¿Por qué nunca seré argenmex?

Ciudad de México, 29 de agosto (MaremotoM).- Esta semana me tocó un debate en la FILUNI. Fui con mucha alegría. Antes me hicieron una nota para TV Unam y me encontré de casualidad con la poeta Odette Alonso. No nos conocíamos, nos habíamos visto e intercambiado ideas en el Facebook, pero apenas vernos fue como hubiéramos sabido de la otra toda la vida.

No sé por qué dije que sí al debate.

Por empezar, no era un debate. Cada uno de los participantes llevó algo escrito, menos yo. El tema era el exilio argentino y yo tenía tantas cosas por decir. Sobre todo ver que después del exilio dorado argentino, que comenzó en 1974, con perseguidos políticos, con gente que venía a salvarse y que obtuvo un montón de beneficios por parte de Luis Echeverría Álvarez, la gente de mi país siguió siendo poca cosa en México.

Uno ve desde acá que más allá del futbol y de la música, la gente en general tiene nociones mínimas del sur. A veces nombran a la Patagonia, a veces –casi siempre- nombran a Maradona y a menudo cantan canciones de Gustavo Cerati, creen que Soda Stereo es mexicana y hace poco entrevisté a Daniel Melero, quien me comentó que tiene un montón de fans de culto. Me encanta Melero, así que está muy bien esa noticia.

En los tiempos de 1974 había una Casa Argentina y muchos argentinos se destacaron en la UNAM, en el Colegio de México, en la UAM, en el Fondo de Cultura Económica, todos ellos encontraron un presente y un futuro en México. Vivieron en la Plaza Condesa, en Coyoacán, en la Villa Olímpica y escucharlos hablar de esa época es ver sus caras de satisfacción y orgullo por haber aportado por un lado gran parte de la cultura de la época, por haber desarrollado una política solidaria con muchos que vinieron después y por haber fabricado una segunda vuelta en un país tan lejano y diferente.

Así, se llamaron “argenmex”. Tanto es así que uno de ellos habló de esa hibridez al que uno accede al tomar ese nombre, diciendo por otra parte que ni en Alemania ni en España (tanto más cerca, dijo), se había dado ese término.

A mí, sin embargo, esa palabra me parece demagógica y absurda. Si alguno de los muchos amigos mexicanos viene a mi casa y me llama así, lo agradeceré sobremanera. Es el otro el que tiene que llamarnos así. No nosotros.

Caetano Veloso decía que un maestro es el que tiene que elegir a sus alumnos. Él jamás llamará maestro a nadie, es soberbio y habla un poco de estar siempre en el centro, tan propio de los argentinos.

Por otro lado, decir “argenmex” es hacer alabanzas de esa época en la que fuimos asilados en México. Por un lado, Luis Echeverría quién sabe qué tenía en la cabeza, pero su manera de asilar a los argentinos fue una especie de modo “sarmientino” de traer a la “gente blanca e instruida” del sur, para hacer “más noble” a la raza.

Jordi Soler habla de eso en sus tres novelas reunidas por Alfaguara en La guerra perdida. “Si tienes aspecto indígena por más talentoso que seas te va a costar muchísimo trabajo”, asegura, al hablar del exilio español, cuya parte instruida vino a poblar la ciudad de México, pero los paisanos, como de su familia, que tuvo que ir a vivir a Veracruz.

“Sí, una diferencia total. Es que es conveniente saber la forma en que recibió el pueblo mexicano a los españoles, hay todo un discurso sobre eso. En realidad se recibió muy bien a los exiliados de primera, con excepción de Los niños de Morelia, el resto del exilio estaba dividido por clases sociales. Mi familia eran exiliados de tercera y no tenían acceso a la Ciudad de México, que entonces era un monstruo. Si no tenías cierto estatus no tenía sentido ir ahí. Mi familia consideró que era mejor ganarse la vida en pueblos y por eso se quedó en Veracruz. Tenemos el ejemplo de Max Aub, quien era un escritor importante y se hizo con el tiempo Director de Radio UNAM. Mi familia se hizo la vida en un pueblaco veracruzano, donde nací yo y que me encanta, pero mi abuelo era un aspirante a ser abogado en Barcelona, su hermano era pianista, pero él se quedó en un pueblo de Veracruz. Un exilio del que nadie se acuerda”, dice Soler.

