FONCA

Por qué sí importan las becas del FONCA

Xalapa, Veracruz, 25 de junio (MaremotoM).- El debate abierto por la Senadora Jesusa Rodríguez sobre las becas del FONCA sigue creando especulaciones en redes y en los medios de comunicación. Las becas no son un “privilegio” (puesto que la educación no lo es, puesto que la creación de una memoria colectiva es una tarea indispensable de todo pueblo moderno. Concuerdo con Juan Villoro cuando dice que eliminar este programa de estímulos significaría una persecución en contra del talento y en detrimento del arte. Para un creador en ciernes del Programa Jóvenes Creadores del FONCA, ocho mil y cachito de pesos al mes no representan un pago oneroso, sirven apenas para cubrir la renta de un pequeño departamento en CDMX, en provincia quizá alcanza un poquito más y significa esta beca una real diferencia de vida. Tomemos en cuenta que hay artistas que viven en cualquier rincón de nuestro enorme país, allende a la Roma, Condesa, Coyoacán o cualquier capital de estado. Allá, en las manchas urbanas sin transporte público, sin agencias de mercadotecnia, las opciones laborales son infinitamente menores que las que la Senadora Jesusa supone que están a disposición de los artistas. En múltiples regiones del país donde es prácticamente imposible que el sector empresarial se interese y menos apoye, proyectos artísticos, hay creadores que viven en Xico, Teziutlán, San Andrés o El Seco y que no tienen los recursos sociales, económicos y teóricos suficientes para configurar, una propuesta ejecutiva que resulte atractiva y comprensible para el sector empresarial. Recordemos además que vivimos en una sociedad donde los grandes consorcios están acostumbrados a pagar sueldos ínfimos y a buscar pagar la cantidad mínima de impuestos. ¿Sabrá acaso la Senadora cuán difícil es que artistas fuera de la CDMX hallen empresarios receptivos para sus proyectos?

Lo mismo ocurre con los creadores del SNCA. Los creadores de políticas públicas y los críticos se olvidan siempre de aquellos que viven en provincia; olvidan que las universidades públicas en México reducen al ridículo su presupuesto y por lo tanto el sector artístico queda desprotegido y ni hablar de las artes escénicas y de la música porque no acabo. Y ni siquiera abordo aquí todo lo que merece ser atendido en cuestión de ciencia e infraestructura (los argentinos ya acuñaron el término de cientificidio para describir este fenómeno). Gracias a los convenios con el SNCA es posible llevar a las Facultades y demás Programas educativos de las provincias a escritores de cualquier nivel y por retribución social beneficiar a una amplia y prural población con talleres, conferencias y cursos. Un intercambio justo y enriquecedor para todos, no para “privilegiados”.

Un artista que ha solicitado la beca del SNCA por tres, cuatro o siete años seguidos y logra obtenerla cuando al fin las listas se abren y “dejan” entrar a otros –entre ellos los que rebasan la edad de cuarenta años y los que no viven en CDMX- por supuesto que le implica inmiscuirse en dinámicas que fomentan odios, rencores y frsutraciones, porque en un país como el nuestro (y ya no es exclusivo a México, esto está sucediendo en todos los países desde el siglo pasado, lentamente en algunas geografías, precipitadamente en otras como en la nuestra) los espacios de la cultura y el arte se están encogiendo.

Marina Nuñez Bespalova dejó claro en el reportaje de Notimex que las becas del SNCA son homólogas al SNI en tanto que son un reconocimiento a la excelencia, no del creador, sino de los proyectos, sólo que los investigadores son evaluados cada tres años, los mecanismos de evaluación –se estima y espera- son objetivos y medibles y la mensualidad es menor que la que reciben los creadores porque los primeros complementan sueldo con el Sistema y en el caso de los segundos, dificilmente cuentan con plazas universitarias o posiciones laborales estables.

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Tras cinco años de solicitarla, en 2001 recibí la beca de Jóvenes Creadores en el rubro de cuento y ocurrió al mismo tiempo que fui aceptada para hacer mi maestría. Gracias a la beca terminé el posgrado y un libro que fue publicado. Lo importante de mencionar esto es que desde 2004 comencé a dar clases en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez contribuyendo a la formación de más gente hasta el día de hoy en la Veracruzana. En un momento en el que el CONACYT apoyaba escasamente posgrados en literatura, el FONCA para mí fue vital.

En ese tiempo reflexioné que las becas servían para no sólo tener planes y deseos de crecer, servían para concretarlos, pero también me di cuenta de que este programa era único y muchos países no tenían algo así. Pensé hasta qué punto era peligroso que los artistas “comieran” de la mano del gobierno, hasta qué punto no era esto una forma de controlar y mantener en calma las mentes críticas y hasta qué punto coartaba la libertad de expresión. Con los años estoy convencida de que el arte en México sí necesita el subsidio porque no se trata de los centros hegemónicos sino de la diversidad del territorio y sus varias identidades. El FONCA ha afinado sus mecanismos sobre todo en el rubro de Jóvenes Creadores y leo ahí una mayor apertura en los orígenes de los nuevos becarios así como en la exigencia en los términos del contrato. Es en el SNCA donde la situación se recrudece al ser menos los espacios y menos también las divergencias entre los evaluadores de proyectos que pueden decantarse en cuál o tal gusto subjetivo, en tal o cual afinidad y empatía.

Quienes han estado al frente de estos programas los han defendido para que continúen, es necesario respetar el trabajo de todos los implicados (creadores y funcionarios) y no desacreditar trayectorias en aras de un discurso de golpe de pecho, “de parásito” con sentimiento de culpa. Hay que buscar más espacios para los creadores eméritos y para los creadores que no son jóvenes pero que tampoco reciben las regalías de otros porque quizá nunca lo harán, pero su valía es “medible” en lo que puede aportar dentro del programa de retribución. Lo más importante, lo que necesitamos que suceda en este nuevo ciclo de gobierno, es que no nos excluyan de la transformación, que nos sumen, que nos pongan a retribuir, que no nos señalen como enemigos. El arte es poderoso, la llamada de atención es para todos. El compromiso social es inherente al hecho artístico en tanto que para ser considerado arte cumplió ya su parte honesta, lo que Richard Ford pensaba que debía tener la literatura: densidad, autoridad, conexión, conclusión, percepción, variedad, magnitud y valor.

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