Fórmula UNO

Qué sabemos y qué nos falta saber sobre el milagro de Grosjean

Doscientos veinte kilómetros por hora al momento del impacto. Un golpe devastador de 53 veces la aceleración de la gravedad. Veintiocho segundos ardiendo en el infierno.

Ciudad de México, 30 de noviembre (MaremotoM).- Sabemos que fue algo parecido a un milagro. Que en circunstancias anteriores, Romain Grosjean no habría sobrevivido al pavoroso accidente que protagonizó en la primera vuelta del Grand Prix de Bahrein. Sabemos que muchos de nosotros, veteranos del automovilismo y con décadas analizando la Fórmula 1, pensamos lo peor. Y en el que pudo ser un fin de semana negro para la máxima categoría, se celebró la manera en la que el piloto francosuizo escapó de una destino trágico.

Algo parecido a un milagro. Sí, porque el nivel de seguridad que se ha alcanzado en la F-1 moderna han evitado, a lo largo de los años, catástrofes contra las que solo el tiempo y la perspectiva permiten prepararse. No fue un milagro en términos casuísticos. Hubo fortuna, pero también previsión. La calidad de la protección que llevaba Grosjean en su Haas VF-20 acabó por salvarle la vida tras un impacto de una fuerza devastadora de 53G.

Pero a esa protección se arribó solo porque, lamentablemente, se aprendió de desgracias precedentes. Es muy amargo el camino de la seguridad.

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“Introdujeron el Halo en la Fórmula 1 después del accidente de mi hijo”, le escribió la madre del recordado Jules Bianchi a un periodista francés. “Ahora el Halo ha salvado la vida de Romain. Eso es muy bueno. Estoy muy contenta de que esté OK”.

Efectivamente, el Halo salvó la vida de Grosjean. Le abrió paso a la célula de supervivencia del Haas cuando se introducía, en un ángulo agudo y no previsto, por entre las hojas del guardrail. En accidentes similares resultaron decapitados en los años ’70 pilotos como Francois Cevert o Helmut Koinigg.

Pero también el buzo, de triple capa de tejido antiflama, capaz de resistir llamas de 500° C durante al menos 30 segundos, le salvó la vida. Y la ropa interior ignífuga contribuyó, y lo mismo el casco, y el sistema de oxígeno que le permitió respirar a Grosjean en ese breve infierno de 28 segundos que se desató desde la explosión del auto y el momento en que emerge de las llamas.

De un infierno parecido retornó Niki Lauda hace más de 45 años, ayudado por sus colegas. Pero el austríaco respiró durante letales intentos el humo negro de la combustión de su Ferrari, a temperaturas de 800°, que le perjudicaron para siempre sus pulmones. Grosjean, en cambio, no respiró humo, y eso también lo salvó.

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Grojean deja el hospital de Barhein, luego de recibir tratamiento. Foto: Cortesía f1

Según la última información suministrada por la FIA, Grosjean permanecía toda la noche en el Hospital de la Fuerzas Armadas de Bahrein, para tratarle quemaduras en el dorso de ambas manos, ya que las radiografías revelaron que no sufrió fractura alguna.

Es cierto que el coche se rompió en el impacto, y eso parece una mala noticia, pero no lo ha sido. La célula de supervivencia, construida en fibra de carbono, resistió perfectamente ese impacto masivo, y alguna cuota de esa fuerza que llevaba el auto lanzado a 220 km/h en el corto trayecto que medió entre la salida de pista y el choque contra la defensa de acero, se disipó al partir al auto en dos.

“Fue horrible, me conmovieron las imágenes, asustaban pero no tenía idea de que un auto de Fórmula 1 se podía quebrar de esa forma”, reaccionó Pierre Gasly, el francés vencedor del reciente GP de Italia en Monza. Se quiebran dónde deben hacerlo.

LA MECÁNICA DEL ACCIDENTE

En suma:

Tras el toque con el Alpha Tauri de Daniil Kvyat, el Haas salió disparado de la pista a 220 km/h; recorrió apenas unos 20 metros de banquina para impactar la triple hilera de guardrail en un ángulo agudo e inusual;

–el tren delantero penetró entre las hojas de acero, y el halo levantó la defensa superior, permitiendo que la célula de supervivencia atravesara la barrera sin lastimar al piloto; la fuerza del impacto quebró la uníón entre el chasis y el motor, que queda en una sola pieza junto al tren trasero y el alerón trasero sin cruzar el guardrail, y sin tomar fuego;

–al romperse esa unión quedó expuesto el tanque de combustible, que estaba lleno, y aunque su diseño es a prueba de balas, aquí se fisuró o rompió. Ross Brawn, el director deportivo de la Fórmula 1, brinda otra teoría:  “lo más probable es que se haya roto una línea de conexión de combustible”. Eso habrá que investigarlo: según el directivo, “pareció un gran fuego, pero no creo que se hayan consumido los 100 kilos de combustible que un auto lleva en ese momento. Para mí fue bastante menos, no 100 kilos”. Es una de las grandes dudas que deja el accidente.

