Prohibido opinar

Prohibido opinar

FB es un espacio para opinar. O debería. A veces huele a graderío de barras bravas. Si quieres opinar distinto, adelante, si quieres no leer una opinión que consideras aburrida, adelante.

Ciudad de México, 20 de diciembre (MaremotoM).- Las redes han estimulado un nuevo estilo de pretendida censura que es el juicio sobre el juicio, el hartazgo sobre la crítica, la invitación a “parar de mamar” cuando alguien expresa (sin agresiones de ese calibre) su opinión. Esta soberbia, curiosamente, viene investida de un llamado a la humildad. Es un autoritarismo que se nutre de un supuesto desafío al autoritarismo.

Muestra repugnante del reduccionismo en el que se ha caído, que impresiona en todos los ámbitos. Y que, disfrazado de llamado libertario, finalmente nos invita a todos a vivir en un pozo.

Aunque destinados por culpa propia al fracaso, podemos mencionar un par de estilos de nuevos censores:

Está el censor capitalista: aquel que te invita a invertir tú en un documental si no te gustó el que criticas. Lo acompaña de cerca el censor paternalista: “si no te gustó tal cosa pues has tu versión y listo”.

Extendiendo el axioma bajo el que trabajan estos cerebros podemos llegar a conclusiones de este tipo:

Si no te gustó un poema de Paz ve y gana tú el Nobel. Si declaras que Maná tiene capacidad melódica ve y quema tus discos de los Beatles. Si no te gustó la novela de Padura ve y escribe una novela. Si quieres compartirnos tu gusto por Silvio Rodríguez debes de acompañarlo de un manifiesto contra el castrismo. Y en reducción al absurdo: “si no te gustó cómo hablan de la dictadura militar argentina, pues viaja en el tiempo y cambia la historia”.

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A esta gente le harta que los otros opinen. Desnudan al manifestar públicamente su hartazgo, que en realidad, les harta que el otro opine diferente.

Prohibido opinar
Disfrazado de llamado libertario, finalmente nos invita a todos a vivir en un pozo. Foto: Cortesía

FB es un espacio para opinar. O debería. A veces huele a graderío de barras bravas. Si quieres opinar distinto, adelante, si quieres no leer una opinión que consideras aburrida, adelante. Pero el hecho de insultar o agredir a alguien porque usa este espacio opinando es un revelación involuntaria pero grosera de una intransigencia y un sectarismo mucho más graves, en general, que la opinión en cuestión.

Menciono un grupo más: los machos feministas censores:

Son los machos que no se resisten al segundo plano y ahora calman el ego desde su sororidad teatral. Esos que se han autonombrado los jefes del comando macho de la revolución feminista. Los que siguen interpretando a la mujer al explicarnos lo que se puede o no sentir, lo que se puede o no publicar, cómo debemos masturbarnos, lo que se puede o no recordar. Los que trivializan cualquier reflexión que hagamos, porque hemos eludido la prioridad, aunque nuestra reflexión verse sobre el Valles Marineris.

No se atropellen, muchachos. Bienvenida la opinión. Cuanto más respetuosa mejor.

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