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QATAR: EL DESIERTO Doha envuelve en su modernidad; el desierto, en amplitud

Qatar: antes, ahora y antes

¿Cómo sobrevivieron los pobladores antes del descubrimiento del petróleo y del gas natural de los que ahora vive Qatar? Los pueblos fueron construidos en la costa para aprovechar la pesca. En algún momento, descubrieron bancos de ostras que producían perlas y su comercio reportó ingresos a los pobladores. Sin embargo, buscar las perlas resultaba peligroso: sumergirse en la profundidad del mar, enfrentar alguna tormenta.

Ciudad de México, 7 de octubre (MaremotoM).- Doha, la capital de Qatar, ha crecido hacia los lados y hacia arriba. El desierto sobre el que se construye se siente en las altas temperaturas de mayo a septiembre, en los intensos rayos del sol y en las tormentas de arena ocasionales. Pero para ver el desierto, hay que salir de Doha.

La carretera hacia el norte de este país árabe-musulmán surca el desierto plano, árido, a veces moteado por uno que otro arbusto. ¿Es aburrido? Todo lo contrario, el desierto nos entrega amplitud, nos abre el campo visual, mental; nos regala eso que las urbes no pueden: un cielo sin obstáculos para admirar amaneceres y atardeceres rosados y, desde luego, la luna que alumbra y los astros.

Dunas al sur de Qatar.

¿Cómo sobrevivieron los pobladores antes del descubrimiento del petróleo y del gas natural de los que ahora vive Qatar? Los pueblos fueron construidos en la costa para aprovechar la pesca. En algún momento, descubrieron bancos de ostras que producían perlas y su comercio reportó ingresos a los pobladores. Sin embargo, buscar las perlas resultaba peligroso: sumergirse en la profundidad del mar, enfrentar alguna tormenta. La socióloga qatarí Kaltham Ali Al-Ghanim dice que la escena de los dhows navegando a los bancos de ostras estuvo fuertemente enraizada en la memoria colectiva. Las familias de los buzos temían por la vida de ellos, sentimiento que se expresó en poesía y cantos:

Ey…ey
Sentado en la playa contemplo tus velas por un rato

Ey…ey

Las velas están desencadenadas, pero el corazón aún está atado

Al Khor es un bello ejemplo y en él se pueden ver los dhows, los barcos utilizados en aquel entonces y aún ahora para pescar. Son originarios de África y se distinguen por no tener remos. Además, Al Khor ofrece playas para nadar y el manglar Al Thakira sorprende con su verdor.

El agua dulce existe en pozos que han permitido cultivar hortalizas. Las escasas lluvias han sido suficientes para que año tras año crezcan pastizales donde alimentar al ganado. Los corderos aún ofrecen su carne, los camellos su leche, y las chivas también, además de su pelaje para hacer textiles.

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Los escasos recursos ocasionaron competencia entre los pobladores, así que se unieron en tribus para defenderse unos de otros. Construyeron fuertes y amurallaron poblados. La zona arqueológica de Al Zubarah, ubicada en el norte, es el único pueblo árabe comerciante de perlas cuyo trazo urbano se conserva. Es una de las razones por las cuales es reconocida como Patrimonio Cultural por la UNESCO. Data del siglo XVII y su prosperidad la llevó a alcanzar una población de alrededor de 8,000 habitantes. Las restauraciones hechas permiten apreciar cómo habría sido su muralla.

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Fuerte de Al Zubara en Qatar. Foto: Cortesía

El fuerte de Al Zubarah, si bien no fue construido para proteger el pueblo, es un fuerte típico de la península arábiga: muros de un metro de ancho hechos con roca de coral y caliza aglutinadas con adobe. Los techos compuestos por capas de adobe comprimido se sostienen con vigas de madera.

El desierto agreste también desarrolló la hospitalidad entre los qatarís, un valor que aún practican hoy en día y del que se enorgullecen. Ofrecer café a un visitante o invitado es un primer gesto.

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Pueblo de Al-Zubarah. Foto: Cortesía

El desierto no solo es plano, en el sur de Qatar viven las dunas. Y digo “viven” porque se transforman con el viento: crecen, se empequeñecen, desaparecen. Sand duning es un paseo en vehículo 4X4 ofrecido únicamente por compañías especializadas. Antes de internarte en el desierto, te ofrecerán una taza de café con azafrán. Una vez dentro del 4X4, agárrate bien porque es como subir a una montaña rusa. El chofer desacelerará solo si se encuentra con una caravana de camellos para que puedas verla. Harás una parada para admirar el Mar Interior (Inland Sea), uno de los pocos lugares en el mundo donde el mar invade el desierto.

Desciendes a las dunas, tus pies se hunden en su arena, te sientes rodeado 360 grados por esa amplitud. Un vacío lleno de dunas, mar y cielo, te invita a vaciarte del exceso de ruidos, imágenes y pensamientos. Adiós a los distractores, eres vacío lleno de dunas, mar y cielo.

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