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La célula de supervivencia, quemada pero intacta. El tanque de combustible está detrás. El Halo resistió.

UNA TAREA DE NUNCA ACABAR

Brawn pagó tributo a su ex jefe en Ferrari y actual presidente de la FIA, Jean Todt, por haber impulsado la obligatoriedad del halo cuando la medida había despertado una enorme controversia motivada tanto por criterios estéticos como por resistencias conservadoras. “No creo que nadie ahora, especialmente después de hoy, pueda dudar de la validez y del valor del Halo”, afirmó.

En su infierno particular, Grosjean pudo desatarse y emerger del cockpit envuelto en llamas. Saltó por encima del guardrail con la ayuda del doctor Ian Roberts, que viajaba en el coche médico que habitualmente conduce el sudafricano Alan Van der Merwe, campeón de Fórmula 3 británica en 2003 (el año en el que Lewis Hamilton debutó en esa categoría corriendo las dos últimas pruebas del torneo). Los dos llegaron al lugar del accidente a los 9 segundos del impacto.

Diez segundos más tarde arriba el primer marshall con un matafuego. El Haas lleva ya 18 segundos envuelto en llamas. Cuatro segundos después, otro comisario abre un segundo extinguidor, más potente, ayudado por el doctor Roberts, que al instante se desentiende para preocuparse por la extracción del piloto. Con ese chorro de espuma, le “abren” un camino al piloto para que salga de la trampa ígnea. Y transcurren 28 segundos hasta que Grosjean salta la defensa, sin la botita izquierda, mientras Stewart le tiende la mano. El piloto está ileso, pero el mundo se dará cuenta recién varios minutos después, cuando la TV lo muestre sano y salvo dentro del auto médico. “En 12 años (que lleva conduciendo el auto médico) nunca ví tanto fuego”, relató el sudafricano. “Romain empezó a salir solo de su auto, lo que fue increíble después de un accidente así”.

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El Premio de Barhein lo ganó Lewis Hamilton. Foto: Cortesía F1

Roberts reveló que Grosjean no podía ver porque el visor del casco se había fundido y estaba opaco. “Lo encontré muy shockeado, le saqué el casco para chequear que estuviera bien”, contó. “Lo pusimos en el auto, le administramos un gel en sus quemaduras, chequeamos que no tuviera golpes en la cabeza”.

Lewis Hamilton, que sumó su quinta victoria consecutiva (y 11 en 15 durante este filoso 2020), lo sintetizó así: “Fue tal conmoción… Cuando entro al auto sé que asumo riesgos. respeto el peligro que hay en este deporte. Fue horrible. Estoy tan agradecido de que el Halo haya funcionado. Pudo haber sido mucho peor pero creo que nos recuerda a todos y espero que a la gente que nos ve que este es un deporte peligroso. Estamos acá para correr al límite y jugar con los límites, pero siempre hay que respetarlos. Nos muestra qupe fabuloso trabajo la Fórmula 1 ha hecho (en términos de seguridad), lo que ha hecho la FIA para permitirle salir caminando de algo tan horrible. Pero esto debe ser investigado y habrá que hacer un enorme trabajo para asegurarse de que no vuelva a ocurrir”. Es deber de los pilotos estar encima de una tarea que inició en 1966 Sir Jackie Stewart.

“Tenemos que ver qué falló porque cada cosa está diseñada para fallar progresivamente pero en un accidente como este obviamente las cosas fallaron de una manera no contemplada”, aseguró Brawn.

La semana que viene, en el trazado perimetral del Circuito Internacional de Bahrein, la F-1 disputará el Grand Prix de Sakhir, la 16a cita de la temporada, y los pilotos pasarán en 87 ocasiones junto al sitio del accidente. No estaría mal que, para entonces, hubiera algunas respuestas en torno a la calidad y alineación de las defensas de acero en esa zona. Que los millones que Bahrein desembolsa alegremente año a año en las arcas de la F-1 también sirvan para seguir avanzando en seguridad. Que nunca será total. Pero que siempre tiene que aspirar a serlo.

Fuente: Pablo Vignone / Original aquí.

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