Privilegio el fragmento en la textualidad, es mi herramienta de trabajo: Margo Glantz

Escritora. Docente. Madre. Abuela. Tuitera. O lo que es mejor decir: la vida devorada con la boca abierta, atrapada por una mente donde la libertad es el principal propósito, pues para la escritora mexicana Margo Glantz, la más joven de nuestro país con sus esplendorosos 91 años, nada es más importante para una persona que ser tolerante.

Ciudad de México, 28 de enero (MaremotoM).- “No soy un zapato, soy una escritora”, fue una de las primeras frases antológicas de la mexicana Margo Glantz (1930) cuando obtuvo en 2010 el Premio FIL de Literatura en el marco de la Feria Internacional de Guadalajara.

Hacía alusión de ese modo a cierto cliché con que es mencionada en la prensa diaria, merced a su conocida afición al calzado, un sello distintivo que reforzó con su libro publicado por Anagrama en 2005, Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador.

Claro que en ella, que hace 91 años que es tremendamente joven y vital, todo se aleja del lugar común. Como febril tuitera atraviesa una ancianidad llena de proyectos y sobre todo de libros que quiere escribir antes de que la muerte previsible, allí, a la vuelta de la esquina, la sorprenda como ha hecho con sus amigos entrañables, por caso el fallecido filósofo Luis Villoro, el fallecido Sergio Pitol, tantos otros…

Es propósito de su tercera edad enérgica y placentera no quedar como la Imelda Marcos de la literatura nacional y antes que eso agradecer su “vida afortunada” en el libro Yo también me acuerdo (Sexto Piso), con el que queriéndolo o no amplió su horizonte de lectores, incorporando nuevos ojos y nuevos oídos a su obra ecléctica y no obstante armoniosa.

Fotografía: FC, para MaremotoM

“Me acuerdo que hasta los treinta años creí que era fea y tonta. Me acuerdo que sólo tuve una muñeca en mi infancia, a lo mejor es un recuerdo falso. Me acuerdo de cuando era niña en el Valle de México aún había lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco”… dice Margo, en un proceso donde como el borgiano Funes el memorioso va construyendo la ruta de una vida larga y plena.

“Bueno, mira, Funes sólo tenía memoria y lo demás no le funcionaba bien. De alguna manera era una especie de caricatura del propio Borges”, se apresura a aclarar con lengua afilada en la frescura de su sala, parte de una primorosa finca en la mejor zona de Coyoacán.

“Borges lo recordaba todo…eso sí, lo demás también le funcionaba”, dice con admiración mientras la pregunta de qué piensa de la memoria, obligada, obvia, ya es pasado en el mediodía de verano defeño.

Margo Glantz
El nuevo libro de Margo. Foto: Cortesía

Más que Borges: George Perec, el admirado escritor francés muerto cuando apenas tenía 45 años en 1982, a causa de un cáncer de pulmón inoperable, y que dejó unas obras capaces de desarrollar un universo propio, el universo-Perec, autor entre otros de Je me souviens (Me acuerdo), aquel entrelazado de párrafos donde la memoria acudía para confundirse con cada una de las posibilidades del idioma.

Una cosa es recordar y otra muy distinta es contar lo que uno recuerda. Toda palabra inaugura el hecho recordado. Lo falsea hasta hacerlo insoportablemente real, porque ese es el proceso mental que más nos define como especie.

“Cuando escribes la memoria es fundamental y se trata de un proceso muy selectivo. A veces recuerdas las mismas cosas siempre. Como mi padre, que hacía mención de los mismos recuerdos de infancia. Por otro lado, es tan engañosa la memoria. Mis padres compartieron mucho tiempo juntos y recordaban distintas sus respectivas infancia. Peleaban por eso, se corregían mutuamente sus recuerdos”, cuenta la autora de una obra diversa y tardía que publicó su primer texto cuando tenía 47 años, “aunque yo me sentía de 20”, reconoce.

Fotografía: FC, para MaremotoM

UNA VIDA DE MUCHAS FACETAS

Con su novela El rastro, Glantz obtuvo en 2004 el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Es desde 1995 la ocupante de la silla XXXV en la Academia Mexicana de la Lengua y en 2010 se hizo acreedora a la Medalla de Oro Bellas Artes.

Todos títulos que no son justos a las tareas que le resultan esenciales: madre, docente y escritora.

“Margo es ese torbellino de ideas que se agolpan mucho más rápido que las palabras y éstas conforman un universo literario donde lo antiguo convive con lo actual, lo extranjero con lo propio, lo culto con lo popular; es ese universo donde no hay fronteras, no hay líneas divisorias, no hay diques, la cátedra de Margo es ese pasaporte sin refrendo donde se transita libremente sin tiempo ni espacio determinados, es un todo donde la literatura es guiada por la mano magisterial de una maestra también sin fronteras”, dice Marcela Palma, Coordinadora del Colegio de Letras Hispánicas de la UNAM.

“Ser profesora ha sido algo muy importante para mí. La docencia es una cosa muy básica, porque es lo que te impide envejecer. Si no te renuevas, tus cursos se convierten en inútiles”, dice Margo, la joven eterna.

“En sus propuestas en torno a la crisis y frontera de los géneros, mediante poéticas fundadas en la fragmentación y en el acopio de discursos provenientes de diversas disciplinas (música, artes visuales, mass media, entre otras), Margo Glantz ha puesto en evidencia la identidad latinoamericana como un viaje acabado e inacabable de múltiples realidades sociales, que generan un continente móvil, el cual permite la vigencia de la lengua y su conexión múltiple con el mundo”, dijo el jurado que le otorgó el premio FIL y que le proporcionó “el día más lindo de mi vida”, admite.

