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Recomendaciones de Impedimenta para el Día de la Madre

Maryse Condé o cuando la soledad dejó de ser compañía

Se nos ocurre que una de las mejores maneras de hacer lo es leyendo. Toca estos días agradecer a nuestras madres otra clase de paseos en los que también podemos acompañarlas, reír, ser felices aunque solo sea un momento.

Ciudad de México, 29 de abril (MaremotoM).- Hemos visto estos días cómo los hijos nos hemos convertido en los padres de nuestros padres. Les hemos pedido que no salgan ni para comprar el pan. Que no abran la puerta a los vecinos. Que no se quiten la mascarilla ni para salir al balcón. Hemos hecho nuestros sus desvelos y hemos comprendido sus preocupaciones y sus cuidados. Ya estábamos confinados el Día del Padre, y ahora llega el Día de la Madre  y queremos volver a celebrar el amor de verdad. El amor que estos días no podemos expresar con abrazos, pero sí con llamadas de teléfono y con las palabras más cariñosas que se nos ocurran. En un mes he­mos dicho más veces te quiero que en toda nuestra vida.

“Solo podemos aprender a amar amando”, escribió Iris Murdoch. Y Maryse Condé recuer­da en Corazón que ríe, corazón que llora, cómo trepó a la cama de su madre cuando era niña y la abrazó fuerte, fuerte, la llenó de besos”.

Se nos ocurre que una de las mejores maneras de hacer lo es leyendo. Toca estos días agradecer a nuestras madres otra clase de paseos en los que también podemos acompañarlas, reír, ser felices aunque solo sea un momento. Escribir de otra manera, leernos a nuestro modo: encontrémonos en los libros; charlemos con otras madres que, mucho antes que nosotros y nosotras, tejieron la red y el hilo que ahora permite que la cometa vuele alta y segura.

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El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac. Traducción de Marian Ochoa de Eribe

Plena de emoción y crudeza, Tatiana Ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones maternofiliales. Una poderosa novela que entrelaza la vida y la muerte en una apelación al amor y al perdón. Uno de los grandes descubrimientos de la literatura europea actual.

Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, Aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparición de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechazó? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, espoleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos.

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Corazón que ríe, corazón que llora, de Marysé Conde. Traducción de Martha Asunción Alonso

Profunda e ingenua, melancólica y ligera, Maryse Condé, la gran voz de las letras antillanas, explora con una honestidad conmovedora su infancia y su juventud. Un magistral ejercicio de autodescubrimiento que constituye una pieza clave de toda su producción literaria, que le ha valido el Premio Nobel Alternativo de Literatura 2018.

No es fácil vivir entre dos mundos, y la niña Maryse lo sabe. En casa, en la isla caribeña de Guadalupe, sus padres se niegan a hablar criollo y se enorgullecen de ser franceses de pura cepa, pero, cuando la familia visita París, la pequeña repara en cómo los blancos los miran por encima del hombro. Eternamente a caballo entre la lágrima y la sonrisa, entre lo bello y lo terrible, en palabras de Rilke, asistimos al relato de los primeros años de Condé, desde su nacimiento en pleno Mardi Gras, con los gritos de su madre confundiéndose con los tambores del carnaval, hasta el primer amor, el primer dolor, el descubrimiento de la propia negritud y de la propia feminidad, la toma de conciencia política, el surgimiento de la vocación literaria, la primera muerte. Estos son los recuerdos de una escritora que, muchos años después, echa la vista atrás y se zambulle en su pasado, buscando hacer las paces consigo misma y con sus orígenes.

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Papá se ha ido de caza, de Penélope Mortimer. Traducción de Alicia Frieyro

Una nueva y cáustica obra de la autora de El devorador de calabazas. Un clásico del feminismo inglés. Una novela sobre las expectativas de las «mujeres desesperadas» que se quedan en casa a regañadientes, lidiando con el matrimonio, el aborto, el aislamiento, en busca de la Nueva Mujer.

En el suburbio donde vive Ruth Whiting, las esposas se ajustan a un código de vestimenta, dirigen sus casas de una forma aburrida y prosaica, crían a sus hijos de la misma manera; todas prefieren el café al té, conducen, juegan al bridge, poseen al menos una joya valiosa y son moderadamente atractivas. Sin embargo, Ruth se está volviendo loca. O, para decirlo de un modo políticamente correcto, acaba de sufrir «un leve ataque de nervios». Aunque la realidad es mucho menos dulce. Ruth se está volviendo loca porque su vida la está matando y su enajenación se ve agravada por la indiferencia de todos los que la rodean. Y es entonces cuando ocurre lo inesperado: su hija universitaria se queda embarazada de un compañero que resulta ser un estúpido, y Ruth se ve obligada a enfrentarse a sus peores miedos.

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Un día en la vida de una mujer sonriente. Los relatos completos, de Margaret Drabble. Traducción de Miguel Ros González

Heredera de Jane Austen, Virginia Woolf, Iris Murdoch o Doris Lessing, Drabble mira con los ojos de las mujeres de sus relatos para poner en tela de juicio la realidad de su tiempo.

Esposas sin maridos. Madres y hermanas. Mujeres que se debaten entre la vocación artística y las exigencias familiares. Científicas que han decidido dejar de teñirse el pelo y de ir por la vida disculpándose por cada paso que dan. Amor no consumado, vanidad y soledad. El poderoso universo ficcional de Margaret Drabble se concentra en estos cuentos que abarcan cuatro décadas de producción literaria. Una madre trabajadora que puede con todo y acaba sus enloquecidos días con una sonrisa. Una prestigiosa investigadora que acaba de recibir el Nobel por el descubrimiento del «gen de la vanidad». Una mujer que suspira aliviada cuando muere su esposo, y una romántica empedernida que busca el amor en los trenes. Trece relatos, la totalidad de la producción de Drabble en este género, que constituyen una muestra exquisita de la capacidad de ironía, lirismo y amplitud discursiva de una de las narradoras británicas más importantes del siglo XX.

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Agua verde, cielo verde, de Mavis Gallant. Traducción de Miguel Ros González

Mavis Gallant despliega todo su talento en este testimonio whartoniano del descenso a los infiernos de dos mujeres unidas por una enfermiza relación maternofilial. El deslumbrante debut novelístico de una de las narradoras canadienses más reconocidas del siglo XX.

Flor McCarthy lleva una existencia que a muchos podría parecerles idílica. Después del traumático divorcio de su madre, que ya no puede soportar seguir viviendo en América, ambas emprenden un largo viaje por distintos países de Europa. Recalan en ciudades como Venecia, Cannes y París, pero el encanto es solo aparente. Abocadas al exilio, madre e hija dependen de la caridad de sus familiares y, oculta tras un velo de falso glamour, aparece frente a ellas la locura de un desarraigo marcado por la dependencia física y emocional. La vida de Flor se va transformando en una pesadilla expuesta ante las miradas de aquellos con quienes se encuentra a lo largo de los años, como su tímido primo George o los amigos ocasionales de su madre. Su búsqueda de protección aflora tras cada encuentro en una clara derivación de su necesidad de contar con un hogar al que regresar.

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