Ray Bradbury

Ray Bradbury logró poetizar zonas y campos de fantasía que no habían sido tocados: Juan Villoro

Concluyó el encuentro Ray Bradbury en El Colegio Nacional, coordinado por Vicente Quirarte, integrante de la institución, en el que participaron José Antonio de la Peña, Pablo Rudomin, Luis Felipe Rodríguez y Juan Villoro, además de la periodista y escritora Gabriela Frías.

Ciudad de México, 22 de agosto (MaremotoM).- Cuando el desprecio al conocimiento sigue vigente y las redes sociales permiten el linchamiento anónimo, “se ataca a la crítica, se debilita a la cultura, se estigmatiza a la ciencia”, en palabras de Pablo Rudomin, integrante de El Colegio Nacional, la obra de Ray Bradbury adquiere mayor pertinencia, en gran parte porque esta situación también la vivió, como se refleja en Fahrenheit 451.

“La estrategia actual ya no es silenciar a los críticos y disidentes. Es el introducir ruido en las redes sociales, generar verdades alternativas, confundir a la gente de tal manera que les sea difícil, por no decir imposible, distinguir entre la verdad y la mentira”, advirtió el científico al participar en el encuentro Ray Bradbury en El Colegio Nacional, coordinado por Vicente Quirarte, para conmemorar el centenario  del natalicio del autor de títulos como Crónicas marcianas y El hombre ilustrado.

Encuentro Bradbury
Encuentro Bradbury en el Colegio Nacional. Foto: Cortesía

En una mesa transmitida en vivo a través de las plataformas digitales de El Colegio Nacional, el doctor Rudomin recordó que el rechazo al conocimiento no se dio únicamente en los estados totalitarios, también se dio en Estados Unidos, en los años 50 del siglo pasado, durante la guerra fría y el macartismo, cuando por temor al comunismo, la gente fue juzgada por sus ideas y sus simpatías”.

De esta manera como personalidades como Albert Einstein, Allen Ginsberg, Orson Welles, Charles Chaplin y muchos otros, sobre todo gente de Hollywood, fueron considerados como peligrosos e indeseables y lo mismo sufrió Bradbury, quien pasó su vida “cuestionando, preguntando y escribiendo libros”.

Ray Bradbury
Foto: Cortesía

“Sea mi presentación testimonio de su forma de ser y de pensar, en la que destaca su amor a la libertad, su rechazo al fascismo, al totalitarismo, a la ignorancia y a la injusticia social”, aseguró Pablo Rudomin, antes de mostrar una fotografía tomada en 1999, en la que el escritor estadunidense aparece al lado de un pequeño.

“En ese entonces, mi hijo Adrián vivía a dos cuadras de su casa, allá en Los Ángeles, y frecuentemente se encontraban mientras paseaban por las calles. No sé cómo, pero Bradbury terminó contándole cuentos e historias a Diego Rudomín, mi nieto, entonces de siete años de edad, cuando visitó su escuela: Diego lo recuerda vagamente, pero ahí está la foto de ese hombre de sensibilidad e imaginación, gran crítico de la sociedad en que vivimos”.

Juan Villoro coincidió en el profundo mensaje de Fahrenheit 451: “en una sociedad autoritaria siempre hay personas que se resisten y hay gente dispuesta a memorizar los libros y a encarnarlos para recitarlos por siempre: el gran profeta de la lucha para salvar los libros puede estar tranquilo: la obra se ha salvado del fuego, pero su historia arde en nuestra imaginación”.

“Se trata de una obra mucho más cotidiana y cercana a nosotros. Esta distopía no es algo que ocurra de manera remota, de ahí que uno de los errores de las adaptaciones cinematográficas ha sido la de crear un escenario futurista para algo que está muy cerca de nosotros”, enfatizó el también integrante de El Colegio Nacional.

En su participación, el narrador aseguró que, si bien Bradbury logró anticipar algunas cosas en sus historias, no necesariamente puso el acento en el optimismo científico y tecnológico que estaba muy en boga después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en los 50, cuando él empezó a publicar:

“Ray Bradbury nunca tuvo licencia para manejar y tomó su primer avión a los 62 años, algo que sorprende en una persona que imaginó viajes con derroteros muy lejanos: tenía una relación primitiva con la tecnología, porque pensaba que uno de nuestros grandes problemas es que lo que debe ser un medio, las herramientas, puedan convertirse en un fin que nos domina y nos paraliza..

Ray Bradbury
Foto: Cortesía

De ahí que se convirtiera en una de las primeras personas en alertar sobre el tecnopolio que podía dominar a la humanidad y convertir a los aparatos en prótesis que, lejos de servir a un fin utilitario, harían que la gente dependiera excesivamente de ellos.

