? Aunque la poeta por ahí entreverada hablaré como editora.

En el comienzo me hice un libro. Robé papel, cartulina y llegué a una imprenta con un pdf. Pedí que me hicieran un libro. Nunca nadie me había editado un libro y me acercaba a los cincuenta. Para una poeta (editora) eso era trágico. Pues me hice el libro. A un amigo (poeta) le gustó el formato, el precio y se encargó de convocar a cuanto poeta miraba para promover mi editorial. Al cabo de un año ya tenía alrededor de 12 títulos. Así me hice editora-poeta, siendo poeta sin editora. Aunque la verdadera razón obedece a un vacío: en todo el estado de Baja California no existían espacios para publicar poesía. Ni revistas, ni suplementos, ni editoriales.

Soy editora desde 1988. Algunos de ustedes aún no nacían. Me tocó el desktop publishing. Así que, mirando y leyendo, aprendí hacer libros para ganarme la vida. Desde entonces hago libros a la menor provocación. Es algo que ya no puedo evitar.

Pero en 2014, por la respuesta de otros poetas, decidí concentrar mis habilidades y oficio en editar poesía. En este camino de casi seis años, Pinos Alados ha editado 53 poemarios. El sello no se ha limitado a poesía, cuenta en su catálogo 72 títulos atendiendo a ese mismo vacío en géneros como crónica, relato, aforismo, novela corta, novela gráfica, ensayo y hasta calendarios ilustrados. 

Como una editorial desde el margen, Pinos Alados se ha movido más al ritmo de sus autores, lejos de la idea de mercado, se rige por otras reglas, busca su propio modelo de gestión, promoción y desarrollo y persigue objetivos que difieren mucho de lo que se entiende como editorial independiente.

No participa en ferias como expositora, no tiene inventario en bodega, no recibe el beneficio de las becas. No vive preocupada por la bancarrota financiera porque no se piensa a sí misma como un negocio y edita el género más menospreciado en el país: poesía. En el único capital que piensa es en el cultural.

Pinos Alados cuida bien sus ediciones, conoce de cajas tipográficas y de fuentes legibles y bellas, de procesos de impresión, de formatos que permitan un precio accesible y cero desperdicios de papel, portadas impresas con calidad, tirajes cortos, pero bien promovidos por sus autores, de papel opaco y con acabados que le dan vida larga al libro.

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Este sello, como tantos otros, no tiene recurso para seguir un programa editorial, pero sí tiene lo mejor, sus autores, que participan en el proceso de editar y cuidar su obra, de crear una política para el catálogo y apuestan con su propio recurso por un libro suyo o colectivo, al que le dan vida no sólo a través del manuscrito, sino que lo acercan a los lectores en las ferias, en las escuelas, en los encuentros literarios y siempre tendrán lectores dispuestos a comprarlos, canjearlos por otros, o a recibirlos como regalo.

Es un sello definitivamente ácrata, en el que los autores y la editora participan en la producción, promoción y fomento del libro. Fundamenta su trabajo en la coparticipación activa que busca construir comunidad.

Su nombre está vinculado a un árbol característico del paisaje bajacaliforniano. Los pinos salados son sobrevivientes del urbanismo agresivo que se empeña en dilapidar su pasado y cualquier rastro que le remita a lo agreste, burdo y desordenado. Así se piensa Pinos Alados, así persigue su desarrollo en esta ciudad limítrofe que se empecina en descartar al arte y la poesía como salvación.

Pinos Alados mantendrá ese espíritu del que nació, buscará su crecimiento desde todos los puntos que le importan: su catálogo, que persigue seguir cruzando como hasta ahora distancias que van desde Chile, Salvador, Alemania, Argentina, Estados Unidos, y en el territorio nacional Chiapas, Sonora, el Estado de México, Los Cabos, Veracruz, Oaxaca, Nuevo León, Chihuahua, Tamaulipas, Coahuila, Yucatán, Nuevo León. De todos estos puntos vienen sus autores, sus contenidos y su apuesta.

Pinos Alados vive en el canto de sus libros, su música es gozosa, como la que producen las ramas de los árboles que le dan nombre y que, sin ser endémicos, son en definitiva un elemento emblemático, burdo, anárquico y persistente en su existir.

Texto leído en la mesa Los poetas como editores, en el marco del XXIV Encuentro Internacional de Escritores. Poesía y resistencia. Monterrey, Nuevo León, octubre de 2019.

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