Valeria Luiselli

“¿Qué es simplemente reproducir un testimonio y llamarlo ficción?”: Valeria Luiselli

En la Kurimanzutto presentó la novela Desierto Sonoro (Sexto Piso), una que fue escrita primero en inglés y luego traducida por ella y por Daniel Saldaña París a nuestra lengua, donde no sólo habla de los niños migrantes –un tema que la obsesiona y que ha convertido sus ideas políticas en cada vez más profundas-, sino que también habla de la niñez en general.

Ciudad de México, 16 de octubre (MaremotoM).- Valeria Luiselli (1918) dice “tropo” y dice otras cosas ligadas a sus estudios de letras, como metida dentro de un discurso que la cuida, la protege. La veo en el escenario tan frágil, tan delgada, escondida detrás del micrófono y pienso: ¡Qué bien escribe! No importa su lenguaje doctoral –a veces, como dice Luisa Valenzuela, hubiera sido lindo terminar los estudios de Letras- sino el volcarse de lleno a un libro como este, donde ella, la escritora, regresa con una carga y un talento impresionantes.

En la Kurimanzutto presentó la novela Desierto Sonoro (Sexto Piso), una que fue escrita primero en inglés y luego traducida por ella y por Daniel Saldaña París a nuestra lengua, donde no sólo habla de los niños migrantes –un tema que la obsesiona y que ha convertido sus ideas políticas en cada vez más profundas-, sino que también habla de la niñez en general (“Supongo que todos los niños son así: si están despiertos y van en coche quieren cosas. Quieren atención, quieren parar al baño, quieren comida. Pero ante todo quieren saber”), donde habla de una familia que tenía y de los escritores que la condujeron por este espacio donde no sólo están los que emigran, está Valeria y está su sentido de la literatura.

Valeria Luiselli
“Esta novela se escribe contra esos mitos fundacionales que borran, que silencian y lo hace apropiándose de los propios tropos de los mitos fundacionales estadounidenses”. Foto: MaremotoM

Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrezejewski, La cruzada de los niños, de Marcel Schwob, Belladona, de Daša Drndić, La atracción del archivo, de Arlette Farge “y un librito rojo que no había leído aún y que llevaba por título Elegías para los niños perdidos, de Ella Camposanto”.

Por supuesto que Valeria alude a Los niños perdidos (Sexto Piso), su anterior novela, donde una escritora imaginaria (ella) escribe sobre los niños que retan a La Bestia, ese tren horrible que pasa por Veracruz.

Me encanta Valeria Luiselli escribiendo novelas largas como Desierto sonoro, me encanta descubriéndole a la literatura la fuerza que tuvo siempre, la de transformar y contar lo que pasa, la de dejar pensando y la de romper sus propios códigos para obligarnos a nosotros a escribir.

Desierto sonoro
Portada de Desierto Sonoro. Foto: Cortesía

“Empecé a escribir este libro en el verano del 2014. Durante ese verano estaba en un viaje por tierra con mi familia y en ese mismo verano estalló la crisis migratoria. Los medios comenzaban a informar acerca de los niños que llegaban a los Estados Unidos y eran detenidos. No podía escribir. No podía pensar en otra cosa. Fui documentando más que la crisis misma el discurso en torno a ella. Cuando regresé a Nueva York me involucré de manera más activa. El Gobierno de Barak Obama, de una manera muy cruel, había reducido los días que tenían los niños para encontrar a un abogado que los defendiese. De los 365 días que tenían antes, ahora sólo tenían 21. Yo ayudaba en la traducción, para conseguir abogado lo más rápido posible”.

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“En ese ínter yo seguía escribiendo las notas que se habían vuelto para entonces el principio de una novela. Al ver tan de cerca el horror de la Corte Migratoria lo que estaba escribiendo era un libro ilegible, muy encabronado, con muy poca claridad, en donde además estaba simplemente transfiriendo los testimonios que escuchaba en la Corte. En un momento me dije: no, estoy haciendo todo mal. ¿Qué es simplemente reproducir un testimonio y llamarlo ficción? ¿Qué es eso? Pensando en ella como un depositorio no le hacía ningún favor a la novela y ningún favor a la situación misma. Abandoné la novela, abandoné Desierto Sonoro, escribí Los niños perdidos, que es una denuncia y pude volver a la novela con mucha mayor libertad”.

Con Diego Rabasa, editor de Sexto Piso, en la Kurimanzutto. Foto: MaremotoM

Así habló Valeria en la presentación a la prensa de su nueva novela. Fue en la Kurimanzutto, la galería de arte donde se lleva a cabo las exposiciones de arte contemporáneo.

Una pareja viaja por carretera junto a sus hijos –un niño de diez años y una niña de cinco– desde Nueva York hacia Arizona, al suroeste de Estados Unidos. En pleno calor estival, son horas y horas atravesando grandes llanuras, paisajes montañosos y más tarde desérticos. En el coche, matan el tiempo cantando una y otra vez “Space Oddity” de David Bowie y escuchando audiolibros, se detienen a comer en diners cuando tienen hambre y a dormir en moteles cuando anochece. El padre y la madre apenas se dirigen la palabra.

Esa es la sinopsis de Desierto Sonoro.

“Durante un viaje a Arizona con mi familia acabamos en un pueblo horrible que se llama Tombstone, que alguna vez fue parte de México y este pueblo resulta estar en la última franja territorial que México perdió. Ese pueblo fue minero, con relativo éxito, pero pronto se convirtió en un pueblo fantasma. Ahí se reproducen pedazos de la historia cuatro veces al día. Uno llega al pueblo y presencia una escena entre el Marshall y sus hermanos matando a…ya no me acuerdo. Me salí de los shows, me puse a fumar un cigarrillo en una esquina y de pronto se me acercó un doc’s holiday, luego otro y entendí la farsa de la actuación. En estas actuaciones de las que les hablo están ausentes los mexicanos. Ni siquiera aparecen como enemigos. Eso, realmente, es el gran mito fundacional estadounidense. La fundación de un país en esa tierra ignota, que por supuesto no estaba vacía, como dice la historia de los Estados Unidos”, comentó.

“Esta novela se escribe contra esos mitos fundacionales que borran, que silencian y lo hace apropiándose de los propios tropos de los mitos fundacionales estadounidenses. La novela es un viaje de este a oeste, pero aquí no se funda nada, sino que se documenta el final de ese mito fundacional, el final de una familia, el final de pueblos que se convierten en fantasma y es también una narrativa que narra el viaje de siete niños que van cruzando fronteras, con miras a llegar a un norte”, concluyó.

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