Rafael Berrio presenta disco, “Niño Futuro”: La voz vasca

En Berrio, todo es la letra, aunque no hay que evitar sus rasgueos con la guitarra ni el valioso aporte que hacen Irazoki y Paul San Martín en la ejecución de sus instrumentos, pero sobre todo en este disco las canciones por lo que dicen son más que por lo que cantan.

Ciudad de México, 1 de abril (MaremotoM).- El año pasado había escuchado la canción “Simulacro”, probablemente una de las mejores escritas en español, cantada por el vasco Rafael Berrio, un cantautor desconocido en México y por lo pronto también en España, aunque con su disco del 2015, Paradoja, ya tiene relevamiento nacional.

Rafael Berrio, nacido en San Sebastián en 1963, formó su primer grupo en 1980 bajo la influencia de la Nueva Ola. En la siguiente década y hasta 2005 grabó dos elepés con el grupo Amor a Traición y otros dos bajo el nombre de Deriva.

Ya con su propio nombre registró en 2011 y 2013 los respectivos 1971 y Diarios, ambos producidos por Joserra Senperena y aclamados de manera unánime por la crítica especializada.

En 2015 Berrio lanzó “Paradoja”, considerado el mejor álbum del año para la revista Ruta 66, entre otras distinciones.

En 2016, Berrio emprendió la adaptación personal de la zarzuela de Sorozábal-Baroja titulada “Adiós a la Bohemia”, junto a la actriz Ángela Molina y ahora acaba de editar su octavo disco, Niño futuro, con él en la voz y en la guitarra, Joseba Irazoki, guitarra,

Paul San Martín, Piano y voz, Karlos Aranzegi, batería, Fernando Neira, bajo.

Virginia Pina participa especialmente en lo que podría ser considerado el primer single, “Considerando”, una canción sobre el desgaste de la pareja, donde el cantante dice “has roto el espejo, una obra a todas luces singular” o “yo ya sé venirme abajo solo, puedes ahorrarte el trance de morir matando, considerando que no estoy vivo del todo”.

En Berrio, todo es la letra, aunque no hay que evitar sus rasgueos con la guitarra ni el valioso aporte que hacen Irazoki y Paul San Martín en la ejecución de sus instrumentos, pero sobre todo en este disco las canciones por lo que dicen son más que por lo que cantan.

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“Abolir el alma”, un texto basado en el pensamiento de Emil Cioran, representa exactamente lo que el cantautor piensa, ese deslizarse por la vida descreyendo de todo y al mismo tiempo gozando cada minuto que nos es dado. “Abolir el alma, no hay otra salida, abolir el alma, de lo más profundo de nuestro ser”, canta Rafael, en una de las canciones más emocionantes del disco, con un acompañamiento conmovedor, esa guitarra que pareciera sonar descarnada y el piano como si fuera de una orquesta de circo, tan vital, tan imprescindible.

En el comienzo, Berrio hace la canción “Dadme la vida que amo” –el segundo single, según nosotros-, como un ruego, como un llamado a Dios en el que no cree, pero también como algo de esperanza en un disco que no tiene precisamente esperanza.

“Me han dicho que mis canciones pueden llegar a ofrecer un cierto auxilio o consuelo a quien las escucha. Yo no llego a creérmelo del todo. Lo que sí he notado es que muchas veces una lectura devastadora de Cioran puede reconciliarte con el mundo. Esto es cierto. Es una paradoja, pero ocurre”, ha dicho en una entrevista a El País.

En estas 10 canciones, muchas de las cuales nos recuerdan musicalmente a esos cantautores rockeros de Norteamérica (¿Tal vez un Neil Young o un Bob Seger?), no hay que dejar de destacar “Tu nombre”, la única que no tiene letra de Rafael Berrio, sino de un Iñaki Berrio (¿su hijo?), donde la melancolía y el extrañar a alguien que se murió o la persona que falta en la cotidianeidad nos produce un escalofrío tierno, un cierto desdén triste con el que todos los humanos aprendemos a ser más humanos.

“Niño futuro”, el título que le da nombre al disco, tiene a Rafael Berrio recitando cosas como “hombres y dioses viven revueltos”, en una canción de comedia musical donde la ironía y la burla nos retratan con una perspicacia propia de un bufón de la Corte.

Un gran disco de Rafael Berrio, que recomendamos escuchar con mucha atención, porque es único y profundo, talentoso y sincero. No es poca cosa en la música que escuchamos hoy a diario.

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