“¿Qué le pasa a otra persona que tiene que escalar su cordillera?”: Roberto Canessa, sobreviviente del accidente de Los Andes, en 1972

Tenía que sobrevivir, el mandato de Roberto Canessa, se hizo libro con la colaboración de Pablo Vierci. El 7 de mayo se presenta en Cinépolis Plaza Carso.

Ciudad de México, 5 de mayo (MaremotoM).- Viene recién de Montevideo, vuela todo el tiempo y dice medio en broma, medio en serio, que todo el mundo quiere viajar con él. “Dos veces un avión no me va a tirar”, afirma. Viene con su mujer, son uruguayos ambos y viene también con el escritor Pablo Vierci, quien le ayudó a escribir el libro Tenía que sobrevivir: Cómo un accidente aéreo en Los Andes, inspiró mi vocación para salvar vidas.

“¿Cuál es la frontera entre la vida y la muerte? Por la pantalla del ecógrafo examino el corazón de un niño que está por nacer. Me demoro analizándolo; sus minúsculas manos, sus pies, como si habláramos desde adentro y afuera del monitor. Siento la fascinación de una vida eventual, porque a ese corazón le falta una parte que habrá que reponer o compensar”.

Así empieza el libro, editado por la catalana Alrevés, donde también cuenta que debieron alimentarse de los cadáveres que los rodeaban, de otra manera no hubieran sobrevivido.

Juntos, los autores, ha decidido que parte de las regalías irán para el Centro Pediátrico del Corazón ABC-Kardias, para apoyar su labor y contribuir a que más niños y niñas puedan recuperar la salud.

A los 19 años, junto con Nando Parrado, Roberto Canessa dejó atónito al mundo en diciembre de 1972, cuando aparecieron vivos en Chile tras escalar la cordillera de los Andes durante diez días, para guiar el rescate de sus catorce amigos atrapados en el fuselaje, dos meses después de que el avión en que volaban se estrellara contra las montañas. Se graduó como médico cardiólogo pediatra y formó una familia. Fue galardonado tres veces con el Premio Nacional de Medicina en Uruguay y en 2015 fue designado Honorary Fellow of the American Society of Echocardiography.

Además de dictar conferencias de liderazgo para empresas, actualmente es el jefe del Departamento de Ecocardiografía y Cardiología del Hospital Italiano de Uruguay y colabora con una red integrada por prestigiosos colegas en todo el mundo.

Autor del libro y un cardiólogo de enorme prestigio. Foto: MaremotoM

–¿Es importante seguir hablando de aquella experiencia?

–Mucha gente me dice que se imagina los años de terapia que hice después de aquella experiencia. ¿Qué pasó? ¿Pudiste rehacer tu vida? ¿Cuál es tu relación con los padres de aquellos que no volvieron? Hay un montón de situaciones que la gente me pregunta constantemente. Es una experiencia de comportamiento humano. Es un experimento que una mano maldita, la mano del Diablo, dijo, vamos a ponerlos a todos en la nieve a ver si sobreviven o no. ¿Quién se salva? ¿El más fuerte o el más inteligente? ¿O el que tiene ganas de vivir? Tengo como científico el deber histórico de dejar documentado por qué ha pasado eso, también han nacido los hijos y muchos le preguntan ¿qué se siente ser hijo de un héroe? Y ellos contestan –No lo sé, yo no lo conozco, yo conozco a mi padre. Yo a mi padre lo quiero porque todos los días va a trabajar a la capital para que a nosotros no nos falte nada. A Laura, mi mujer, la conozco desde que tenía 14 años. Ahora tenemos 40 años de casados y como todo matrimonio que dura mucho todas las semanas y esta también estamos por divorciarnos. ¿Qué le pasa a otra persona que tiene que escalar su cordillera?

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–¿Cuándo decidió ser médico?

–Antes del accidente, después de ello fui famoso en el mundo, me invitaban a todos los lugares para hablar, pero yo no quería convertirme en un sobreviviente, no había salido de Los Andes para ello. Yo no voy a quedar enganchado en esta historia. No voy a estar 40 años después con una distinguida periodista haciendo un reportaje en México sobre el libro. Mi vida va para otro lado y tuve que vivir todo en ese tiempo.

–¿Cómo fue la relación con la gente que sobrevivió?

–Somos hermanos, somos familia. Nuestros hijos son muy amigos y somos muy amigos de los que no volvieron, porque ellos nos apoyaron mucho cuando salimos. Es tan increíble ver a esas familias, con la mayor tristeza, cuidándonos. Todos pertenecemos al mismo club, la pertenencia de grupos humanos ayuda mucho a sanar las heridas. Hoy, que todo el mundo vive desperdigado, Estados Unidos, que es un gran país, pero el valor de la familia no está tan claro, hace que las personas se desequilibren emocionalmente.

Foto: Especial

–¿Hubo un acercamiento a Dios?

–Sí, hay un Dios que conocí en Los Andes. Ese Dios que me ayudó a vivir, ese Dios que todo lo puede, al que le pido cuando mis pacientes se enferman, ese es el Dios que conocí en Los Andes y es el Dios que recomiendo. Es el Dios del amor.

–¿Hoy casi nadie se salva de un accidente aéreo?

–Me fascinan mucho los “casi nadie”. Las cardiopatías, no había ninguno vivo en Uruguay con ventrílocuo único, ahora tenemos tres que citamos en el libro. Si estás en el estadio, una paloma te hace caca en la cabeza, eres uno en 100 mil. Creo que todos somos casi nadie, las cosas que te pasan a ti en tu vida, no le pasan a nadie más.

–¿Qué pasa con las cardiopatías?

–Es mucho genético. Hay mucho predeterminado y tienes a Winston Churchill que vivió hasta los 100 años fumando, con muchísimo estrés y bebiendo. El hombre vive mucho más. El hombre hasta la Edad Media vivía hasta los 35 años y no medía más de 1 metro 50. En las armaduras de esa época no entramos ninguno. Creo que estamos viviendo mucho mejor, lo que pasa es que la queja se ha transformado en el principal tema de los que vivimos bien. Hasta que no se te cae el avión, no te das cuenta de la vida en que estabas. Este libro es cuando se te cae el avión, de que tienes muchas más cosas de las que necesitas y haces mucho menos lo que puedes.

–¿Usted va a dar las ganancias a una Fundación?

–Sí. La Fundación Cardias es una institución mexicana, un país donde no se diagnostican todos los niños con cardiopatías. Muchos niños fallecen a veces sin diagnóstico. No es ético que yo hable de los problemas que tienen otros países, porque nosotros también tenemos nuestros problemas. La cirugía es muy buena en México, pero no está llegando a todo, tenemos que llegar a esos niños, colaborar con esa idea. Además de la ciencia, debe de haber una conciencia social pública, los problemas científicos lo manejan los médicos, pero los problemas de la sociedad lo deben manejar las fundaciones, que son las que le deben dar recursos a los médicos.

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