Creo que la desconfianza que tuvo ante la tecnología le dio esa posibilidad de acercarse a futuros o pasados posibles con una enorme libertad: no fue esclavo de ningún rigorismo científico, sino que libremente fabuló al respecto: la literatura de Bradbury logró poetizar zonas y campos de la fantasía que no habían sido tocados”, señaló Juan Villoro, quien en su charla trajo a colación el prólogo que Jorge Luis Borges escribió para Crónicas marcianas.

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Antes, el astrónomo Luis Felipe Rodríguez, integrante de El Colegio Nacional, hizo una comparación entre Ray Bradbury y Arthur C. Clarke, el otro gran escritor de ciencia ficción de su tiempo, para hablar de la diversidad existente en este género que llamamos ciencia ficción: dos personas casi contemporáneas, que hasta tienen asteroides que llevan su nombre, pero que se diferencian por su rigor científico.

“Ambos son representantes de los dos extremos del abanico de la ciencia ficción: Bradbury es un representante de la ciencia ficción suave o blanda, mientras que para Clarke es muy importante que la ciencia que acompaña a una novela o un cuento sea lo más exacta posible, aunque para Bradbury eso no es importante: las máquinas del tiempo o posicionarse en el futuro son una excusa para que él refleje cómo reaccionan los seres humanos a estas nuevas condiciones”.

Ello se debe, en parte, a que tuvieron educaciones muy distintas: Bradbury fue una especie de autodidacta y un defensor de las bibliotecas; en contraste, Clarke sí tuvo una educación científica muy sólida: estudió matemáticas y física; inclusive, tiene un artículo técnico muy importante en el que se dio cuenta que, “si se colocaban satélites a cierta distancia de la Tierra, éstos completarían su órbita en 24 horas y, por lo tanto, vistos desde la Tierra, parecerían estar quietos en el cielo: se les llama satélites  geoestacionales”.

Ray Bradbury
Foto: Cortesía

“La mejor manera en que podemos homenajear a Bradbury y a toda esta pléyade de grandes escritores de ciencia ficción es leyendo su obra; todos ellos tienen cuentos breves, muy interesantes, que podemos leer en esta época en la que cuesta trabajo echarse una novela de mil páginas”.

El matemático José Antonio de la Peña fue más allá, al evocar a varios de los autores de ciencia ficción emblemáticos del siglo XX: Isaac Asimov, Philip K. Dick, por supuesto Clarke, pero también ofreció un recorrido por diferentes películas que se registran en ese género.

“Hay algo claro al hablar de ciencia ficción: no debe responder a la lógica de la vida real en sus alcances científicos actuales, pero sí debe crear sus propias normas de regulación, su propia lógica interna, que vuelva verosímil su relato”.

En ese sentido, el miembro de El Colegio Nacional recordó que Bradbury, uno de los más importantes escritores del género, ya había definido su relación: “cuando respeto las leyes científicas soy un escritor de ciencia ficción y cuando las olvido soy un escritor fantástico”.

“Los relatos de ciencia ficción se construyen en torno a una garantía científica, en tanto exploran los límites de lo posible, en un universo donde gobierna la ciencia y la tecnología; esta garantía habilita los mecanismos de verosimilitud que subyacen a una pregunta recurrente en la literatura del género: ¿qué pasaría sí?”

En un texto leído por su esposa, la doctora Nelia Tello, José Antonio de la Peña aseveró que en Fahrenheit 451, clasificada como novela filosófica, distópica y política, su autor ha dado interpretaciones desde el rol histórico que ha tenido la quema de libros para reprimir ideas disidentes, hasta sobre la forma en que los medios de comunicación reducen el interés en la literatura.

“La ciencia ficción miraba al futuro desde la óptica de su propio tiempo. Estos futuros alternativos suelen no coincidir con nuestro presente, pues son proyecciones de la época en que fueron pensadas”, si bien al mismo tiempo se mostró convencido de que la ciencia ficción va más allá de soñar en futuros posibles: “nos ofrece una ventana de las preocupaciones de los seres humanos de cada época”.

La escritora y periodista Gabriela Frías recuperó el diálogo que sostuvo con Sam Weller, a quien se considera el biógrafo más acucioso sobre la vida y la obra de Ray Bradbury, para compartir diferentes anécdotas de la amistad entre ambos personajes.

“En el año 2000, Sam decidió entrevistar a su héroe, por su cumpleaños 80. Quería plasmar la historia de un hombre autodidacta, que se convirtió en uno de los más grandes escritores de todos los tiempos”.

De aquella primera plática surgieron muchas otras, hasta tener el material suficiente para escribir una biografía, de la que Bradbury no estaba tan convencido en un principio, pero que permite asomarse a una vida tan interesante, que esa historia quedó plasmada en cinco libros, entre los que se encuentra The Bradbury Chronicles: The Life of Ray Bradbury.

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