Después del paro y la marcha

¿Qué hacer después de la marcha y el paro?

Hace dos años, en Guatemala, 41 niñas fueron asesinadas en el Hogar Seguro de Guatemala. Una funcionaria policial dijo: no abran la puerta, cuando las chicas pedían auxilio. Esas refugiadas habían denunciado antes muchos abusos sexuales. Denunciaron y murieron. Por ellas y por tantas otras, debemos luchar y seguir en el camino. ¡Contra el patriarcado, siempre!

Ciudad de México, 11 de marzo (MaremotoM).- La cara satisfecha de Felipe Calderón después de la Marcha de las Mujeres el 8 de marzo es como una campanada que vuela sobre el estado social en México. Es cierto, él tendría que estar dando declaraciones ante la justicia por los fracasos de un gobierno fraudulento que nos llevó a este crimen organizado desatado, con un poder alternativo, que tendremos que enfrentar tarde o temprano. Sin embargo, estaba dando para sí el triunfo (¿triunfo?) de las mujeres que 9 de cada 10 estaba desesperada y por eso marchaba.

Es cierto, para algún sector, el tema de las mujeres tuvo un carácter político. Decían: lo vamos a voltear a Andrés Manuel López Obrador, muchas personas que estuvieron en contra del metoo se pusieron las camisetas moradas y fueron a marchar “por la indiferencia del Presidente”. Hoy celebran que Harvey Weistein haya recibido 23 años de cárcel, pero cuando las denuncias del metoo eran contra tu propio jefe o amigo, “habría que probarlo”.

Sin embargo, la marcha tuvo un carácter inorgánico y la decisión del Gobierno de no reprimir hizo de este encuentro social un hecho histórico, con muchas mujeres dando la protesta de acuerdo a cómo lo consideraban conveniente.

Después del paro y la marcha
Un cartel en Facebook. Foto: Facebook

No hay una forma de protestar ideal de decir: ¡Estamos desesperadas!, basta de feminicidios, basta de patriarcado, pero si algo harán las mujeres es con esa furia que muestran las nuevas mujeres. Me encanta esa cosa tan mexicana de decir: “Son mujeres nuevas”, más que mujeres jóvenes. Los monumentos no importan, importa por supuesto voltear la violencia y la política machista en un país tan atrasado como irreal y como injusto.

¿Los medios? Una muestra más del machismo feroz que se instala en nuestras sociedades. Ahora hay que hablar de las mujeres como esas heroínas que nos acompañaron durante nuestra vida, pero somos nosotros los que siempre tenemos que hablar. Nada es más dañino, más cínico, que escuchar a esos periodistas que aparecen en la televisión propiciando “la igualdad”, cuando una forma de igualdad sería que ellos se corrieran y que no dijeran absolutamente nada, tratando de comprender la realidad más allá de los eslóganes.

Quedará también en mi memoria ese Museo Soumaya pintándose de morado, cuando una de las cosas que habría que discutir y que rebatir es ese capitalismo salvaje que propicia Carlos Slim, que ahí anda con Jeff Bezos (“un tendero que es el hombre más rico del mundo”, dijo el escritor Josu Iturbe), para ver quién se consagra como el hombre más oneroso del planeta.

Que digan los trabajadores de Telcel, del propio Museo Soumaya, cuánto cobran, cuántos días libres tienen, cuánto seguro médico tienen, en un sistema social que sigue teniendo a los mismos ricos y a los muchísimos pobres, sin que un Gobierno de izquierda (como se dicen) logre hacer nada para frenar esa brecha eterna.

Recuerdo cuando me tuve que levantar a las cinco de la mañana, partir para Plaza Carso, donde transmitían la inauguración de los Juegos de la Juventud, desde Buenos Aires y tener que comentar la ceremonia. Estuve más o menos cuatro meses reclamando los 1500 pesos que me dijeron que me iban a pagar, por supuesto, cerrándome la puerta para volver a hacerlo y gracias a mi tenacidad, poder cobrarlo.

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Después del paro y la marcha
Un cartel en Facebook. Foto: Facebook

Son las mujeres que rompen los vidrios de los bancos las que van a cambiar alguna cosa. Porque en este patriarcado hay que decir: “No me importa que pintes el museo de morado, tienes que pagar decentemente, dar un seguro médico legal y dar jornadas laborales acorde con la vida de los hombres, no de los monos (pobres monos, dirán los defensores de animales)”.

¿Qué vamos a hacer con los feminicidios?

No sólo con marchas vamos a resolver ese problema. Una de las cosas más importantes a la hora de vencer ese terrible drama es acompañar a las amenazadas a todos lados, incluso hasta el baño. Cuando podemos, claro, porque hay feminicidios imprevistos contra los que nada se puede hacer: como esa chica en Guanajuato, Nadia Verónica, asesinada el mismo día de la mujer, a tiros, en su propio automóvil.

Digo acompañar porque el rugbier de Australia Roman Baxter mató a su esposa y a sus tres hijos en el coche, tirándole gasolina sobre sus cuerpos, en una “supuesta” conversación para ponerse de acuerdo con el tema de los niños. ¿Los medios?, por supuesto, con su gran verbo machista dijeron que el ex deportista se sentía muy mal porque “no podía ver a los niños” todo el día. Sin comentarios.

El Gobierno, por supuesto, en lugar de abandonar las casas para las mujeres golpeadas y maltratadas que escapan de sus asesinos, no sólo valorarlas y hacerlas más fuertes, sino qué grado de educación, de trabajo, de deportes (una de las notas que acabo de hacer es al periodista de deportes, Alberto Lati, que habla de todas las mejoras que podría tener la práctica del deporte entre los niños) poner en ejercicio de una población que ya no sabe para dónde disparar.

Magali Velasco
El muro de la vergüenza. Foto: Magali Velasco

¿Qué planes hay para vencer la brecha entre ricos y pobres? ¿Qué planes hay en torno al deporte? ¿En torno a la seguridad? ¿Habrá una inversión de la 4T para la Salud? ¿Habrá aperturas de hospitales? No sólo hay que contestar los tuiters de los opositores ni hacer las mañaneras con periodistas a favor, sino decir qué país quiere hacer Andrés Manuel López Obrador.

Habla todos los días, pero no sabemos qué planes tiene para México. En el medio, algunas declaraciones apocalípticas que les hacen el caldo gordo a quienes quieren que caiga AMLO y recuperar el poder para el mal, como siempre.

Son muchas cosas que hay que analizar para vencer el feminicidio. No es sólo encapuchadas y rompiendo cosas que vamos a vencer esta enfermedad que se disemina, como el Coronavirus, por todo el mundo.

Hace dos años, en Guatemala, 41 niñas fueron asesinadas en el Hogar Seguro de Guatemala. Una funcionaria policial dijo: no abran la puerta, cuando las chicas pedían auxilio. Esas refugiadas habían denunciado antes muchos abusos sexuales. Denunciaron y murieron. Por ellas y por tantas otras, debemos luchar y seguir en el camino. ¡Contra el patriarcado, siempre!

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