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Cuando los argentinos y los españoles hablan del exilio, su satisfacción en realidad obedece a una clase social. Tiene razón de clase. Agradecer a México que con su ayuda, su trabajo (que casi nunca fue mezclarse con los mexicanos. Algo que dice Jordi Soler: “En términos íntimos, a cuántos indios invitas tú a tu cumpleaños o con cuánta gente indígena convives si no es gente que te presta un servicio. Hablo de todos lo que hemos vivido en la Ciudad de México”), su acogimiento, no permitió solamente tener la vida, sino además permanecer e incluso superar su clase social de origen. Hoy son muchos los argentinos, los españoles, que tienen un lugar preponderante en la sociedad mexicana. Tienen orgullo justificado por eso, pero ese orgullo se quedó detenido en esa época. No ha evolucionado.

Luis Echeverría Álvarez era un hombre siniestro. No podemos hacer elogios de la diplomacia mexicana sin hacer la salvedad de lo que realmente representaron ese hombre y esa política para México.

Algo de eso dice en su reciente libro (¡maravilloso!) Fritz Glockner, Los años heridos (Planeta): “–Empiezas con Luis Echeverría, diciendo que era amigo de Salvador Allende y de Fidel Castro

–Luis Echeverría fue el presidente más perverso de la historia mexicana, porque es un personaje que nunca asume un puesto de dirección popular, salvo la Presidencia de la República, no fue intendente, no fue diputado, no fue senador, no fue síndico y entra a la función pública en la Secretaría de Gobernación. Él va escalando desde un puesto menor hasta llega a Encargado y luego Secretario de Gobernación. Echeverría es de los pocos Secretarios de Gobernación que sabía donde se guardaban las escobas para hacer la limpieza, en Bucareli y por lo tanto también conocía los sótanos donde se torturaba y se asesinaba a mexicanos. Esa lógica es porqué tenía una relación sumamente estrecha con Gutiérrez Barrios, quien a pesar de que era Sub Secretario de Gobernación durante el sexenio de Echeverría, mantuvo un poder inaudito por encima del mismísimo Secretario. Esta perversión de Echeverría, quien termina confesándome cuando le hice la entrevista en su casa, me suelta la frase que él siendo Presidente de la República manda a romperle la madre a Lucio Cabañas por haber secuestrado al senador Rubén Figueroa Figueroa. Eso me permite esclarecer que no estamos hablando de la clásica Guerra Sucia, de la que hemos hablado, sino que se trata lo que es denominado Guerra de Baja Intensidad.”

Por otro lado, relacionar a los exiliados argentinos con los refugiados que hoy están peleando por su vida en Chiapas (gente no blanca, no instruida y que no quiere quedarse en México) es un poco delirante.

Los refugiados, los migrantes de hoy, la ultraderecha que avanza y avanza en Europa, crean un nuevo estado de fuerzas y obliga a pensar muchas de las ideas que tenemos en la cabeza. No podemos tener ideas firmes y seguras que vienen desde hace 40 años. Tenemos que ser dinámicos y sobre todo callarnos en muchas de las situaciones en la que nos vemos envueltos los argentinos.

Los argentinos vinieron en una gran cantidad en el 2001, cuando huyendo del gobierno de Menem hicieron un asilo laboral que duró poquísimo. Vinieron ladrones, vinieron meseros de La Condesa, vinieron “modelos” y “actrices” haciendo valer su lado blanco y lo cierto es que muchas veces cuando veíamos a “los argentinos” lo que hacíamos era cambiar de banqueta, para que no vieran que nosotros también éramos argentinos.

Los argentinos pusieron el Equipo Argentino de Antropología Forense para buscar a los desaparecidos en México. Una gran labor para hacer frente al gran drama de México.

Un chef argentino, Federico Tovares, desapareció en Jalisco. Aparentemente escuchó algo que no debía y ya no contó el cuento.

En México, hace muchos años que vive Ricardo La Volpe, alguien que vive hablando maravillas de una Argentina donde, según él, jamás hubo dictadura ni perseguidos políticos.

Por todas esas cosas, jamás diré que soy “argenmex”. Soy una mexicana cosida artesanalmente, vivo en La Peralvillo y tomo el Metrobús todos los días, voy al mercado a comprar frutas y verduras, todos los días trabajo y no, no como picante.

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