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“Muchas veces una piensa que es una mala madre, pero hoy, cuando vi que mi nieta de seis meses se mantenía en absoluto silencio durante la ceremonia de premiación, pensé que tan mal no había hecho las cosas”, dijo la escritora y madre de dos hijas cuando recibió el Premio FIL.

Me doy cuenta de que mi tipo de literatura, cuando empecé a escribirla no parecía una literatura digna de publicarse. Fotografía: FC, para MaremotoM

“Lo más importante para mí ha sido siempre la literatura, tanto en la lectura como en la enseñanza. Más importante aún son las relaciones afectivas con la familia, con las hijas, los nietos. Las relaciones afectivas con los amigos entrañables, que forman parte de mi familia afectiva”, dice al confesar que extraña “horrores” a Carlos Monsiváis y que mucho lamentó la partida de Luis Villoro.

“Voy a escribir hasta que pueda, tengo muchos textos por terminar y aunque sé que a mi edad uno se puede morir de un momento a otro de un infarto, lo único que le pido a Dios es un poco más de vida para escribir, que es lo que más felicidad me da”, anuncia esta hija de inmigrantes ucranianos que llegaron a México a mediados de los ’20 y que se abrieron paso con mucho empeño y decoro en nuestro país.

“En mi niñez, adolescencia y juventud, México progresaba. Íbamos hacia delante. Teníamos, en la época de Ignacio Chávez, a una de las universidades más importantes del mundo, que era la UNAM. Pero luego empezaron las huelgas universitarias, muy lógicas, pero diseñadas también para acabar con la educación pública”, dice Margo.

“Sé que es muy esquemático lo que digo, pero pasó en Chile, Argentina, México…la educación es peligrosa para el poder y por eso se intentó destruir la educación pública. La huelga de la que hablo es la del ‘60, la que destituyó a Ignacio Chávez, antes del ’68. Quisieron destruir la universidad del todo, pero todavía está ahí”, agrega, mientras su discurso se va encendiendo.

“Ajustes de cuentas entre políticos son los arrestos a los sindicalistas como Elba Esther Gordillo o Carlos Romero Deschamps. No es la búsqueda de la justicia. Lo terrible del petróleo, que trajo corrupción y violencia. México antes era más verde…aunque nada de esto tiene que ver con mi libro”, reconoce Margo y se acuerda de su libro.

Se acuerda que Yo también me acuerdo, un libro que presentó junto a “los miserables que quiero mucho” como los jóvenes escritores Emiliano Monge y Luis Felipe Fabre, tiene algo de escritura automática, porque la memoria tiene ese ritmo de lo espontáneo

Se acuerda de su literatura fragmentaria, tan elogiada, sobre todo “por la relación con el cuerpo, al que divido, parto, tasajeo y a veces hablo de manos, de ojos, de brazos, de piernas”.

Recuerda a una niña curiosa y voraz: ella misma. Se acuerda de su timidez, de su capacidad para leer muy rápidamente y cómo todas las cosas que ha hecho en la vida, desde los viajes hasta las hijas –Alina López Cámara y Renata Schneider-, desde los esposos (Francisco López Cámara y Luis Mario Schneider) son cristales de un espejo colorido que ha ido armando “de forma muy natural”.

Y es este universo con muchas puertas y ventanas lo que le ha impedido “ser una fundamentalista”.

La mente abierta para convertirse en una persona “tolerante”.

Creo que justamente esa incapacidad de jerarquizar se evidencia por el twitter y por el Facebook, han permitido que cada vez nos invadan más gobiernos fascistas. Fotografía: FC, para MaremotoM

“Ser tolerante es lo más importante que una persona puede ser”, dice sin dudarlo. El tratar de entender al otro, recordar para vivir y viceversa, son la brújula a cuyo estímulo ha ido diseñando Margo su existencia afortunada.

Margo Glantz es fan de Lydia Davis, la escritora estadounidense que fuera la primera esposa de Paul Auster y madre del primogénito del famoso autor neoyorquino. Por eso le dio mucha alegría descubrir en una entrevista reciente que la Davis es muy aficionada al Twitter, también una de las grandes pasiones de la mexicana. “El Twitter es un ejercicio literario maravilloso porque te obliga a escribir cosas coherentes en 140 caracteres, aunque no siempre lo logra uno”, dice Glantz. “Para mí ha sido fundamental. Todos los días escribo un tuit y la vida cotidiana me inspira cosas muy importantes. Hablo de todo lo que me interesa”, expresa.

Con sus 91 años, ha llegado un gran libro. Un libro con portada roja, con letras blancas y negras: Cuerpo contra cuerpo (Sexto Piso / UAMC), con la edición a cargo de Ana Negri.

“Los ensayos de Margo Glantz han abierto cauces por donde autores, obras y tradiciones se intersectan y dialogan; ensayos que, a modo de venas y arterias, trazan el intrincado recorrido de una escritura siempre dispuesta a nuevas reflexiones, borrones y desvíos. Para no herir ese organismo que por sí misma y a través de los años había ido articulando la autora, decidí concentrarme en la tercera sección que tenía prevista: ensayos que giran alrededor del tema del cuerpo”, dice la también prologuista.

“Privilegio el fragmento en la textualidad: es mi herramienta de trabajo. Pero también fragmento los cuerpos para mirarlos mejor, como le dijo el lobo a Caperucita Roja. En suma, trabajo el fragmento como se ensamblan los mosaicos, obra elaborada con teselas, es decir, con trocitos de piedra, cerámica o vidrio, de diferentes formas y colores, para formar composiciones geométricas o figurativas, cuyos temas pueden ir desde la mitología hasta escenas de la vida cotidiana”, ha dicho Margo Glantz.

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