¿Qué es Caja Negra? Una editorial argentina, por una crítica literaria experta

Nosotros, desde el comienzo, la pensamos con un horizonte de hispano-hablantes. No la pensamos para el público argentino exclusivamente, dice Ezequiel Fanego, el editor.

Ciudad de México, 23 de abril (MaremotoM).- Entre los libros de culto muchos son de Caja Negra, una editorial argentina cuyo slogan es “el periodismo que queremos”.

Ahora, con tantas fake news y con los medios llamados hegemónicos, es decir, los que gobiernan para fines políticos y de control, pensar en ese periodismo que nos dice las cosas verdaderas, que nos ayuda a pensar y a debatir, es casi un milagro.

Así que lo fuimos a entrevistar a Ezequiel Fanego, uno de los editores, a quien le dijimos lo mucho que nos interesan sus libros, colocados en tres grandes colecciones: Futuros próximos, Numancia y Synesthesia.

“Me alegra mucho que tenga un buen prestigio acá”, dice el joven editor, quien está abriendo canales para llegar a los lectores mexicanos.

–¿Qué es Caja Negra?

–Caja Negra es un proyecto que comenzó en el 2005, iniciamos dos compañeros de la facultad y se transformó de a poco en un espacio de crítica cultural. Es una editorial con la última colección que tenemos, que se llama Futuros próximos, de ensayo contemporáneo y que fue logrando bastante relevancia, donde pensamos problemáticas vinculadas a la estética, la política, la tecnología y cómo afectan esas cosas en nuestras vidas cotidianas. Para nosotros la lectura que hacemos en el catálogo son lecturas que nos sirven para guiarnos en el presente. Tenemos también una serie de música y de cine, bastante importante.

A nosotros nos gusta mucho cada vez que vamos a España, a México o a Colombia, tratar de entablar relaciones con colectivos, con galerías de arte, con grupos de estudio, dice Fanego. Foto: MaremotoM

–La editorial abre el camino internacional. ¿Qué hay en ella?

–Nosotros, desde el comienzo, la pensamos con un horizonte de hispano-hablantes. No la pensamos para el público argentino exclusivamente. Fue una diferencia respecto de muchas editoriales independientes que surgieron al tiempo que nosotros. A nosotros nos gusta mucho cada vez que vamos a España, a México o a Colombia, tratar de entablar relaciones con colectivos, con galerías de arte, con grupos de estudio. Vemos que las motivaciones que nos movilizan son las mismas de toda gran ciudad. Un libro sobre la relación entre arte y gentrificación, lo publicamos porque pensamos que tenía relación con Argentina, pero cuando fuimos a Barcelona, había gente preocupada por el mismo tema y lo mismo pasa con Bogotá y lo mismo con México. A medida que nuestras posibilidades lo van permitiendo y podemos viajar vamos comprobando que esa relación con todos los lectores existe. El 80 por ciento de nuestros libros son traducciones.

–¿Quiénes son algunos autores?

–Tenemos por ejemplo a Boris Croys, Simon Reynolds, Mark Fisher (El capitalismo y lo real, Jacksonismo), Martha Rosler, son autores que fueron traducidos por primera vez en Caja Negra. En literatura, tenemos a William Burroughs, Jack Kerouac…También tenemos al ensayista y filósofo Éric Sadin, un hombre que está pensando en la inteligencia artificial y como la aparición de nuevos dispositivos está amenazando la soberanía individual.

–Traducidos también a una categoría de hispano-hablantes, no a la española, a la que estamos desafortunadamente acostumbrados

–La traducción siempre fue un desafío. Algo que nos enriqueció y es siempre muy interesante. Inevitablemente siempre va a ser una traducción rioplatense, pero somos bastante cuidadosos para que no sean demasiado locales. En música los términos son muy distintos de acuerdo al lugar y hemos llegado a publicar varios en otros países.

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Logo de Caja Negra

–¿Cómo es ser editor independiente en la Argentina?

–Bueno, es un momento crítico. Surgimos en otro momento crítico, en la salida de la crisis del 2001 y algo de ese aprendizaje nos sirve para esta nueva complejidad. Los lectores están teniendo menos capacidad de compra, las impresiones se están haciendo cada vez más caras, pero es cierto que tenemos anticuerpos que nos ayudan a sobrevivir.

–De todas maneras el actual gobierno está decidido a matar todos los anticuerpos

–Sí, lamentablemente sí. Todavía no hemos visto lo peor y como Argentina tiene una cultura lectora muy fuerte no ha mellado aún. Lo primero que se está resintiendo es la red de librerías. Ya no hay librerías que se abren las 24 horas. Pablo Avelluto, el ministro de Cultura, tiene una mirada neoliberal de todo y eso se aplica también a la cultura. Un caso muy evidente es que cuando ellos llegaron al gobierno sacaron las retenciones a las exportaciones, como un incentivo para el campo, pero luego las volvieron a poner y yo estoy pagando como si fuera un exportador de soja, a todos nos cobran lo mismo. No tienen una mirada especial para la cultura. Toda la economía debe funcionar a partir de la competencia.

–¿Quién habla sobre el neoliberalismo en tus libros?

–Uno de los que tiene una mirada aguda sobre el neoliberalismo es Mark Fisher (1962-2017), es británico, quien dirigió una colección en Inglaterra que tenía como slogan “intelectual sin ser académico y popular sin ser populista”. Me parece que describió muy bien para nosotros lo que nos interesa como proyecto cultural. Éric Sadin hace un señalamiento muy interesante que tiene que ver con la celebración de cierto consumo tecnológico en la que cae cualquier Estado de cualquier signo. Una especie de celebración acrítica de consumo y de la tecnología como un camino inexorable de libertad, él, dice que como algunas veces ciertos dispositivos que parecen en realidad estar generando nuevos modos de dependencia y de control. Hay algo importante del neoliberalismo es que no es un partido político, sino una forma de vida. Y es una forma de vida que nos atraviesa estando bajo gobiernos de distintos signos.

–La información también parece ser un tema neoliberal

–Tenemos un libro de un autor que falleció hace poco, Harun Farocki (Checoslovaquia, 1944-2014), que se llama Desconfiar de las imágenes. Ese libro es crucial, porque pone en funcionamiento una serie de ejercicios de crítica de la imagen y demuestra cómo esas imágenes funcionan como control de la sociedad. Hito Steyerl, una autora japonesa-alemana, continúa ese trabajo. Tiene un texto muy interesante sobre los desaparecidos en México. Ella se pregunta por la relación entre la imagen y la representación política.

–¿Tienes algún libro sobre el feminismo?

–Acabamos de publicar el libro de Sarah Ahmed, una autora australiana, La promesa de la felicidad. Viene anclado en ese feminismo que tenemos para afuera, pero luego en nuestra cotidianeidad somos machistas. Lo que estudia es de qué manera la felicidad, cuando funciona como una promesa, no son inocentes, son objetivos normalizados, patriarcales, blancos y que son objetivos accesibles para algunas personas, inaccesibles para otras, pero que tienen cierta motivación de disciplinamiento.

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